jueves, 25 de noviembre de 2010

Comenzar

Llegar es siempre empezar.
Caminar y encender la luz.
Otra luz, la misma con distinta agua.
Otra manera de mirar.
Otro lenguaje.
Inventar otro cuerpo dentro de mi cuerpo.

Los Álamos: cuatro sílabas nuevas
entre piedras y relámpagos,
entre la explosión de la materia
y el silencio de la muerte.
Aquí se levanta y se olvida ese recuerdo.

Los Álamos es una ciudad abstracta,
repleta de voces y de pájaros.
Es la noche de montaña.
Un coyote devora los nombres de mañana
y un cuervo deja su sombra por el aire.

Si extiendes la mano,
un rostro desconocido tal vez abra los ojos
y el tiempo que se fue te deje nueva sangre.

Llegar es siempre empezar,
Aquí, al pie del álamo.
Sergio Astorga

Los Álmos, acuarela/papel 37 x 58 cm.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Florida dedicatoria

Inesperada, como la imagen que se filtra por el rabillo del ojo resultó mi llegada a Talahassee. Ni el más afortunado mito tuvo tan opulento recibimiento como este que les narro.
Era tibia la mañana, releía bajo la sombra de un magnifico árbol, algunos versos de Temporal, en el bullicioso Campus de la Universidad Estatal de Florida. Chapoteaba con los sonidos como se disfruta del naranjo, cuando un seminole sale de la librería con un libro bajo el brazo. Cuál no sería mi sorpresa, ese libro era nada menos que Temporal. El seminole mirando que yo también tenía un libro igual al suyo y lo leía con renovado acento, se acercó decidido como sus antiguos antepasados

– Usted se parece al de la fotografía de la contra portada.
- Soy el autor -le digo, no creas que porque me ves con una camiseta de seminole he dejado mi ascendencia azteca y mi nariz Olmeca.
- ¿Podría dedicarme el libro? -me mira suplicante.
- Pero si todavía no lo has leído, ¿cómo sabes si te va a gustar? -le respondo no sin cierto orgullo cinematográfico.
- Eso no importa -me contesta despiadado. Mi hermana tiene una playera dedicada por Dolly Parton y la detesta y mi padre tiene una pelota de beisbol autografiada por Steve Carlton y él es fan de los Dodgers. Lo que importa es tener la firma.
- ¿Entonces no eres lector de poesía? – pregunto con desconsuelo.
- Un poco, me gusta Sylvia Plath y Whitman, pero no me mal interprete, si yo tengo un libro dedicado por el autor, vale más, you know? Si me gusta o no me gusta es indiferente – me responde con tal certidumbre del mundo en el que vive que no tengo más remedio que reconocer que mis creencias son temporales.
- Oiga, no se enoje. ¿Me dedica el libro, por favor?
- Con mucho gusto.
Sergio Astorga

viernes, 5 de noviembre de 2010

Crónica de una presentación inexistente

Ayer de noche fue una fiesta de voces en silencio. Dan ganas de desenrollar la bufanda y ponerle en la nuca del lector los hechos simples bien planchados.
Uno a uno fueron llegando los espantos. Los cariños con sus dos caras se sentaron al fondo de la sala. Sala pequeña como la dicha, útil para que la cojera de la voz reverberara.
Emperifollada llegó la duda con sus quince años mal vividos. La abulia, como la tía Cristina llegó desabrida con un vestido de satín. Rumiando sus vientos de tedio, en mangas groseras de camisa entró la presunción del brazo del bruto de Cesáreo. Cinco minutos antes del comienzo llegaron muchos bultos sin rostro que se acomodaron en las incomodas sillas que había para la época.
Amarillos como de infancia, numerosos asientos vacíos y un olor a nardo fino alargó el muslo del silencio.
Vestido de batalla y de esperanza guerrera empezó la lectura de poemas. Insepultas palabras fueron dichas y la uña desgarro el silencio. La garganta retorno a su innata certidumbre y una brutal delicadeza se quiso acercar a los oídos. El auditorio, jamás efímero perfil he visto tan de alba, seguía el hilo de la voz, y un animal de hombre se quebraba.
Temporal celebró su natalicio sin prólogos. Cincuenta y tres poemas fueron dichos sin descanso, los pechos se inflamaron y los semblantes no dieron noticia de fastidio, será por ser tan amor la no noticia, y si algo crujió en esa noche, fue el cráneo de los libros que ya eran.
Sergio Astorga

martes, 2 de noviembre de 2010

Cabellera larga, muerte corta.

