sábado, 24 de octubre de 2009

Tú que eres paloma


Hoy al mirar
las gotas de lluvia
se empaño el paisaje.
Escurrían difusos paraguas
a lo largo de la calle.

¿Si yo tuviera alas?
Nostalgia del vuelo
o la caída.
¿Si yo tuviera...?
Sería viento y no palabra.
Subiría.
Subiría.
A peña pobre
o peña rica,
qué importa.

Tú que eres paloma
¿qué haces cuando llueve?
¿te mojas?
¿te escondes en el palomar?
¿acicalas el plumaje?
¿dejas tu mirada fija en el cielo
rememorando antiguos vuelos?

Yo aquí
en la tierra
sin alas.
Mirando la lluvia
al través de la ventana.

Tú que eres paloma.
¿qué haces con tus alas?.
Sergio Astorga

tinta/papel 20 x 30 cm.

sábado, 17 de octubre de 2009

YO NO NACÍ EN EL MAR

Yo no nací en el mar, nací en octubre,
bajo la ley del musgo que se anuda
con otra sal, que pica, se desnuda
en otra piel; la del cobre que cubre

al águila que sueña y que se encubre
bajo piedra solar que sangra, suda.
Piedra de luz que el tiempo abrasa y muda
en otra voz, que se chupa en la ubre

solitaria de la cuna. Herencia
animal de la escritura. Aciago
despertar de la mañana. Dolencia

de las imágenes quebradas. Pago
con carne y con ayuno mi obediencia.
Yo no nací en el mar, pero naufrago.

Sergio Astorga

Acuaerla/papel 35 x 58 cm.

jueves, 8 de octubre de 2009

Soneto


No es la afrenta de un silencio discreto
lo que apena, ni olvidar sobre la arena
la soberbia: sonora piel serena
de una ola que gime su secreto

y nos deja sin voz, sin esqueleto.
Es mirar, mirar la errata: terrena
paz inconsolable, luz que encadena
y nos deja morir en un soneto.

Ya el oído nos zumba mal herido,
y unas manos lectoras dan cordura
al tiempo con el tiempo ya perdido.

Ya en la playa la piedra se madura
y en la orilla del cielo se ha prendido
la palabra de arena a tu cintura.
Sergio Astorga

Tinta china /papel 20 x 30 cm

martes, 29 de septiembre de 2009

Otoño


Voy a ser tarde con el otoño;
tostados amarillos bordaran
los horizontes, y los castaños
caminaran por la ventana
para dejar los corazones tibios.

Kukulcan ya baja la pirámide:
serpiente entre la luz que vuelve siempre.

Que tengas un otoño de dulces
sentimientos,
que no basta
enmendar al mundo con ideas.

Sergio Astorga
Acuarela/papel 38 x 56 cm

jueves, 24 de septiembre de 2009

Gateando

Los félidos han salido traviesos de los redondeles mentales y han llegado fieros a nuestro amaestrado asombro. Llegaron en banda como predestinados a pintarse solos.
La elegancia termina en su cuerpo y de sus bigotes la cara del misterio se relame y se desentume bajo la dilatación de sus ojos.

¿Quién puede sostener la mirada del gato, mirarlo con fijeza?

Callejeros de templos y ciudades súbitamente maúllan carnalidades sin sentido.
Gato bodeguero, gato con botas, gato faraónico, gato Félix, gato montés, gato Ramón, gato entumido, gato proceloso, gato turbio, gato frívolo, gato compañía, gato acecino, gato envenenado, gato luna, gato jazz, ocelote: mancha solar de sienes hinchadas; púber en tu tesoro no tienes dueño, tu selva detenida, tu solitario divagar es la claridad que quiero junto a tu garra por los ríos de sangre y migrar entre los gritos del sapo, envuelto en el machete que troza la luz.
Todos los gatos deletrean el punto ciego, la isla del miedo, la pisada solitaria y la tortura invisible de ser mirado con desdén.
Sergio Astorga
Acuarela/papel 20 x 30 cm.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Letras de Chile

Hay un Ojo Travieso, danzante, con la misma sed de nacer al sonar de las campanas, donde los huéspedes son devorados en las fauces de la vista.

