martes, 26 de abril de 2011

Aniversario vs Olvido

Antojadizos amigos y amigas, caramelos y bonitas, que la dicha es mucha y la rechifla tumultuosa, que a este abarrotero por andar preocupado con los pagarés, las letras de cambio y de recambio, los lingotes de dudas, las cajas de perecederos e imperecederos y las imprecaciones e importaciones varias, se le ha olvidado que este Antojo cumplió el 24 de abril tres años de haber levantado la cortina.


Sepan que están invitados al recalentado. Qué pero le ponen a una paella extravagante con trocitos de embutido con carne de búfalo y con el indiscutible azafrán, que por estos lados es casi la joya de la corona, ya que por estos lares una bolsita de sólo 1.7 gramos cuesta la módica cantidad de 16 dólares. ¿Se les antoja? No duden, que Descartes calla cuando se trata de festejos. Para acompañar, de nuestra cava esencial, tenemos un vinillo de las Californias que no demerita la intensión del brindis.


No hay olvido que no pueda ser rescatado en un rapto oblicuo y sistemático, por eso y por otras cosas más, les ofrezco disculpas y sepan de viva voz, salido de lo más profundo de mi pecho lampiño, mi avidez por agradecerles su buena disposición, su buen humor y su lectura generosa y critica a lo largo de este trienio que espera llegar al sexenio con un poco de ingenio.


Gracias por el ayer y el hoy.


Abrazos sin olvidos, que así es el Abarrote.
Sergio Astorga


Acuarela/papel 20 x 30 cm.

jueves, 14 de abril de 2011

Tres Tizas

Interrumpimos el silencio en estos días en que el Abarrote cambia del estado gaseoso al estado insólito para compartir con toda mi estimable y platicadora clientela mi orgullosa participación en la sección Te cedo la palabra del blog Tres Tizas; donde cinco profesores de Lengua Castellana trabajan en diferentes centros educativos que se reúnen para compartir, reflexionar sobre temas educativos. Uno de estos profesores, Aster Navas del Foro la Nieve, de todos conocido, me ha cedido la palabra gentil y valeroso. Los invito a que me concedan un poco de su tiempo y visiten picando aquí de nuevo si no lo han hecho..

Por cierto, es curioso, la palabra tiza tiene su origen etimológico en el náhuatl tizatl: tizne ‘ceniza’ y atl ‘agua’, este origen es prácticamente desconocido ya que es más común usar en México la palabra gis. Queda hecha la invitación y pónganle tiza a su taco de billar para realizar una carambola de tres bandas.

Con las gracias a flor de sonrisa.

Así es el abarrote. Sergio Astorga

Dibujo en computadora, ni modo.

jueves, 31 de marzo de 2011

El Señor Oros III

DE COMO EL SEÑOR OROS TUVO UN ENCUENTRO INESPERADO, LO QUE SUCITO ESE ENCUENTRO Y LA INTEMPESTIVA SENSACION DE REGRESAR A DONDE NO SE QUERÍA.

Al segundo timbrazo el Señor Oros, dejó que la mecha de la melancolía se rebanara sin dejar rastro y al clamor del ring ring llegó a la puerta.

-Buenos días- le espetó una voz enganchada a un rostro de mediana edad acostumbrada a recibir los malos humores cuando se abría una puerta. -Buenos- respondió el Señor Oros más por rutina educada que por convicción anímica.

-Le venimos ofreciendo el nuevo Diccionario idiomático del español…

-Pare, pare, no estoy interesado. Gracias.

-Permítame mostrarle los beneficios de poseer un Diccionario en casa.

-Gracias, pero no.

-Espere… espere. ¿No es usted el Señor Oros?

-Soy.

¿No me reconoces? … Fabricio Morales… fuimos compañeros en la Secretaria de Desarrollo.

-¿Fabricio Morales?... eso fue hace más de diez años.

-Catorce cabalmente.

-Pasa- invitó el Señor Oros escudriñando en su memoria esos tiempos ya empolvados por el deseo de olvidarlos. - ¿Quieres un café?... Toma asiento.