Al alba, ya sin estrellas
su edificio se alargaba.
Cadera de bailarina
en la azotea quedaba.

Su rostro de pergamino
glorioso, hoy abatido,
peina su crencha dorada
bajo la luna floreada.

Espigado olor de nardo
de su cráneo se destila
y en su sepultura queda
el peine de su nodriza.

De su frente a su cintura
manaba el pelo manaba.
Escapar de las alturas
su pensamiento alardeaba.

Poco valió su escarcha,
su cabellera adorada,
la muerte con su tijera
con su pelo ya bordaba.

Calvos y calvas no lloran,
afirman que a la guadaña
le importa poco o nada
la calavera peinada.
Sergio Astorga

Acuarela/papel 20 x 5 cm.
* El Abarrote no olvida el Día de Muertos.

jueves, 28 de octubre de 2010

Temporal

Este Abarrote antojadizo, esperando no defraudar a su estimable clientela con productos perecederos e imperecederos de calidad dubitable y, si no es así, se compromete a la devolución de su tiempo en cucharaditas proporcionales a su perdida, se complace en poner en sus estanterías y a la venta, para su estimable clientela el libro de poemas Temporal, de este abarrotero que ha dejado el delantal colgado para acometer no sin cinismo, a la ruptura del su discreto silencio y, con el descaro de una jovial inconsciencia, imprimir este Temporal. Como ustedes saben "Retirado en la paz de estos desiertos con pocos, pero doctos libros juntos vivo con el comercio de difuntos y con mis ojos oigo hablar los muertos". Quevedo.
No hay fanfarrias, sólo esta humilde presentación en los Antojos, que es mi ventana al mundo de los vivos. El libro fue editado aquí en los Estados Unidos, contiene portada a color, doce dibujos en blanco y negro y 76 paginas. La Editorial es Palibrio, no es una editorial tradicional, me ha permitido intervenir en el diseño de portada, poner ilustraciones y en una palabra autoeditarme, y como todo lo que se muestra en el Abarrote, bajo mi completa responsabilidad. Recuerden que no tenemos sucursales, y si alguno de los bondadosos visitantes tiene las irrefrenables ganas (antojo) de adquirirlo tiene diferentes opciones:
*Esta es la opción estrella, llamada por estos lares la Cajita del Poemario Feliz que consiste en: sólo tiene que enviar un correo electrónico a este charro negro diciendo que desea su Cajita del Poemario Feliz por la módica cantidad de $ 9.95 dólares o su equivalente en euros o, en pesos o, en cualquier moneda legalmente establecida, ¡si!, por sólo 9.95 usted adquiere su Cajita del Poemario Feliz sin costo de envío para cualquier parte del mundo. Formas de pago, sencillo, una simple transferencia bancaria vía Internet, a vuelta de correo electrónico puedo explicarles que no es necesario una transferencia intercontinental, este Abarrote tiene las solución a todos sus dudas. Escriba ya, y aprovechen, por falta de aparador, la oportunidad de tener en casa su Cajita del Poemario Feliz.
* Si la anterior opción no es de su agrado pueden recurrir a los medios tradicionales en esta aldea global, les dejo el enlace de Amazon, no os espantéis si no ven la imagen del libro, el libro es nuevito y por políticas de Amazon, demora un tiempo, eso es lo dijeron en la editorial y se los paso al costo, el enlace es:
*Si tampoco esta otra opción es de su agrado pueden escribir a la editorial pidiendo Temporal de Sergio Astorga y a vuelta de correo electrónico les dirán cuál es el procedimiento y los costos de envío. http://www.Palibrio.com Ustedes disculparan esta bellaca presentación digna de un abarrotero, mas ya habrá momentos para ponernos el birrete y explorar los vericuetos de este silencio hablado y visual que se fija en Temporal. Por su preferencia, toda la solitaria tripulación le da las gracias por volar con nosotros. Así es el abarrote. Sergio Astorga

