Hubo un pirata que vivía feliz entre el viento, la arena y la luna. La envidia que despertaba no tenía tregua y las habladurías encallaban en el arrecife que pacientemente construyó al rededor de su casa. Hasta que un día, una gota fresca de sudor lo inundó de recuerdos. Extendió la lengua hasta tocar la imagen del cuerpo que encontró por sotavento, un 26 de abril de 1924, año de la publicación del Proceso, de Kafka.
IDENTIDADES
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«Quién no desearía poder ser otro», cantaba Enrique Bunbury en *No fue
bueno, pero fue lo mejor*. En *El peligro de estar cuerda*, Rosa Montero
reflexio...
Hace 7 horas.



