lunes, 13 de abril de 2020

Punta y tacón


Mandujano pasaba por hombre cabal. Cuando abrió la tienda tuvo la fortuna de vender zapatos de mujer de distintos modelos, que sus clientas no tardaron en coleccionar. Zapatos altos, abiertos, con correa, con tacón bajo, de descanso, de coctel, de inhumación, casual y deportivo. No había lugar para el desánimo. Quién entraba salía con una o dos cajas de zapatos.
Mandujano la vio venir. Cruzó la calle con esa falda volandera. Paso firme con ese caminar elegante apoyando el tacón y punta como si una musiquita le tocara por dentro. A cada paso el ritmo subía por las pantorrillas hasta las caderas. Se detuvo en el aparador. Dudó. Señalo un par de zapatos de satín rojo. Número 25 le ordenó desdeñosa. Mandujano  solícito le trajo tres pares del número veinticinco, veinticinco y medio y veintiséis. 
Ella se probó el veinticinco. Me los llevo puestos, le dijo. Pagó en efectivo. Al salir Mandujano la siguió con la mirada. Se enredó en ella pisada a pisada. La vio dar vuelta a la izquierda. Imaginó entonces que la seguía, la rosaba, le invitaba, la besaba. Ella indiferente, seguía excitada caminando con sus nuevos zapatos.   

domingo, 12 de abril de 2020

Dos kits a la suerte






Al abrir el frigorífico, ¡horror! había desaparecido el melón. Tanta ilusión.Tanta rebanada contenida. Eso me pasa por desatender mi territorio. El único lugar en que yo confiaba. Consumidor inteligente de energía, con pantalla digital y cubitos de hielo al instante. Ha sido un vil engaño. Los vendedores me aseguraron uno, que era un melón de confianza que no se iría con cualquiera y dos, que era un frigorífico de última generación con alarma y GPS para posibles hurtos.
No cabe duda que el mundo está de cabeza. Desconfío hasta de la sandía que hasta donde yo sé, se baña en amargura.

sábado, 11 de abril de 2020

Día de asueto


Todos llegaron a la fiesta. Un largo rato las caras sonrientes quebraron sus candados para entenderse y bailar muy pegados con obscena y momentánea voluntad cartesiana. Tocar es existir al mismo tiempo. Después, cada uno en casa se sacrifica, se beatifica de olvido para continuar el día a día rutinario. Entretanto, sus cuerpos tullidos de oficina se darán danzantes, se calzarán con la vigencia de la música, fajando en el ritmo vencedor con el de alado. 
Todos llegaron a la fiesta. Emocionados se pasearon. Se acariciaron por los corredores. Fue en agosto. Cuando éramos libres.

jueves, 9 de abril de 2020

"Los Olores"


El primer día de luna llena del mes de enero colocaron la primera piedra. Trazaron un cuadrilátero con lineas blancas y comenzaron a levantar las paredes.

- Quedará bonita tu futura casa, Matias.
- Ya es mi casa, Jonás. Para mí, para esposa e hija.
- Una casa sin techo todavía no es casa. 
- ¿Cómo que no es casa?
- Sin techo no hay resguardo, estás a la intemperie. Tienes que tapar al cielo para no sentirte vulnerable. 
- No acredito en eso.
- ¿Te opones a la tradición? Recuerdas la historia de mi abuelo, por tardarse en construir el techo un día se lo llevó el espíritu de Parente.
- No tengo dinero para contratar a más gente.
- Por eso no te apures yo te ayudo y mis primos que viven en “Los Ocres”.

En seis meses Jonás, Matías y los primos terminaron la casa con todo y techo. Construyeron dos chimeneas inclinadas para evitar que el espíritu de Parente pudiera entrar cuando la luna estuviera en un ángulo ideal para iluminar la entrada. Así, confundido e indeciso como era, nunca entraría al no saber si la derecha es mejor que la izquierda.
Matías en agradecimiento a la ayuda prestada por los primos de “Los Ocres” frente a su casa sembró hierbas aromáticas.
Todos los habitantes de “Los Ocres” el primer día de luna llena del mes de enero llegan a la casa de Matías a olfatear todo el día los aromas perdidos.
Desde entonces al poblado donde se ubica la casa de Matías se le conoce como “Los Olores”.