-Gracias. Nunca pensé volverte a ver. Prácticamente desapareciste, nadie en la oficina sabía qué te había pasado, te fuiste como las chachas; ni un adiós. Te buscamos, eras querido ¿lo sabias? No es reproche, sólo quiero decirte que todos te extrañamos. Con dos tazas de café, el Señor Oros mostraba una sonrisa mecánica y con la mirada trataba de refugiarse en el librero buscando angustiosamente El Miedo a la libertad de Erich Fromm. Al encontrar el lomo amarillo con una cinta anaranjada de editorial Paidós, recobró el resuello y con su habitual firmeza contestó

-Me fui porque ya no estaba a gusto y me chocan las despedidas, es mejor irse y cortar la estela. - No te voy a contradecir pero…

-Desde que murió Luz, ya sólo vivo para mí. Si lo puedes entender, bienvenido.

-Lo entiendo. Lo entiendo.

Sergio Astorga

tinta /papel 20 x 30 cm.

jueves, 24 de marzo de 2011

El Señor Oros II

DE COMO EL SEÑOR OROS SE SUMERGE ENTRE SUS LIBROS, LAS CAVILACIONES QUE LE PROVOCAN Y EL ABRUPTO DESPERTAR PROVOCADO POR UN INSULSO TIMBRE.

Complacido y sin esfuerzo, el Señor Oros a veces se quedaba como objeto de pensamiento, como si lo que es, una persona que encabeza su cuerpo, sólo fuera apenas una proyección, un proemio emocionado de un canto a sí mismo. Una simple taza de café y un pan con mermelada producían, el ya tan conocido efecto de introspección a la infancia que era recobrada de un tiempo ya perdido. Tal vez por ser café y no té, el efecto que debía haberse prolongado se truncó y el Señor Oros, extemporáneo, se dirigió a su librero a verse entre ellos, los libros, para raspar en su retentiva esa edición de la Colección Austral de Espasa Calpe, El Criterio de Jaime Balmes, pero cuál no sería su sorpresa que en su búsqueda redescubrió de la misma editorial a su tan apreciado Robert Burton y su Anatomía de la Melancolía. Cambió de criterio y tomó con melancolía ese pequeño y marrón librito que tanto le sugestionó de adolecente cuando iba a la librería Parroquial, por los rumbos de Clavería y transitaba largas horas en sus tres pisos repletos de libros repasando y escondiendo los libros en diferentes estantes para evitar que otras manos pudieran llevárselos y él pudiera regresar al día siguiente para comprarlos. Te acuerdas la turbación que sentiste cuando viste el libro de Burton, cambiaste de opinión como cambiaste hoy, y devolviste el libro de Ortega ¿Qué es filosofía? Y regresaste a casa leyendo ávido, caminando sin importarte que varios coches estuvieran a punto de arrebatarte tu interés. Como en aquellas épocas el Señor Oros se sumió de nuevo en sus pensamientos. Es mi casa, se dijo, este mapa mental es el pan, es mi casa, cuando pienso en lo que soy, sufro de esta bilis amarilla y me resbala el alma y cae a la consciencia que es lo peor, porque entre cientos de bocas que hablan, ninguna se parece a la mía. Porque aunque esta camisa es mía y me lavo lo que ensucio y cabeceo sin salir del sueño, sigo sin encontrar el botón que me reafirme. Es verdad guardo los días y aunque la tierra navegue a 30 km/s al rededor del sol sigo siendo yo y mi librero. Y me viene a la cabeza ese bulto de ser la bilis negra. Si hablo conmigo es porque mi lado izquierdo se incomoda. No lo sé. Cuando siento que no hay días que guardar, regreso a mi oficio de hombre extraviado. Mi cuerpo es un combustible.
Sentado en un sillón con el libro sobre las rodillas el Señor Oros, se dejaba llevar por sus habituales combustiones olvidando que el timbre sonaba brioso y a pelo. Adolorido, duda, no reconoce los sonidos, imaginando que la melancolía suena alta.
Sergio Astorga

Tinta papel 20 x 30 cm

martes, 22 de marzo de 2011

El Señor Oros

DE COMO ES PRESENTADO EL SEÑOR OROS EN UN DIA CUALQUIERA, DE COMO SE SEÑALAN ALGUNOS RAZGOS DE SU TEMPERAMENTO, SU SALIDA AL BANCO, SU REGRESO, Y LO QUE SUCEDIÓ EN ESTA PRIMERA ENTREGA.