lunes, 25 de octubre de 2010

Antonio Alatorre

Antonio Alatorre acabó de escribir el último terceto de su impecable soneto vital. El Abarrote tiene la pena abierta aún. Sabemos todos que por instrucciones expresas suyas, "no habrá velorio, ritos, ceremonias, homenajes, ni ningún otro exorcismo".
No espero violar estos deseos tan taciturnos.
No traiciono si escribo mi recuerdo.
Tenía casi trece años de edad cuando conocí al maestro Antonio Alatorre, disertando, platicando, jugando, explicando junto a Juan José Arreola:

Un soneto me manda hacer Violante,
que en mi vida me he visto en tal aprieto;
catorce versos dicen que es soneto:
burla burlando van los tres delante.

Lope de Vega, entró y no ha vuelto a salir. Antonio Alatorre tampoco.

Yo pensé que no hallara consonante
y estoy a la mitad de otro cuarteto;
mas si me veo en el primer terceto
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Escuchar a estos dos hombre de letras me cautivo, y después los seguí a distancia, como buen abarrotero, que llena su tienda sin conocer personalmente a sus bienhechores.

Por el primer terceto voy entrando
y parece que entré con pie derecho,
pues fin con este verso le voy dando.

Hoy hay un enorme agujero que no sé como llenar.

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho
que voy los trece versos acabando;
contad si son catorce, y está hecho.

Antonio Alatorre, gracias maestro. Ya esta hecho.
Sergio Astorga

sábado, 23 de octubre de 2010

La cita

En la tarde labrada.
sentadita en la sombra
la cafetera calla.
Sergio Astorga

Acuarela/papel

miércoles, 20 de octubre de 2010

El pato penoso

El Lago estaba poblado por un pato penoso, siempre escondiendo el pico por tenerlo rojo.
Sergio Astorga


Acuarela/papel

martes, 19 de octubre de 2010

Presencia Madrid-México

No es por la distancia y por mi ausencia que voy a dejar de invitarlos a la exposición colectiva organizada por Fomento Cultural México, en la ciudad de Puebla.
Especial recuerdo tengo de esta bella ciudad colonial, cuando renuncie al trabajo de funcionario para dedicarme a la pintura, mi primera exposición colectiva fue en el patio del (hermoso edificio) Palacio Municipal. Gracias a Gabriel Aguirre Beltrán, hijo predilecto de la Perla del Papaloapan: Tlacotalpan, Veracruz.
Están invitados, no lo olviden, si no tienen algo mejor que hacer los espero. Estaremos todos virtualmente. Así es el abarrote.

viernes, 15 de octubre de 2010

Tamal de dulce

Arropado del frío,
su masa se sonroja
cuando se deshoja.
Sergio Astorga
Mixta/papel.

martes, 12 de octubre de 2010

Amigo fiel



El sombreo de Don Cuco era como su amigo más fiel... pero un día sin darse cuenta se sentó en él.
Sergio Astorga

Mixta/papel.

jueves, 7 de octubre de 2010

Amarillo sostenido en Fa perdido

Opulento, como un alarido encima de las palabras, el Amarillo sostenido en Fa Perdido, representa el sonido criollo, con reminiscencias del folklore propio de las Américas. Las inscripciones, mas que partituras, fueron halladas en un viejo baúl que perteneció a los primeros habitantes de de origen andaluz llegados a finales del siglo XVI a las costas de Veracruz. Durante doscientos años estuvo extraviada, pero se tenían noticias sólidas de su existencia gracias al programa de mano, si podemos llamarle así, datado en el año de 1786. En este programa aparece el Amarillo sostenido en Fa Perdido interpretado por alumnos de las Escuela Real de Música utilizando instrumentos de cuerda y viento. Se presume en este programa que esta inscripción o partitura, fue elaborado por un criollo llamado Esteban Rodríguez, músico de oído con un talento, cuentan, sobresaliente. La partitura logró el reconocimiento del Virrey, no obstante el éxito, Esteban se mantuvo firme a sus deseos de independencia, buscando en el llamado folklore su ascendiente musical, despreciando la servidumbre de las cortes. Por desgracia, no se tienen noticias confiables del destino del compositor.
Es de suma importancia, según los entendidos, estar plenamente relajado y consciente- binomio extravagante- para la observación de la partitura, ya que al lograr un estado vigilante se podrá percibir como, de manera aleatoria, los sonidos irán desenvolviéndose vertiginosos y criollos. Para un oído contemporáneo podrá tener una experiencia similar a lo que actualmente es la música caribeña con cadencias europeizantes.
Les dejo, para que disfruten, si así es su deseo, la contemplación sonora de la inscripción o partitura: el Amarillo sostenido en Fa Perdido.
Sergio Astorga