Con la ráfaga de Santiago surcando geografías y su banquete generoso: Letras de Chile y Lilian Elphick tuvieron el arrojo de publicar cuatro textos de estos Antojos.

Mi oda es transparente y del archipiélago de mis venas la frescura de la gratitud ya está llegando al sur del continente.

Un abrazo “con mi razón apenas”
Sergio Astorga

Tinta / acuarela/collage 20 x 30 cm.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Caballo Troyo

Naci de yegua recelosa y no adivino a donde voy. Enajenado de los agros, al hundir la herradura, un respiro de animal ajeno me subió por las orejas.
De mis anchas ancas mi voluntad al trote. La cólera huye en el afán exhalado del jinete. Bronca cara de mis piernas ágiles, no hay piedad ni espanto cuando se cimbra la tierra domada desde Creta.


Alguien me llama, rastrea la cola de triunfos y al cincho las hijas de pastores trenzan al tiempo con hilo de cáñamo.


Alguien aborta el polvo en mi espinazo y todo el coro ensaya la historia que me falta.


Alguien se arriesga entre los flancos y de las torres los alaridos inacabables hacen temblar el freno de mi hocico.


Desolado entre la unánime guerra, los náufragos pisan tierra para darme azúcar que allane el deshonor.


Al sobresalto galopo intruso por llanura. El sacrificio del centauro cabrita al sol y un azote viento reclama con sus fauces.


Bajo los siete días celestiales, la memoria épica que monto, me deja un gemelo de madera que incendia los muros de derrota.


Naci Troyo, y un animal ajeno a mi grupa se ha montado.

Sergio Astorga


Tinta china/papel 20 x30 cm

martes, 8 de septiembre de 2009

Así fue que me contaron


Como virtud de aire, así llego. Como ungüento vivo. Como la neblina. Como prodigio. Así se lleno el vuelo de signos.
Así, en el corazón del árbol, cuando la tierra estaba hundida en agua y sólo en los bejucos se encontraban las hormigas.

Allí hicieron sus nidos y comenzaron a pensar para que variadas razones invocaran de nuevo el nombre justo de las cosas.
Luego probaron varias lenguas como ecos, pero era mucha la confusión y comenzaron de nuevo a probar sonidos que alimentaran el sentido en los oídos.

Trece veces sobrevoló el búho la piedra y encontró la semilla y comenzó todo, nadie sabe cuándo, pero la palabra creció desde ese entonces.

Así creció, como mazorca amarilla y mazorca blanca, la letra que concibió las cosas como suyas. Como se sopla en el espejo, así se fue extendiendo su mirada y tuvieron nombre el cielo y la tierra, y el humo del copal esparció la noticia.

Cuando veas un árbol caído, busca sus raíces y raspa con la pluma para que salga la resina asexuada, para que la untes en tus manos y seas digno pasante de lo que está cerca y de lo que está lejos y puedas contar el tiempo al compás de sus voces y andes siempre con el cuerpo erguido.

Así fue que me contaron.
Sergio Astorga
Acuarela/papel 20 x 30 cm

jueves, 27 de agosto de 2009

La Nave de los Locos


Señores y Señoras caballeros y bonitas este abarrote se complace en invitarlos a la La Nave de los Locos
http://nalocos.blogspot.com/2009/08/trabalenguas-para-el-verano-29-sergio.html parada cotidiana de todos los que procuran la locura, están en ella o pretenden cultivarla.

Con la máxima de que la locura con letra entra, el almirante de esta Nave, Fernando Valls ha honrado a este charro poniendo a babor, imagen y letra del susodicho.
Pretexto es este acontecimiento para invitarles a subirse a la Nave y no bajarse por reclamos de cordura.

Con un tamal de dulce te doy las gracias Fernando y siempre con el deseo de que tu nave llegue a la Ítaca anhelada te saludo.

