
424. Homéricas III
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El hombre, animal lujurioso Marco Denevi (Argentina)Al menor descuido de
Circe, los amantes se le transformaban en cerdos. (Falsificaciones, 1966)La
vue...
Hace 1 semana.
Para sorpresa de todos, su aguante pastueño viró hacia la obscenidad. Opinión de toda la manada que irritada, bufaba por el establo. Era tal el bufar que se acercaron otras animalidades vecinas. 


En la piedra marina la pisada del agua latitud norte. La foca y la morsa zampaban sus miradas de sal como náufragos. El frío masculino se extendía al fondo del mar y los peces asustados dieron la vuelta a sus escamas y brillaron al sol con saña. Las medusas se zambullían al roce.
Rolar sin designios de mercurio o de tameme con el único fin de rimar la calle con el valle, la bicicleta fue inventada, porque fue inventada, con el principio básico de repartir la humanidad corpórea sin distingos de género a todo lugar donde la rueda, principio básico, pueda rodar.
Oteando su sintaxis gris de paquidermo, el elefantilo levanta su trompa y un gran acueducto amoroso se desparrama por la estepa africana. No quiere inventar un ágil encuentro con la amada, se esfuerza por explicar su volumen con la ternura que le aguarda detrás de sus orejas. No será con la esgrima verbal con lo que logrará su conquista y es la prudencia de su memoria lo que fascina. Esquiva sus marfiles y le sirve de brújula el instinto de manada. Nadie sabe que su enorme intimidad lo tiene atrapado en un balbucir incomprensible. Obstinado, anda por verdes de artificio. Nadie lo mira. El viento no trae el perfume de la amada y otras faunas lo confunden. Su esfuerzo solar no trae el triunfo nocturno y ausente, el horizonte pulimenta su sueño zoomórfico de amante.
Baja la lluvia a las once de la mañana y se subraya su condición de pez de bello fino y escama de goma. El beso dulce se ha detenido en sus espinas y un corazón de huevo crudo se cuece en el sollozo de sus brazos.