miércoles, 8 de abril de 2020

Parente es alma


Hecha de menos el cuerpo que tenía. Por los calores de abril cayó en el estanque. Las aguas tibias lo adormecieron, por eso Parente, no sintió que su alma abandonaba su cuerpo. Ciega de contento vagabundeo por los alrededores como un pájaro sin nido. Al poco tiempo se cansó y quiso volver a su cuerpo que se pudría en el estanque. Desconcertado picotea, rasca el corazón, sopla en los pulmones. Nada. Su cuerpo inmóvil no recordaba su antigua agilidad. Parente, desencantado y con desgana se asumió como alma en pena, esperando entrar en el cuerpo de cualquier tonto que pasase por el estanque. Con el tiempo la ira contenida la trocó por la guasa. Cuando un animal o persona se acercaba al estanque con su largo pico les tocaba en el lomo o la cabeza. El pavor los hacía correr desamparados. 
Patente se sentía vivo y así logró calmar esa añoranza por su cuerpo.
Acontece.


martes, 7 de abril de 2020

Leopoldo un fragmento.



Leopoldo, como todo el mundo nació fragmentado. Una parte de padre otra de madre, la tercera sus antepasados y la cuarta que era la suya, estaba enmohecida y oscura. Sus tardes sumisas y devotas fueron de noviazgo. A fuerza de amar se le murió el nadie, ese otro nombre que tenemos debajo del colchón. Leopoldo se soñaba hombre, soñaba un rostro con bigote o con barba. Se veía espigado, varonil sin saber que significaba la palabra. De frente amplia y paso incierto dicen que pasó su infancia en “Los Ocres” y se envolvió en el cariño de Tamara. No sabía que esa fórmula de amor sólo es pasajera y no deja huella ni destino.
Leopoldo es un ser fragmentado y sus desengaños acaban con su días. No valen los zodiacos, ni el romero que alcanzó a oler cuando Tamara le dio el abrazo. 
Leopoldo como todos nosotros, intenta unir sus pedazos en esta tierra fría e indiferente. 
Quién conoció a Tamara, no revive, nunca vuelve a unir sus partes. Advierto.

lunes, 6 de abril de 2020

"Los Ocres"


Los braceros estaban encendidos, por eso la ciudad quedó entre bruma y con el olor curtido entre sus paredes. EL olor penetrante pululaba por sus calles. Olor que era la suma de las las yerbas consumidas. La ciudad tiene memoria del tomillo, mirra, epazote, laurel, mejorana y albahaca. No se sabe porqué un ocre color se asentó en la ciudad. Los habitantes ya con el rostro cobrizo no se incomodaban que desde entonces les llamaran: “Los ocres”. 
Tamara, vivía en el límite de la ciudad. Su figura rebelde por la noche caminaba por las calles de “Los Ocres” levantado amores de hombres despreciados por sus esposas. Ellas le insultaban. Tamara las miraba y se levantaba el faldón para mostrarles su torneadas nalgas. Cuando se enteraron que estaba embarazada arrojaron piedras y fruta podrida. Tamara, no perdió la calma. Respiro hondo en busca del olor de la albahaca y cruzó el río para resguardarse en un tejaban abandonado. 
Cuando llegaron los dolores, sola y sin saber que hacer grito, lloró y arañó hasta que sintió, primero agua y después un cuerpecito que nunca llegó a respirar.
Tamara nunca regresó a la “Los Ocres” y en venganza sólo dejó la bruma y el color. El tomillo, la mirra, el epazote, el laurel, la mejorana y la albahaca se los llevó todos en una gran e inspiradora bocanada.
Es por eso que hoy la ciudad de “Los Ocres” no huele a nada.

domingo, 5 de abril de 2020

Carismático


Carismático tenía la barba partida, un poco paliabierto, bocinero y con un temperamento Victorino. No se dejaba engañar y comía terreno. Por el lado derecho se embragetaba que daba horror. Era noble y tenía buena reata. Trotaba con elegancia y era pronto. Bravo metía la cabeza con entrega. Era natural que se le tenía que consentir sin mandarlo de más. Llevarlo de aquí hasta allá.
No todos son capaces de lidiar semejante tío. No sólo temple y valor sino esa cadencia, ese ritmo que sólo Gerardo Diego conocía se necesita. Por eso Carismático me lo traje a casa para cuando lo vea sienta que la suerte se torea por seguidillas entre el sol y la arena.