Señores y Señoras, caballeros y bonitas disculpen las locuras ocasionadas.
Sergio Astorga
Nave en acrílico y computadora.

sábado, 22 de agosto de 2009

Inscripciones

“Una mujer, un hombre, a veces muchos, quieren inscribir su trascendencia, la piedra es declarante de este vicio. Siglo contra siglo creció el símbolo, el signo, la palabra y la voz alta para reconocerse y confundiese.
La palabra hizo residencia, como aquel pájaro que lleva rama a rama, perseverante, la construcción de su mundo. Pico a pico su vuelo tiene algún sentido, y la luz es blanca y descifrable. Así es la trascendencia: un sentido fugaz, pletórico, enfermizo”.
Era de noche, mis hermanas y yo, caminábamos por la calle de Madero rumbo al zócalo mirando el rojo tezontle de esta ciudad de México que no se muere aunque la maten, cuando al llegar a la gran plaza, las torres de la catedral parecían dos destinos en ruinas, una de mis hermanas, la más joven se aferró a mi brazo y me señaló una extraña caja de madera, mi otra hermana, mas intrépida ya la traía intrigada entre sus manos. Decidimos caminar rumbo al café Tacuba. Nos sentamos y pedimos café con leche. Encarnada con su joven superstición daba sorbos nerviosos a su café y la otra, inquieta me reprochaba silente mi desidia.
Sobre la mesa una caja de cedro de buen barniz color solferino y con la simpleza ornamental de sus líneas rectas guardaba, envuelto en terciopelo negro, una tabla roja con inscripciones, mi hermana la mayor, hábil como siempre ha sido para interpretar signos, nos dijo que era una especie de mapa, en sus palabras: cartografía de un viaje íntimo, es una descripción de signos gráficos y signos léxicos que aparentemente no tienen conclusiones, solo alusiones al acto de nombrar y de inscribir. Mi hermana menor con el relajamiento en sus pómulos empezó a tocar la tabla roja y le pidió a mi hermana que tradujera lo que veía puesto que ella solo advertía monitos y formas inentendibles.
Con seguridad comenzó a leer o a interpretar o adivinar lo que veía:
“Así como se orada la piedra al golpe del estilete o el relámpago, voces, pregones, suplicas, cuerpo que es anima, que golpea sentidos, que machaca tiempos, ideas y esas urdimbres de desastres y destinos, todo en piedra, en la mandíbula tiesa del pasado”.
“Así como el fuego que incendia la primera vez, el signo y la mano sobre el montón de huesos, en la sublimación del sentido, de la exclamación de la brasa que sigue quemando la procesión de nombres.
Así al medio día la obstinación no acaba nunca, dichosa el agua que no cicatriza en piedra.
Hay que aprender a despedirse.”

Salimos del café y nos perdimos por el centro histórico, la vegetación de piedras nos acompaño hasta que llegamos al zaguán de nuestra casa. Mi hermana joven corrió hacia al cuarto de baño y mi otra hermana llevaba la caja como reliquia y se metió a su cuarto sin decir palabra. Como un dolor de visera entré a mi habitación con un eco interior, tendría que comenzar de nuevo a inscribir otra tablilla.
Sergio Astorga
tinta china/madera

miércoles, 19 de agosto de 2009

El Carrusel

El Carrusel ronda como angelote que no se queja de sus rodillas. Los cielos son dorados, los zapatos tienen dos agujeros en sus suelas; el carcomo del recuerdo baja las escaleras y el cocodrilo del sueño se levanta temprano, como si fuera domingo.
Dientes de azúcar es la medula del juego y ese rebaño de latidos ton ton reque ton, se mixtura cuando dos mundos giran: el que habitamos y el otro, el de algodón con caramelo.

Duérmete niño duérmete ya. Que el mundo está girando como tus ojos redondos.

Borracho de golosina subes, giras, y ese caballo con paso torneado e infinito te deja el cerebro sordo-mudo de aventura. Porque esa hendidura que ahora tienes como vida, fue de plata subida en el caparazón de la tortuga.

¡Otra vez, otra vez! que ahora quiero subirme en la catarina.

El insomnio y el tabaco se dispersan al sorbo de limonada, y esas luces neón se clavan como único fiel representante de la puericia zumbadora.
Tus dientes de leche debajo del edredón y las manzanas de coral cegando tu boca primera. Y en tu frente: el mareo del recreo.

¡Que no me quiero bajar! ¡Que no quiero! ¡Que te cuesta, no seas mala!
Otra vuelta y otra, que no estoy cansado.

El minuto es el presente y los anchos andamios de tus manos quieren islas y banderas. Y los nombres propios son huecos compañeros de travesura.

