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jueves, 11 de mayo de 2017

Marcas


Tan individual, como ciudadano, hay una devoción por inscribir en el muro nuestra presencia, como queja o como súplica. La epidermis de la comunicación empezó con rostro semejante.

Fotografía: Rua Miguel Bombarda, Porto, Portugal.

viernes, 17 de marzo de 2017

Cruzamiento


Al ver la luz verde derivamos que seguir adelante es lo que corresponde. Asombrados, descubrimos que existe un imaginario poblado de signos de otra realidad también inexistente. Una gama de matices de azul, nos recibe como si los bordes de un cielo tuviera un guión de azulejos portugueses.

Fotografía: Capela da Almas ou Capela de Santa Catarina, cruzamiento entre rua Santa Catarina e Rua Fernándes Tomás, Porto, Portugal. 

miércoles, 25 de enero de 2017

Muro III


El mensaje se encierra en sí mismo. Está vivo. Lanza afirmaciones que alguien atrapa. Un secreto a voces de líneas sobre la piedra. No sé si el escriba tenga en cuenta la porosidad del muro y su color y en base a ello escoja la tonalidad de los trazos. Palpable, la garganta del signo no tiene pies o cabeza. La ciudad fluye entre sus paredes como en el antiguo latido de la cueva donde una primera mano revivió la chispa de decir para otro: estoy presente.

miércoles, 18 de enero de 2017

Muro II


No hay duda que toda historia tiene una descripción. Una condena o una llamada  por mas críptica que esta sea. Hay un Miró en esa intensión de jugar con el trazo o tal vez, un Tapies, tratando de inscribir un Tao. Las voces urbanas son violentas, se apropian de un espacio, de una superficie y su intención es comunicar. Un destinatario, que no somos nosotros, es un alguien que sabe descifrar el código. Es verdad, tiene que haber un territorio común, pasar por el mismo lugar para que tenga sentido o tal vez, el sentido es la permanencia en ese recóndito espacio dentro de la selva urbana. La superposición de trazos, grosores y tonos nos cautivan por espontáneos y bellos. No hay representación de objetos, es la materia y sus signos. Por fortuna no hay un curador que quiera llevar a un museo este brote estético. Por fortuna, el origen de las Arte es clandestino.


Fotografía: Muro en las Escadas de Monte Cativo, Porto, Portugal.

domingo, 15 de enero de 2017

Muro I


En los fragmentos la materia se multiplica, por eso el muro es el terreno del apetito y del mensaje intocable para los que están fuera de sus signos. En la superficie, con el rostro de la intemperie, trazos se amoldan a la rugosidad o lisura. Los oídos esperan el mensaje que traduce la mirada. Son mensajes secos, clandestinos, y una especie de soga nos enreda mientras el rabillo del ojo intenta persuadir de lo inútil que es tratar de entender. Buscamos entendimiento sin saber que somos forasteros, que sólo caminamos delante del muro. Queremos nombres y sólo la espuela del trazo se obstina en su hermetismo. Nos consuela saber que los cantos se graban en la piedra y que alguien descifra ese misterio visual. Hay una estética matérica. La jeta de la belleza es asombro, contemplación que se marchita cuando se interpreta. O tal vez, los muros* palpitan palabras que no son para nosotros, por eso vemos desnudez y nuestros ojos brillan inocentes.

Fotografía: mensaje en granito. Porto, Portugal.

*inicio de serie.