viernes, 3 de abril de 2020

Puñado de sal


Se recuerda que el silencio crecía junto al viento. Era marzo y los botes se mecían como peces vivos sobre el lomo del mar. El capitán Guzmán, orgulloso de tempestades libradas por su estrella grande y buena, navegaba con ojos que brillaban sobre la niebla. De negro y sombrío humor sabía del astrolabio y de las bendiciones de la estrella polar. Se recuerda que la luz se torció maléfica y todo fue un réquiem furioso. Se fueron por la borda sus hazañas, los maderos del velamen flotaron por el agua y se calcinaron la ropas al sol. Se recuerda que por un momento el mar se detuvo para rescatar su cuerpo. No hubo gaviotas revoloteando ni luto en el malecón. 
Oscuro capitán Guzmán la luna te recuerda como el puñado de sal que siempre fuiste.

jueves, 2 de abril de 2020

Bajo mesa


Nadie pregunta lo que hay debajo de la mesa. Se olvidan que los jugos gástricos se quedan en la parte baja del cuerpo.
Ya lo decía mi tía Consuelo: “detrás del paladar se encuentra la vida”. Lo admito siempre y cuando una taza de café me acompañe en sobremesa. 
“La soledad del hogar se encuentra en la despensa” dijo un día mi padre. Lo admito sin reservas. 
"Si hay algo de comestible tiene que ser en compañía", aseveró mi madre cuando anciana y ella sabía de la voluptuosidad de los sabores.
A la misma hora se esconden los placeres debajo de la mesa, desde niño lo sé, por eso no salgo de ella aunque me ofrezcan otras viandas. 

miércoles, 1 de abril de 2020

Abril

Y después, de lo más hondo de nuestra casa, con algunos insomnios y una desesperanza por frente llega abril con la barba crecida, con la ferocidad de su floración, con el abandono del bullicio.
Como consuelo, el antídoto del silencio en su rebelión, creciendo para la próxima alba.

martes, 31 de marzo de 2020

Bebe incomprendido


Una enorme pedrada estuvo a punto de darle fin. No sabían que no era ratón, había un vacío en las manos que apedreaba. No es lagartija, amigos, ni tampoco cocodrilo; ni tampoco vino del desierto. Es un dinosaurio bebe, con apenas meses, no sabe defenderse, sus 48 colmillos son de leche. 
Hace mucho tiempo creció como broma de niños ilustres. Nació como una víspera, su destino tuvo gloria, epopeyas triunfales en los castillos, estandartes lujosos con sus figura. Ese tiempo ha pasado. Les ruego que no avienten piedras. No se burlen, que no es ratón ni cocodrilo, es sólo un bebe de dinosaurio que se extravió al abrir el libro de las adivinaciones.

lunes, 30 de marzo de 2020

Embocadura


Cruzar la reja para desandar la partida sigue siendo la mejor manera de vivir el pan de la franca vitalidad de la llegada. Hay por lo regular dos entradas, una para el huésped que nos habita y una segunda, la del vividor que sale errante para desgastar los zapatos y preguntarse luego con la linternilla del asombro si la tristeza ha salido por la misma puerta.
Así prosa la informe duda cuando en las márgenes hay un piadoso olor de hierba machacada. A veces cruzar la puerta turba
el cuerpo teórico de los recuerdos y es inconsolable el rumor que baja de los árboles. Se necesita valor para salvar la entrada.

Fotografía: Guimarães, Portugal.

domingo, 29 de marzo de 2020

Bajo el mar


Fornicar en agua marina es cosa de delfín o tal vez de lagarto o de lombriz. El ano en el jardín del amor se convierte en libre caballito marino hocico abierto. Revientan las algas y como espantajos las estrellas marinas les baja la tempestad y un Capricornio cojonea por el embudo del coral y los que cantan se ahogan como sirenas infértiles. Corren las corrientes mortales de besos con sal. Amar con el cornetín azul y el tridente con toda su comitiva de rémoras mortales. Rodantes y letales los cuernos sexuales se pegan en las branquias de los peces bola. El piropo marino lúbrico, mortal, rabudo trompetea, derrama el semen por el ojo. Algunas barcas predican con sus calderas encendidas y sus orinales dispuestos afirman que el espanto del amor es submarino.
Pongámonos el traje de neopreno y bajemos al mar para beber y danzar y si es posible montar en el erizo. 

