Como vela perpetua ese hombre se quedó pegado. Se escuchó un disparo y nunca se supo la mando que apretó el gatillo. Eran las tres de la mañana. Las buenas señoras del barrio ya le llaman el santito del cristal. Se dibuja al sereno y parece que las muchachas cuando salen de la escuela, le dejan flores o dulces con la esperanza de tener también un patrono pegado a su ventana.
HABLAR SOBRE AQUELLO QUE NOS HACE VIBRAR.
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Si algo alegra a las autoras/es y le infunde fuerzas para seguir contando
a otras personas sus historias, es hablar directamente con sus potenciales
lec...
Hace 1 hora.



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