Cuando el carrusel gira, un sudor caliente nos adormece y oprimidos en nuestro eclipse mundano miramos como el bien nacido sapo sigue dando vueltas de este a oeste, como si fuera el último fósforo en la noche.
Sergio Astorga

Acuarela/papel

jueves, 13 de agosto de 2009

Trío Agosteño

El Trío Agosteño, dio su primer acorde en los inicios de este siglo como una irremediable respuesta por su amor hacia las negras notas. Fusas y semifusas provocaron en los tres, irrefrenables deseos de libertad rítmica. Con influencia del Jazz y el Góspel y la sólida estructura académica que les proporcionó el Conservatorio Nacional de Música y el fugaz pero consistente aporte recibido en la Juilliard School de New York, les abrió panoramas y sonoridades que decidieron reunir en la formación del Trío Agosteño.

Jacinto, en los teclados, el más reticente a la manera de afrontar las preferencias musicales, ya que su gusto por la fuga le daba un aire barroco a sus composiciones, era hijo del laureado maestro Silvestre Nepomuceno, compilador de leyendas tarascas y de una historia comparada de los conventos Agustinos en el Estado de Michoacán.

Macario Sotomayor en la flauta transversal, es un caso sorprendente de divergencias sonoras, aficionado desde pequeño a las percusiones, por una especie de revelación canora decidió entregarse al viento. Hijo de pajarero, su padre, Nemesio Sotomayor, tuvo fama de silbar como cenzontle y esto le valió capturarlos sin dificultad durante 30 afinados años. Su amistad con el maestro Luis Herrera de la Fuente, le permitió, mediante una beca, dar a Macario una formación impar.

Melchor Cólogan, de origen irlandés, enamorado del bajo continuo y de los armónicos, y gracias a una herencia temprana, no tuvo más que problemas de acné, dedicándose a la música de tiempo completo. Director musical, se complacía en arreglar asonancias utilizando para este fin apoyaturas varias y divertimentos, aunque el termino ya era usado en el siglo XVIII, Melchor lo utilizo en el Trío de manera prominente.

La imagen que observamos es una instantánea en acuarela opus 2 largueto y cantábile en algodón con pinceles Windsor en un amarillo sostenido como tono fecundante, oponiéndose, cromáticamente a los azules dominantes en un arrebato puramente incidental.
Esta imagen del Trío Agosteño, fue captada el 5 de diciembre de 2004 en el Teatro Degollado de la Ciudad de Guadalajara, en el estado de Jalisco.

El programa estuvo integrado por las siguientes obras:

1. Por las riveras del Puerto de San Blas (Calipso: ritmo caribeño)
2. Intimidad (jazz progresivo con variaciones de un tema popular purépecha)

Intermedio

3. Herencia en rama (especie de sonata, con la voz dominante del contrabajo)
4. Canto de ave (*Merengue en forma de Jazz)
*El Merengue es un ritmo dominicano basado en la mazurca y el vals.

Al final del concierto, el desconcierto se dejaba sentir por los pasillos del Teatro Degollado, la unión de géneros y estilos meneo la literal desarmonía de opiniones, sin embargo, en el desarrollo mismo, la atención de los asistentes era tal, que por un momento la fusión auditiva logró que algunos espectadores construyeran sus experiencias al compás de su lectura, dejando en los oídos la grata sedición de lo vivido.
Sergio Astorga
Acuarela/papel 20 x 30 cm.

sábado, 8 de agosto de 2009

Háblame de ti

Háblame de ti y de tus sabios concejos de porcelana.
Dicen que es de rebato tu aleteo y en el prólogo de tus noches oscuras dilatas tus pupilas
Minuto a minuto astuto, sigiloso, subido al lomo del árbol o al lomo de los tratados, aprovechas la ausencia para encontrarte con la presa, siempre en verano.
Irradiarte en el cristal te enamora. Te nacen los mejores axiomas en septiembre y dormitas en octubre.
Disecados en la gruta se perfilan los rostros de los lectores que esperaron en los libros jurídicos respuesta.
El vuelo es cóncavo y de tus garras penden las hojas palidecidas de los pitagóricos desastres y los pretéritos nombres de los dioses.
Al poniente: el término del vuelo y la encrucijada de los mapas zodiacales dispersan los destinos.
Alguna lengua muerta machacas con el pico y me conmueve que en las horas muertas no dejes de limpiar con minucia las plumas pardas de tus variados alfabetos.
Cuéntame de ti, aunque te vayas.