Tinta sobre madera 20 x 30 cm.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

A puerta gayola I

El día estaba afarolado, las nubes giraban en sentido contrario al vaivén del mar. Tenia un mal presentimiento, como si el día estuviera avisado, -esos son lo más difíciles de torear- me decías- Parece que saben para que tiene los pitones. Hoy recuerdo esas palabras y eran verdad, hay días así.
Muy de mañana recibí como de costumbre los tres puyazos en todo lo alto de mi madre: "estas muy gorda" "tienes un carácter que..." "antes me querías". Yo aguantaba vara y me recargaba en el peto de tu imagen para no salir huyendo.
Preparé el desayuno lo mejor que pude y me salí a caminar por la playa para no pensar. De repente, estabas delante de mi recibiéndome a puerta gayola con un:

- Que tal- que me recorrió de testuz a rabo.
- Estela, hombre mujer, que parece que has visto un fantasma.
- Juan, es que no te esperaba tan pronto.
- ¿Me esperabas?
- Bueno, si... parece que todo ha sido una confusión. No has respondido mis cartas.
- Estela, ya todo lo que tenia que decir lo he dicho.

Me sentía nerviosa, tonta, no sabia que hacer, si embestir o quedarme quieta; él siempre con su aplomo, bien plantado y con la mirada firme.

- ¿Te vas a quedar mucho tiempo? - atiné a decir.
- No, solo hasta mañana. Mi mozo de espadas vino a ver a un pariente y como esta cerca la ganadería de Don Ramiro, estamos de pasada, ¿necesitas parné? .
- Oh, no gracias. Vendimos la casa y aquí no tenemos muchos gastos. ¿Quieres ir a tomar una manzanilla o un café?
- Estela, sigues intentando llevarme a un terreno en donde estas aquerenciada y que es imposible. Cada faena tiene su lidia y su terreno. No puedes hacer faena en donde la arena huele a sangre, tienes que salir, llevarte al toro a otro terreno, donde no huela, donde no exista arena removida, porque se va aferrar a ella y comenzará a defenderse y no habrá entrega, así es en la vida.
- Juan, lo intento tu lo sabes, lo pienso y...
- Solo has toreado de salón y en tu mente. Uno trae la faena en la cabeza una y otra vez, eso lo hacemos todos, la única diferencia es que hay que salir al redondel y enfrentarse. Tu no quieres salir, te ha ganado el miedo.
- Me estas dando la puntilla.
- Estela, sabes que yo no soy un chalao. No pienses que solo estoy aprovechando el viaje, siempre te he tratado con verdad.
- Lo sé lo sé.
- Me dio gusto verte y saber que estas bien. Estoy cansado y tengo que ir a sornar.
- ¿Te vas así?
- Estela, tu ya decidiste con quien alternar y no es conmigo.