Hombre espontaneo de cráneo duro y sereno, el Señor Oros nunca permitió que sus manías afectaran sus más aferradas convicciones y si alguna vez se quejó, de inmediato acomodó sus quejumbres como se acomodan los platos en la alacena. Inocente aún a pesar de sus edenes manirrotos, creía que sus lecturas de infancia podían salvarle de cada situación de atropello, pasmo y embeleso que el mundo le brindaba. Atesoraba la edición de Sopena del Sí de las niñas, de Moratín, joya indispensable en su cómoda nocturna; desde su adolescencia no lo había vuelto a leer, pero evocaba la pálida ceniza de un sí, nunca dicho y siempre esperado. Menos inquietud le causaba su Dickens, La Historia de dos Ciudades, aplacaban sus cosmopolitas afectaciones. Pero su verdadero tesoro era la edición de 1942 de Editorial Sopena, El Anticuario de Walter Scott, en ese libro depositaba su punzante deseo de identidad, pero a decir de sus amigos, más que devoción al libro le entretenía el misticismo que según él, envolvía el concepto de guardar. Viudo por convicción, vivía calmoso como si su propio día a día fuese un epistolario venerable.
El Señor Oros tiene los pómulos recios, bien definidos, sin amargura en la frente y una voz firme, como de maternidad tibia y creciente. Si no fuera porque un tedio lánguido se presentó de improviso entre sus hábitos no sabríamos de su existencia. La fatiga de su traje, de un negro oscilante, tuvo que soportar otra puesta y enfrentar las miradas licenciosas del gerente del banco, que sin entusiasmo, le informaba de nueva cuenta que su dinero no recibía mengua y que gozaba de un buen capital. Ese día tuvo la impresión de que sus ahorros se secaban como el véspero por su ventana. Conciliado el sobresalto regresó a su casa con ese paso urgente del que ha salido aquejado más por la duda que por la necesidad. Buscó sus llaves en su bolsillo; metió la llave en la cerradura y empujo con todas sus fuerzas con la mano izquierda al enmohecido zaguán. No le gustaba alterar sus planes, y esa salida al banco, retrasó la preparación de su café con leche, pan tostado, mantequilla y mermelada de fresa, los lunes, miércoles y viernes y de piña los martes y jueves; sábados y domingos desayunaba fuera de casa. Reconquistada su autoconfianza volvió a sentir su cálida vida discurrir. Se miró al espejo, una imagen confidente le respondió fluctuante entre la bruma del invierno de su edad y el brote afectuoso de su indiferencia. Entornó los parpados y buscó los lomos de sus libros que en hilera repasaban las horas de silenciosa lectura. Hoy como nunca- se dijo, será venerable prolongar mis lecturas. Bebió su café y untó la mantequilla y mermelada como se escucha esa íntima aria fratricida.

Sergio Astorga
Tinta/papel 30 x 45 cm.

jueves, 24 de febrero de 2011

La chorreada

Manaba el cielo descorazonado y los destinos del vuelo ya no eran de platino. El tedio se embarraba de brea. La melancolía en majada buscaba enterrar su pico en otro nido y el timón del ala escrutaba descampar al tiempo en alta voz.
Es tremendo lo que se raspa en el mapa porque la cucharita de jarabe no alivia. Quince años estuvo esperando hacer lo que quería. Y hoy que es domingo, el seso de pájaro se le viene a la memoria y recuerda que es de altura su propósito.
En la puerta de la casa se despidió un día y el corazón de huevo en vela se quebró por siempre. Yo no sé cómo acomodar su trenza pluma o remendar la urgencia próxima. Yo sólo quiero pedirte si lo miras, que le digas que sigue chorreada su imagen en la pared provecta, esa donde estuvo clavado el clavo de su jaula.
Sergio Astorga

Acuarela/papel 20 x 30 cm.