Sergio Astorga

acuarela/papel 20 x 30 cm.

martes, 4 de agosto de 2009

Calores

aprendí de tus palabras: cuerpo
de tus silencios: texturas
de tu furia: deseos
de tu física: apetito
de tu compañía: destino

de tu voz que no conozco
el murmullo de mis noches.
Sergio Astorga



Acuarela/papel 20 x 30 cm.

martes, 28 de julio de 2009

Caballito que no es de mar

Puede venir de lejos, siguiendo las veredas de algas, confundido por verdes imaginarios alfalfares y esa cadencia indómita de centenares de crines al viento.
Huellas herradas que comenzaron en tropel hasta que el viento se encorvó por el desfiladero, le dan ese porte noble y altivo, como vaticinio de ecuestres bronces en las plazas.
Su estampa esta en la cisura de un tiempo tatuado en piedra dentro de una cueva.

Fue migrante bronco cuando en manada conseguía extender su anca sin miedo a las veleidades de la guerra.
De sus belfos salió el aliento de algunos héroes que fueron cantados por aedos y cronistas.
Y de sus orejas, los clamores y empellones de los hombres hacen cerilla oscura, pestilente y cólera de espanto.
Sus pezuñas, como rodillas duras, han juntado el alma del centauro con la noche: sentimental memoria nunca relatada.
Robusto su cuello hermético, se venera su galope: latido que parece que es de mar toda llanura.
En vano, algún sueño de cabeza equina recorre los montes y se adivina la fugacidad del juego.

- ¿Juanita, de dónde viene ese trote?
- De la pradera verde.
- Juanita, que parece de mar esa cadencia.
- Debía, pero no es. Es el cuatralbo.
- Ya lo decía Juanita, es zaino mi delirio.

Hay un esfuerzo piadoso que sujeta las riendas de la fiebre y una fatiga que revive la cuadriga que cruzó la frontera y parió a éste caballito que no es de mar, de pura suerte.
Sergio Astorga

Acuarela/papel 20 x 30 cm.

miércoles, 22 de julio de 2009

Ya no eres lo que eras

Te buscas lejos para encontrarte. Esas partes de algo que el tiempo tejió son las voces que están sonando dentro de ti.
Aduanas de infancia brutal, donde las complicidades de ellos forjaron la infamia que viven día a día como si fueran los dueños de tu infancia, de tu cuerpo, de tu fantasía.

¿Cuánto falta para que llegues?

Te devoraron las formas, los hábitos de una tribu que no se conduele de tus heridas y si piensas en todo lo que has oído, se clarifica el muro de engaños, de mentiras; señuelos para no saltar el muro.
Y hay un dedo humillante que te señala asesina por querer gritar que ya no quieres esa muda violencia que te viola de nuevo.

¿Está todo bien contigo?

“Algo te espinó la vida”- te dicen, ya no eres lo que eras, ya no quieres quedarte quieta, ya respondes, reclamas, ya no toleras la soga, el celofán, el moño de la mentira, del chantaje; de la sumisión.
“Lo tuyo es callar como he callado yo”- te apuntan.
“Lo tuyo es aguantar porque eres mujer, así ha sido para mí y lo será para ti, porque así es”- te reclaman.
¿Qué es lo que te pasa?

“No puedes ser más bella que yo porque yo te di la vida, ¿estás a entender? Y me tienes que querer porque es tu obligación”.
Sentencias, dictamines, fallos, veredictos: mentiras.

Abres la mano. Sientes el polvo y tiras para el norte. Caminas lejos, porque puedes, porque los sueños buscan alianzas y los resplandores trabajan las sombras frescas.
Es movimiento la espera y en ese cruce de caminos, ya no eres lo que eras.
Sergio Astorga

Tinta china/papel 27 x 22 cm

viernes, 17 de julio de 2009

Cartas y Asociados S.A. de R.L.