Te vi partir con donaire, como si estuvieras partiendo plaza, mirando sin mirar a los tendidos. Yo me quedé enchiquerada y rebarba. Sintiendo que el día me había dado un gañafón que recordaría toda mi existencia. Ya sé que he entrado en falso muchas veces, que mis desplantes son ante el espejo. Pero déjame seguir escribiéndote Juan, saber que pude elegir, armar la marimorena contigo y no esta vida capacha que tengo. Mis miedos Juan y ese aferrarme a gente que solo quería verme en la dehesa, pastueña y con la penca altiva. Te recuerdo Juan, y ahora más que nunca y al relance te digo que no vale la pena pensar en todo lo que te quería decir, fui reservona y me salí de la suerte. No te reprocho ni te olvido y la imagen de tu cara comiendo chocolate me endulza este varetazo permanente que yo misma me doy. Si ya sé que es a toro pasado.
He pasado varios días pensando si debía de contarte, a los pocos días de nuestro encuentro en la playa, murió mi padre y como tu decías, ni en ese trance me pidió perdón, de lo que tu ya sabes.
Entiendo que no me contestes Juan, pero déjame aferrarme a tu imagen de tabaco y oro que he mirado ayer en una ola grande que casi me ahoga.
Voy a seguir escribiéndote Juan, es lo único que me hace sentir viva.
Estela.

Sergio Astorga
Acuarela/papel 20 x 30 cm.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Te respondo Juan II

Gemma me lo ha dicho: que vislumbras la posibilidad de visitarme, Juan. ¡Una inmensa alegría me recorre solo de palpar esa posibilidad! Ha sido una larga lidia en donde yo he fracasado por perderle la cara a la situación, acobardarme y brincar las tablas. Mis miedos a dar el paso, mi pánico escénico, esa manera mía de sabotear la felicidad. Arrastro un pasado con mala nota de tienta y no me lo puedo quitar de encima. -Muletazos de castigo tienes que dar para defenderte de la mala leche- me decías cuando te dabas cuenta que mi familia me maltrataba. Yo te culpaba. No entendía que no puede uno ser parida todo el tiempo como si nunca tuvieras libertad. Uno se acostumbra al castigo y manda un gañafón con el primero que se pone enfrente. El primero eras tu y hacías la suerte del Tancredo, sin moverte, esperabas que pasaran mis furiosas embestidas. A veces, y no te culpo, dabas un cuarteo y me ponías unas palabras que parecían banderillas de fuego. Me dolían y mucho, pero ahora sé que estaba codiciosa y no dejaba reponerte. Por eso cuando me dijo Gemma que podías venir, ha salido el sol en mi plaza. No se lo he dicho a mi madre, ya lo sabes, ella te odia porque compite conmigo y piensa que yo tengo que estar en el corral pastando y rumiando mi desgracia de mujer. Ahora comprendo cuando me decías que el triunfo o el fracaso depende del dominio de la situación; que no todo es torear bonito, que se pasa mucho miedo, que se traga mucha angustia y que la faena la tienes que hacerla sola y si es posible en el centro del ruedo. Ahora sé que uno debe querer a un hombre que se planta enfrente del peligro y que esta dispuesto a hacerte el quite con su propio cuerpo para salvarte. Ahora no se que hacer. -Uno tiene que aprender a tiempo - me explicabas simulando un pase natural- el toro te avisa cuando te va a dar la cornada, es un acto de nobleza, te avisa dos veces y si no lo atiendes te mete el pitón sin piedad. Todavía no aprendo, por eso tengo el alma llena de cornadas.
Por eso me vine al mar porque aquí me pierdo, me hipnotiza el horizonte y parece que mis recuerdos pueden estar libres de mis propios reproches.
Te respondo Juan. Te recuerdo. No supe ver lo que intentabas, lo que me querías. Yo pensé que me pretendías aislarme de mi manada y no era así, querías enseñarme sangre nueva, noble y fina.
Te recuerdo Juan y no te culpo si no vienes. Aquí te imaginaré de torero marino encerrándote con seis mozos de agua.
Gracias Gemma y dile a Juan que ahora todos los chocolates ya son de él
Sergio Astorga


Acuarela/papel 20 x 30 cm.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Nos hemos ido a la mar Juan III