martes, 15 de febrero de 2011

Rugosidades

Estas rugosa en mi recuerdo, y como la espalda del rio, muchas rocas limitan tus orillas. Reflejas la disciplina solar en tu quemada piel. Los riscos que te forman petrifican mi aliento y unos minutos después, estás húmeda ante mis ojos y un nuevo incendio devasta los pocos infinitos frescos.
A veces me siento montaña y en la hoguera esencial parece que soy astro. El puñal desaparece. El insecto que se esconde entre tus piernas corre rápido a beber su espacio. Las piedras se frotan como si fueran noche y amanece por fuerza de los besos sacrificados.
Encintado en tu pedernal me cuezo y me hago hombre y un nuevo alfabeto afina mi garganta. Me baño bajo el cielo del norte y me desparramo solitario. Dichoso me devoro en tus imágenes. Hazme más tuyo dije, arde, cae en mí, incendia mis ojos, hazme piedra lunar. Dame tu collar de piedras preciosas. Párteme en dos para ser la dualidad como el señor maguey.
Sé que me cubre tu jardín de piedra, que me sabe a polvo el pulque y la huella de tus pisadas quedan petrificadas en mi frente. Soy el fruto de tu rojo vivo y de la amarilla rota luz del pensamiento. Sólo la chispa del amor turquesa tiene el sueño. Sólo la chispa del amor se agrava por tu nombre.
Sergio Astorga

Acrílico/tela 60 x 80 cm

jueves, 10 de febrero de 2011

Variaciones Goldberg 2

Para Juan Paz Robledo

El Abarrote es parido por mujer, todo mundo los sabe, no es un secreto, y cuando una Condesa se digna cruzar el dintel de este Abarrote y dispensar con su sensibilidad una lectura de Temporal tan evocadora, delicada y sensible, no me queda más que bailar ese tango (A.Schnittke (1934-1998). Tango. Agony (suite para concerto). Orquesta Sinfónica de la Radio y la Televisión de Berlín. Dir.: Frank Strobel. CPO, 1990.) que me ha regalado y que me enajena. Yo que soy un piantao, un abarrotero de origen incierto, de marebaje formado, quedo en fascinación inquebrantable ante un acto tan creativo.
Si, señoras y señores, estoy hablando de la Condesa Freia, tan conocida en las altas esferas de la blogosfera y que ha realizado, es más propio decir, ha tejido una pieza de sinestesia digna de ser contada y visitada y, si a ustedes se les antoja bailarla.

Los que no han tenido la fortuna de conocer a la Condesa Freia, es el momento para hacerlo, van a quedar embelesados, como yo lo estoy desde hace mucho tiempo. Pueden comenzar con la evocativa pieza de la lectura que ha hecho de Temporal (libro de batalla abarrotera) y a su vez escuchar la música seleccionada en Variaciones Goldberg 2 (presione aquí)

Si hay un dos es que hubo un uno y si quieren seguir disfrutando de la espléndida casa de la Condesa pueden visitar también la pionera Variaciones Goldberg créanme que llenarán su espíritu (todavía podemos hablar de esta palabra sustancial) de grandeza sonora y delicados aromas de varia intensión.

Quedan convidados y disfruten, que el mundo es una tómbola que se mueve.



Así es El Abarrote.
Sergio Astorga




Acuarela/papel 15 x 30 cm cm.

lunes, 7 de febrero de 2011

Carmen Aristegui

A toda mi estimable y respetada clientela:
Este Abarrote no puede estar tranquilo con la cortina levantada mientras se fragua la represión informativa. Este Abarrote eleva, cuelga, difunde su protesta por el atentado represor a la periodista Carmen Aristegui que ha demostrado una actitud ética y unos tamaños que empequeñecen aún más a los detentadores del poder. La democracia por desgracia vuelve a estar de luto.
Sergio Astorga

domingo, 30 de enero de 2011

Arca dos

Los sobrevivientes de aquella primera Arca, con el estómago repleto, se mataron de amor o de rabia para el regocijo de los espectadores que pagan por evento.
Sergio Astorga
Acuarela/papel 20 x 30 cm.

miércoles, 26 de enero de 2011

Aldea de las letras

Mi estimable clientela, como ustedes saben este Abarrote no tiene sucursales y por ese motivo, todo lo que llega y sale de su perímetro virtual es contado y recalentado, posiblemente hasta la impaciencia de sus virtuales visitantes, pero a sabiendas de los inconvenientes que esto les pueda ocasionar y con su permiso, este Abarrote tiene la alegría de informarles que María Eugenia Mendoza Arrubarrena, periodista, guionista, locutora, escritora y mexicanísima y, por si esto no bastara para apreciar su real existencia, es creadora del blog Aldea de las Letras y La sobremesa de María, pues les digo que María Eugenia tuvo la gentileza de escribir un artículo para la revista virtual suite 101. Net sobre el libro Temporal de todos ya conocido. Si ustedes quisieran acompañarme en su lectura aquí les dejo el enlace, aquí aquí aquí.