En mangas de camisa y con el corbatín anudado como símbolo de pulcritud, el señor L. acomodaba en riguroso orden temático las cincuenta y cinco cartas en sus respectivos expedientes.
Terminados los preparativos, el señor L. suspiró gozoso. De su gran escritorio, abrió el cajón izquierdo para sacar un pañuelo. La inicial de su nombre, bordada con hilo azul y en tipo gótico, contrastaba con la blancura del encaje. Dobló el pañuelo con delicadeza. Secó las pequeñas gotas de sudor que se aferraban a su frente. Tuvo la sensación de encontrarse bañado por una lucidez indómita, y con el vigor de un mariscal en campaña, presionó el botón del conmutador.

- ¡Buenos días señorita!
- Buenos- contestó una voz añeja en su fastidio.
- Haga el favor de pasar al expediente treinta y dos.

El señor L. sin esperar la respuesta se enfrascó en el aseo de su monóculo. Inspeccionó el expediente y no satisfecho con la transparencia de su visión, limpió de nueva cuenta el altivo monóculo.
Al abrirse la puerta de su oficina, un potente rayo de luz se ablandó sobre la alfombra.

-¡Adelante, adelante! –invitó el señor L. mientras jugueteaba con su pluma de carey.

Una gabardina impersonal se acercó presurosa al escritorio.

-Permítame su comprobante de registro... ¿lo trae?...perfecto.

Una mano huesuda extendió la tarjeta. Con mirada sagaz el señor L. observó la callosidad violeta del dedo medio.

-Escribe usted a mano, ¿verdad? Hábito irreprochable, es más permítame felicitarlo. No hay como escribir con su propio puño y letra... después, si se quiere, porqué no, podemos utilizar la máquina... Disculpe que no le ofrezca una silla, usted sabe que nos encontramos en plena mudanza y, para nosotros, lo más importante es tener las cartas y los expedientes en orden.

El señor L. sonrió benevolente al mirar su reloj, apoyó sus dedos sobre el escritorio y prosiguió solemne:

-En contra de nuestra costumbre, nos vimos obligados a enviarle un telegrama para solicitar su presencia. ¡Hecho inaudito!, créame. Quebrantar las reglas nos fue muy penoso. Hubiéramos preferido una carta, pero la urgencia del caso lo ameritaba... No se podrá quejar, la redacción del telegrama se hizo con el más riguroso estilo que exige el género: síntesis y claridad absoluta... pero, entremos en materia querido amigo; lo mandamos llamar por dos razones: la primera, para participarle los avances de este Centro y la segunda... bueno, usted habrá sacado sus conclusiones. Antes que nada, quiero aclararle que todos los pormenores se le harán llegar por carta a vuelta de correo. Nuestra reunión tiene exclusivamente un carácter informativo muy general... No se impaciente amigo mío, todo por orden, usted bien sabe que la estructura es lo primero.

El señor L. destapó el frasco de porcelana que siempre tenía sobre su escritorio, introdujo una cucharita de plástico y sorbió un poco de miel de abeja. Al sentir que lo invadía un aliento aterciopelado, su voz procuró acariciar cada palabra.

-Nuestra Mesa Directiva, a través de la Secretaría General de la Sección Cuarenta y Cinco, a mi cargo, se complace en informarle el éxito sin precedentes que ha tenido nuestro Centro, del que usted, sin lugar a dudas es un miembro distinguido. Cada día nuestro Centro se extiende incontenible, ganándose la confianza y respeto de nuestros asociados. Con decirle que ya en cualquier rincón del país, contamos con una Sección autorizada y en comunicación permanente con su Centro Madre. Tenemos Secciones regionales, municipales y de distrito que cubren prácticamente todo el territorio nacional... ¿No se alegra usted?... ¡Imagínese! cada hora recibimos un alud de cartas... Nuestra Mesa Directiva, con gran visión y después de acaloradas discusiones, aprobó la formación de un Instituto de Investigación con los mejores cartistas del mundo, que se encargarán de estudiar con profundidad el contenido de nuestro gran archivo, para después, publicar una antología semanal, que a petición de los asociados se les enviará por correo sin costo alguno. También se dispuso la creación de un Departamento de Archí bonhomía por computadora. La modernidad amigo mío... la modernidad.

Con la mirada atónita, el hombre del impermeable permanecía de pié, como un fantasma en su ambiente. El señor L. le ofreció un respiro cordial. Limpió su monóculo. Sacó la carta de un fólder y esperó a que llegara la inspiración.

