Aunque el miedo nos aceche, la cabeza altiva de otros siglos la desnuda verdad nos reconoce. El segundo andar tiene la llama y el beso que se perdió de tanto darlo.
Abrazos declarados todo el año que anduvimos.
Te dije que la luz me sobrecoge. Se unta temblorosa. Medita en hoguera. Así llega octubre, me guardo en ello y presupongo que tú también.
Lo espero entonces.
Hasta la nube más opaca tiene las orejas al aire. La ciudad se anima llena de amor propio y tu y yo junto a los continentes, buscamos dibujos y manuscritos.
Indecisos.
Hacemos bibliotecas.
Las golondrinas llegaron tarde a mi tejado y como sé que la permanencia de los días que le tocan al mes de Agosto son varios y pintos he aquí la puerta que se toca a sí misma.
Por los estragos de los primeros 10 días inmensas disculpas.