No quiero influenciar en sus opiniones, el Abarrote tiene la consigna de sólo intentar ofrecerles productos de calidad en sus estanterías sin tratar de influir en sus antojos, pero me parece oportuno señalar que mi estancia en el mundo virtual ya está siendo más trascendente que la terrenal. ¿Será tal vez, señal de la existencia de la antimateria? ¿Seré un buen holograma? La vida y sus formas de manifestarse mudan. ¿Ya estamos en el cambio?

Recuerden que: “En el mundo virtual hay un Temporal”.

Gracias María Eugenia.
Así es el Abarrote.
Sergio Astorga

Acuarela7papel 20 x 35 cm.

lunes, 17 de enero de 2011

Gemma Malabar

El Abarrote se engalana una vez más ahora con la agilidad, viveza y vértigo de Gemma Pellicer de Sueños en la memoria, que ha tenido la gentileza y reto literario, muy propio de su arrojo, para realizar un malabar con un poema del libro Temporal, ya de toda la estimable clientela conocido. Los invito a conocer semejante gesta y que puedan disfrutar y comprobar a toda memoria todos los resquicios de un malabar.

Un juego malabar es un rapto de sentidos y sin sentidos que se arrojan al aire y que componen piruetas sutiles de significados múltiples. Tienen un origen de despegue y una llegada siempre imprevista y novedosa.

Vayamos a jugar el malabar de un poema temporal.
Sergio Astorga
Acuarela /papel 28 x 56 cm

miércoles, 12 de enero de 2011

En tu noche

Tú estás montada en tu noche. No habrá que acomodar la almohada para buscar con tus manos en la oscuridad ese nombre de hombre que sabe a almizcle. Eras plena, no había sitio para otro cuerpo. Sabes que te quedaron noches por delante. Tu cintura habla de ti y de lo que resguardas. Sabes que ya no hay porcelana en tu vientre y sólo el arrebato de la llama abierta queda. De tus pantorrillas ya huyen los ojos de bohemia. Llevas contigo el triángulo de tu paraíso: tu nombre, voz e impericia.
No te lo repitas. Tienes una flor sin usar. Una mentira nueva y un espacio en tu armario para colgar el arraigo. Sí, repítelo, no eres vieja, te sobran lunas y espinas para cubrir con tus guantes negros. Tu piel esta curtida, no lo olvides. Y tu amor está en trozos de manzana, en romance con las orillas del otoño.
Duermes sin ayuda y sales a la calle deseando volver a casa. Sí, reconoces el sonido de tu risa, de tu cabello enredándose en el cuento de mañana. Si ese tiempo pudiese volver tu carne se cubriría de apatía. ¿Sabes qué te esperaría si el viaje que quieres resbalara en tus labios?
No habrá palabras que te salven. Nada sabes de la tibieza. ¿Recuerdas que tu niña la dejaste emboscada en otro estanque? No todo es tuyo, ni tu forma, ni el banquete, ni la música de los metales. Este moverte tan dueña no basta para que los peses llenen el estanque. Tu furia es la antorcha que te mantiene untada a la vida. No lo olvides, el cuerpo rígido en tu cama es el manso sueño que te asiste. No volverán los ladrones y tus ruidos cotidianos inventaran otra polilla. Ya tienes la noche tibia y no son estériles tus memorias.
¿Te provoca ser mujer otra vez?

Sergio Astorga

Acuarela/papel 20 x 30 cm.