-Amigo mío, ha llegado el momento que a usted más le interesa. Supongo que habrá intuido lo que voy a decirle... Tómelo con madurez, ¿quiere? Su carta ha sido rechazada. Vamos no se desanime... esto es así. Le aseguro que haremos todo lo que esté de nuestra parte para solucionar el problema... Su carta fue recibida por el Departamento de Estilística, el veinticuatro de febrero del año en curso. Después de un concienzudo análisis, y con sus respectivas acotaciones y sugerencias, se turnó a la Secretaría General. Yo personalmente la he leído con mucho cuidado y estoy de acuerdo con nuestro Departamento de Estilística. Amigo mío, usted se ha despeñado. Un error imperdonable, elemental... ¡Su carta ha perdido al sujeto!... No se preocupe, esto suele pasar... Nuestros expertos lo denominan error por ofuscamiento. Yo para serle sincero, califico ésta perdida del sujeto con más severidad. Usted ha cometido el error del testarudo. ¿No haberse dado cuenta de la pérdida del sujeto, porque me imagino que usted relee y corrige su carta antes de mandarla? En fin... no se preocupe. Su problema tiene solución... Lo que más me agrada –se lo digo de manera confidencial- es la inutilidad y obsesión del contenido. Una de las virtudes más caras de éste Centro, se encuentra precisamente en las cartas que nos dan a entender la inutilidad de la escritura, la obsesión en sí misma, la pérdida total de cualquier interés que no sea escribir. Egoísmo fascinante, ¿no cree usted?...

Conmovido por sus palabras, el señor L. sacó su libreta de apuntes y escribió con gran soltura: “obsesión más inutilidad, igual a escritura. La escritura es directamente proporcional al egoísmo que la provoca”. Guardó su libreta y continuó en tono familiar:

-¡Sí usted supiera la cantidad de cartas que he leído! Se sorprendería, se lo aseguro. En mis cuarenta años de servicio, he visto desaparecer familias enteras, ¿digo familias? Generaciones se han perdido por una obsesión. Mundos se inventan y se destruyen al mismo tiempo. Suicidios, abandonos, homicidios. La relación humana pierde sentido. ¡Imagínese! Y esto lo sabe mejor que yo, que de buenas a primeras un individuo lo deje todo: esposa, familia, amigos, trabajo; porque decide que la única finalidad de su existencia se encuentra en escribir sus propias cartas, pensar que el mundo sólo le pertenece al escribirlo... Usted se preguntará ¿cuáles son los temas más frecuentes?. No existe respuesta. Me he encontrado, desde la transformación de un individuo por tener una piedra en el zapato, hasta la perdida total de la identidad. Nada se escapa a la obsesión amigo mío... nada. Según veo en su expediente, usted ha enviado treinta cartas. Debe estar tranquilo, su existencia no es tan inútil... Sólo me resta recordarle que a la mayor brevedad posible, le enviaremos por escrito el estado que guardo nuestro Centro; los éxitos y proyectos para éste año; la lista de todos lo asociados, así como de sus direcciones.
La carta rechazada no se la podemos entregar en éste momento, usted la recibirá junto con otra, donde se amplía nítidamente el motivo del rechazo... Quiero ofrecerle de nuevo la disculpa de nuestra Mesa Directiva y la mía en lo personal, por haberlo citado a través de un telegrama. Le aseguro que no se repetirá.

El hombre del impermeable se alejó muy despacio, mientras fijaba en su memoria la imagen del frasco de porcelana, que obsesivamente contempló todo el tiempo.
Con una satisfacción refulgente, el señor L. arregló los papeles de su escritorio, limpió su monóculo y presionó el botón del conmutador.

- Señorita, haga pasar al expediente dieciocho... ¿No me escucha?... Que pase el expediente dieciocho.
- ¿Qué nombre?
El mundo estalló en los oídos del señor L. tiró el monóculo, derramó la miel sobre el escritorio.

-¿Cómo es posible que corrompa la razón de ser de nuestro Centro? Es inconcebible... ¿Quién la contrató?... Lo que importa señorita, escúchelo bien, lo que importa en éste Centro no son los individuos, mucho menos sus nombres. Grábeselo señorita, lo que importa son las cartas... únicamente las cartas.
Sergio Astorga.

Acuarela/papel 56 x 76 cm.