Nos hemos ido a la mar porque la tierra ya no es nuestra Juan. De niños alcanzábamos las esquinas de nuestro barrio brincando con el pie derecho y luego con el izquierdo. Llegábamos a la tienda de Doña Rosita a comprar chocolates Carlos V y mazapanes. Tu a veces no tenías dinero y te quedabas mirando la vitrina. Yo, que guardaba el dinero que me daba mi mamá si me portaba bien y le hacia los mandados, te compraba tu chocolate y a veces me alcanzaba para comprarte otro para que lo guardaras y te lo comieras en tu casa. Me daban ganas de apretar tu boca con mis manos para sentir el regusto de tu cara. Eras mi mejor amigo. Te lo dije antes y te lo digo ahora. Comprendo que te haya entrado la locura y quisieras sentir que te desdoblabas a otra dimensión.
- ¡Pisar los terrenos! Andarle por la cara -me mostrabas en medio de la calle con una vehemencia que envidiaba. Nunca te lo dije por tonta, me hubiera gustado que supieras que codiciaba esa pasión, ese no importarte la muerte con tal de envolverte en ese no se qué de los instintos.
- Llevarlo templado controlando su fiereza, de repente sientes que te fundes con él y no te importa nada, te elevas en un torbellino y te olvidas del peligro y de la muerte, que la miras siempre pasar - lo decías con tanta verdad que me llegabas a convencer. Yo no entendía ese deseo de enfrentarse con el peligro. Te confieso: siempre he sido muy miedosa y nunca me he enfrentado a nada por eso hasta hoy me atrevo a decirte que te extraño, que dejaste una huella honda y que aquí te siento todos los días como cuando íbamos brincando por los chocolates. Desde que te marchaste estos terrenos que piso ya no son míos, no encuentro ya la querencia, estoy suelta, sin fijeza. ¿Te das cuenta? Tus palabras las hice mías, me quedó esa manera tan recta de definir los comportamientos de tu cómplice, como te gustaba decirle. Quisiera cambiar de tercio pero no puedo, tengo que decirte a volapié que ya no aguanto esta tierra sin ti y que nos vamos al mar. Sí, mi madre y yo. Sigo arrastrando mi pánico, nunca me puede enfrentar y sigo enchiquerada, afincada en las tablas sin atreverme a ir a los medios. Hiciste bien en irte, aquí conmigo te ibas a amargar.
No estoy triste, ni me he cortado la coleta. Cuando salgo al tercio de la playa y veo como enviste la ola, te siento, te miro elegante con tu vestido de coral y oro con alamares y golpes negros. Te veo como nadas, bailas con los peces que te rondan y te los embraguetas y cargas la suerte, siempre la suerte, la que da y quita.
Voy a liar mis palabras y solo quiero que sepas Juan, que estamos en el mar por si quieres hacer un paseíllo.
Sergio Astorga


Acuarela/papel 20 x 30 cm.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Ya llegaron

El suelo estaba mojado y trato de adivinar quiénes eran. Se oye como llegan, traspasando los sobresaltos; yo estoy aquí en mi cama, aterido de frío. No consigo calentarme. Llevo dos noches plomizas, pardas como las ojeras del abandono. Era febrero, me acuerdo porque el viento azotaba las ventanas y se metía por los corredores buscando la salida que no hallaba. Yo veo borroso, no alcanzo a distinguir más allá de un metro. Ya debían de estar cerca porque escuchaba sus sombras ruidosas. Me habían dicho que era un vaticinio, que ellos llegarían aunque yo no viese nada. La noche seguía, pero ausente, estaba como muerta, hecha una lágrima.

"Yo soy Tayazin, heredero del trono de Atzcapotzalco. Tu padre, Tezozomoc ha muerto. Tu también has muerto. Tu hermano Maztla enterró su puñal en el pecho cuando andabas camino de tu casa"

Uno oye. Pisadas que van, que viene. !Despierta! -escucho, pero mi cuerpo es de fieltro, se adormece, se derrumba buscando no oír, no ver. Tenia frío y sed. Presentía que faltaban muchas horas para que saliera el sol. Me envolví en la colcha para taparme, para que me creciera el día. Me acuerdo, siempre me acuerdo y no me quiero acordar porque me tiemblan las manos. En medio de este amoratado dormir, escuchaba repartidas en todo el cuarto esas voces que parecían alquiladas, falsas, indiferentes.

"Dios te salve reina y madre. Madre de la misericordia, esperanza nuestra. A ti llamamos los desesperados hijos de Eva..."