viernes, 7 de enero de 2011

Las amarillas casas

En frente de ellos estaban. Habían pasado el día buscando ese resplandor opaco del adobe, ese arrullo de tierra hecha a mano que perturbaba el cielo azul. Debajo de esa mañana sólo se veían las manchas voladoras de los cuervos y ese palpitar de sus pupilas por encontrar su casa. Sudaban mucho, sofocados de tanto andar, oían su pecho exaltado por la duda. El camino raso con pequeños y enmarañados huizaches los confundía, horas y horas sudando con los ojos engarrotados, sin ánimo de hablar. La rabia comenzaba a subírseles a la cabeza, cuando muy a lo lejos divisaron los rojos chiles colgados de una puerta, parecían un puñado de pájaros muertos. “Estamos perdidos” pensaron al unísono como dos chirimías huecas. Pero no, ahí estaban esos rojos chiles anunciando que ya estaban cerca, que sólo era seguir esa empinada calle. No había gente, sólo se veían sus camionetas estacionadas y cómo preguntar si no se acordaban del nombre de la calle, tenían que seguir caminando.
- ¿Estás seguro que es Santa Fe?
- Segurísimo. Aquí en el mapa lo dice.
- Tú y tus ideas de explorar los alrededores.

Con el suspiro del desánimo llegaron al final de la calle, hacía frio, el aire picoteaba helado sobre sus caras sudorosas. Al frente, sólo mas casas amarillas alborotadas unas contra otras, sin ángulos, con la paciencia de la curva formando su cuerpo rechoncho, chaparrito, sin prisa por ocupar su sitio.

- Ahí están.
- ¿La casa? ¿Ves la casa?
- Las torres de la Catedral de San Francisco. Creo que la casa está en la calle de atrás.
- ¿Estás seguro?… Andando.

La mañana ya quebrada por el medio día, se perdía por los montes. Los ocres iban ganando terreno y los adoquines proyectaban sombras sepias y anaranjadas. Cruzaron desbordados el peso café de la sombra de las torres. Nada. No reconocían su casa. Casas amarillas alineadas, anónimas, mudas. Una y otra vez recorrieron la calle hasta que una luz parda les avisó que un reguero de tarde los consumía.

- Estamos perdidos.
- ¿Qué hacemos?
- Sigamos buscando.

Sergio Astorga
Acuarela/papel 20 x 30 cm.

miércoles, 5 de enero de 2011

Enroscada

La noche ganaba altura cuando las estrellas se enjabonaban al paso del caliente pan y de los rostros asombrados de las niñas y niños que habían dejado sus cartas en medias, zapatos y calcetines con la esperanza de recibir, a la letra, la prenda ansiada.
-Tío, ¿hoy llegan verdad?
- Si te has portado bien, creo que sí.
- No he dicho mentiras y el secreto de mamá lo guardo, no le diré a nadie, ni a ti. ¿Hoy llegan verdad?
- Puedes mirar al cielo, esas tres estrellas juntas ya están resbalando.
- Ya las veo. Yo no he dicho mentiras. ¿A dónde vamos?
- A comprar la rosca.
- Yo no tengo hambre.
- Lo sé, pero ya verás cómo al verla, vas a querer.
- ¡Que grande! es como una corona o un espejo.
- Si cierras los ojos y luego los abres los podrás ver.
- ¡Es cierto! Los vi. Los vi a los tres.
- Vamos a casa que tu mamá ya debe de tener el chocolate listo.
- ¿Oye tío, yo ya los vi en la rosca, de todas maneras me dejan regalo, verdad?
- Yo creo que sí.
- Yo no he dicho mentiras.
- ¿Qué pediste?
- Dos cosas, una para mí y otra para mamá. La que yo pedí no te la puedo decir.
- Entonces, qué pediste para tu mamá.
- Que ya no le peguen. ¿Los Reyes Magos son buenos, verdad?
Sergio Astorga.
Mixta7papel 45 x 35.5 cm

sábado, 1 de enero de 2011

Enero

Iniciamos el año calendario y este Abarrote les desea, ya en este nuevo ciclo, que el desamparo del diez no afecte al once para seguir con esta danza del vivir que bien nos hace.

Este año el Calendario del Abarrote sigue las líneas del Antojo, el primer año, si recuerdan, el calendario versaba o prosaba buscando la evocación y el temperamento de cada mes; el segundo, cada mes era representado por las ciudad visitadas y vividas en diferentes momentos y que quedaron grabadas en las estanterías de la memoria intensamente; este año cada mes intentará homenajear en imagen y palabra a poetas o novelistas que este abarrotero tiene en sus anaqueles de influencia y admiración. No serán todos los admirados y de manera antojadiza, método que aquí se frecuenta, irán apareciendo.

Gracias por acompañarnos y levantamos la cortina. Pasen a lo barrido.
Sergio Astorga