Su rostro recuerda los viajes en tren. Sus ojos tiemblan como su voz. Al mirar al gran espejo de la sala, reconoció el paquete de años en su corbata azul. En un rapto de belleza consumida arrojó el cepillo de plata. Al romper el espejo el Sr. Bert, sintió su cansada juventud renacer al no tener nunca más el reflejo. De vez en cuando se tapa el rostro y baja la escalera hacia el sótano, se queda oscuras y reconstruye el semblante juvenil extraviado.
Relajado, no piensa ir a su funeral.