sábado, 28 de marzo de 2020

Un hombre útil


La dignidad es silenciosa. Transpira tardes blancas de franela de un mayo de ventanal. Aquella tarde se partió la ciudad en dos. Lo amargo y lo dulce quedó deformado en la avenida Principal. Tenía una causa, por eso dejó su ciudad. Una causa es importante se decía. Él creía que el universo lo llevaba a su espalda junto a la brea, la justicia y ese afán de ser hombre útil. Esa causa le dejó exhausto, crispado y un hereje sabor a café. Fue sujeto de sí mismo hasta la última tristeza. Que más da. Hay tantas causas, tantas quejas que ya sobran. Por eso la dignidad es silenciosa, llana, como ese velador que monta guardia al rededor de su mesita hasta que suena el timbre para volver a casa. 

viernes, 27 de marzo de 2020

Dos palmeras


A los doce años cumplidos se matriculó como vividor desalentado de la palmera. Como los miles de estudiantes que se inscriben para huir a los pocos meses y encontrar un empleo simple, monótono, pero con tiempo libre para tirarse en la arena caliente, así le sucedió a Román. Se instaló en su palmera como un pájaro salvaje. Nada mudo en él a pesar de que en el año de las fiestas de San Aníbal, llegaron las muchachas con el pelo recogido y falda rebullera. Exigente y celoso no sucumbió a los ojos de Otilia, ni a sus dedos finos ni a su candente voz de ternura. Román, guardó silencio y se dejó dominar por la sombra de su palmera. Fue entonces que consideró viajar a Europa, se quiso despedir pero no encontró a nadie. Huérfano de propósito, violado de padre y encelado de madre, compró su billete de barco para París. Le preguntaron si sabía hablar francés, dijo que no. Perdió el billete y se puso a estudiar francés, hasta que conoció a Elizabeth, mulata de Santiago de Chuco. Olvidó París y al aguacero y ahora se dejan ver dos palmeras meciéndose con todo su cariño.
Así es la compañía, dicen.

jueves, 26 de marzo de 2020

Septuagésima octava columna


Algunas columnas manifiestan el sincretismo desde sus cimientos. 

Fotografía: Iglesia de San Pedro de Tiahuanaco, La Paz, Bolivia.

miércoles, 25 de marzo de 2020

El Señor T


El señor T tiene el gesto oclusivo sordo. Arrastra en su saco rojo las cenizas del vocabulario que usaba cuando en el Liceo estudiaba la axiología de la dignidad de las frases iniciadas con la T. Apreciador del coñac y de las camisas de lino, le dolía ver a su hermana llorar por una S mal vestida. Se dolía pero no podía intervenir, cada quien tiene su alfabeto y no se puede borrar de la noche a la mañana. 
Traigo a cuenta al Señor T porque hoy, al mirar mi sombrero colgado y al gato estirarse con esa hereje complacencia en la cocina, porque comprendo con esfuerzo que las letras iniciales marcan el temperamento. Él sabe que el afecto que le tengo tiene una U que lo abraza, no importa que el Señor T tenga la boca hinchada de tanta tontería.
Quién soy yo para entrometerme si soy una Ñ revolcada en un salsa de sonidos.

lunes, 23 de marzo de 2020

En ayuno

Ellos son testigos de esa araña enorme que anda convencida que sus innumerables patas tienen el consuelo de los caminos. Viajeros contumaces salían indistintamente de sus heredades. Honrados miraban el sol con nostalgia. Sus nombres: Nicolás, Conrado, Martín, Eustaquio y Fernando. Quedaron en los huesos, sus lineas les dieron la intuición del martirio. No se dolían. No eran hombres malos. Pioneros sí de la migraña del caminante, ese dolor de andar sin brújula, al encuentro virgen de las cosas. Se conocieron en el pavimento, a la hora del hambre, decir la fecha es decir siempre. No era tristeza lo suyo. Era buscar el lugar soñado, donde la cebolla no provoca lágrimas, ni el ajo mal aliento. Quieren sacudir su persona, tener dicha. Les urge encontrar, bañarse. Dan ganas de ayudarles, darles un vaso de agua, un corazón bueno o un cuchillo para que dejaran de buscar.
Se conocieron hace tiempo, en los tiempos locos. Dan ganas de acompañarlos después del desayuno.

sábado, 21 de marzo de 2020

Octogésima segunda lección


Todo encierro es una manera de encuadre.
Percibir esta realidad nos libera.

Fotografía: Desde Retoría, Porto, Portugal.