Para sustos no ganaba. No tenía ganas de pararme de la cama y no quería saber quiénes eran. Así pasó mucho rato, sin urgencias de tiempo como amarrado al hambre de no saber. Solo tenia ganas de resucitar en otro día.

"Naranja dulce limón partido, dame un abrazo que yo te pido"

Entreverándome en el sueño como correteado por coyotes, me aferraba al colchón de mi cama. Estaba boca arriba y sentía calambres en las manos en espera de que el repiqueteo de voces se hicieran pedazos gracias a mi indeferencia. Despierta -vuelvo a escuchar. Ya llegaron -insistía esa voz que se esforzaba en arrancarme el miedo.

"La Pinta la Niña y la Santa María por el mar de las antillas"
Afuera, en la calle, regueros de pasos. Creo sentir todavía como me abandonaban las fuerzas en espera de vaciarme de noche y despertarme. Debería haber gritado, salirme de esa espiga de recelo, pero ya no escuchaba el latir de mi corazón. Nadie vino a verme. Tuve que aferrarme a esa humedad del cuarto. Ánimas que amanezca -me alentaba, encogido en el peso de mi cuerpo. ¡Despierta! -me gruñeron. Supe entonces que habían llegado.
Sergio Astorga

Mixta/papel 14 x 19 cm.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Fruta madura

Había un vago olor de angustia y un blindado desarreglo. Tenía la orientación correcta. Leyó una vez mas: Avenida Lorenzana numero 50.
Nunca sospechó que esa dirección tantas veces ambicionada lo llevaría a un mercado. Curioso, cruzó ese espacio de gargantas múltiples, de canastas y ojos ávidos de compra.

- Pruébela marchanta.

- Llévelo llévelo bien caladito joven.
- A cuatro la docena güerito.
- Si hay, calientitos, cuantos le damos Don?
- Chile ancho, guajillo, morita, cascabel, chipotle. Un cuarto, medio?
- Que va a llevar señor? Tenemos de su talla.
- Pásele, si hay lugar, quiere ceviche, caldo de camarón, huachinango, ostiones, almejas, cazón. Si hay lugar...

Desconcertado vaga, tritura, se ciega, se siente invadido por un torbellino que estalla en sus oídos.
De repente, entre el vocerío, percibe ya como hombre roto, a esa pera madura, pulida, turgente. Se acerca conquistado y revive el tatuaje de su memoria y comienza a cruzar los caminos de la evocación, de la caricia desdentada. La misma nuca curva, el mismo hombro circular. El mismo párpado de espalda, la misma piel visible de la carne; la misma desnudez de alcoba; la misma falda jugosa que se toca; el mismo talle sendero que despeña.

Colgado a la visión no atina a decir: es mía. Sale del mercado y algo madura en su interior. Corre y arde hasta llegar a casa.
Se sienta delante del frutero. Poco a poco se va oxidando su recuerdo en el presente; como un beso, como la estampilla de una carta.
Sergio Astorga


Tinta/papel 20 x 30 cm.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Caballete

No he sido montado
y vago por las praderas.
He nacido mudo pero de línea fina.
Soy caballete blanco
y me arranco violento al rayar el sol.
En mi ojo animal se afila la alfalfa.

Relincho poco porque no me dibujó Picasso.
Mi pezuña no es florentina,
ni veneciana,
ni romana.
Al rapto de las Sabinas
llegue tardío.
Soy un poco cojo.

Cabalgo por el llano.
Subo montañas.
Soy la mañana.
Soy la calabaza de los pintores.
Soy abrazador,
inquisidor,
conquistador.

Me clavan la espuela.
Sangro,
bayo,
callo,
y me convierto en rayo.

Me como las siete leguas.
Camino a la alta escuela.
Me veo vienés,
árabe,
andaluz.
Entrando por el cielo
envuelto en crines
pinceles,
laureles en cruz.

Soy un caballete
al garete.
Sin maja,
sin majo,
sin cuajo.

Me sueño caballo de Verrocchio,
cuando menos en el color negro de mis ojos.
Sergio Astorga

Tinta/papel 20 x 30 cm.