lunes, 21 de noviembre de 2011

Por el Duero


Mañana cristalina,
aurora del agua
suenan los ríos a tu paso.
 
Del Duero al Danubio
tus lunas se bañan.
 
Limonada nocturna,
el aire corona
tu sonrisa binaria.
 
Los números primos,
los números nones,
alcobas azules
al hombro de girasoles.
 
El porte de Porto
camina por Viena,
matemático espejo
de cielo garboso.
 
Un vals,
impio y sonoro
se fija en el muro.
Rumores de ciencia
trabajan el día.
 
Pasaran las horas
entre rojos castillos;
por pensativas tardes
sonaran campanas.
 
Aquí,
a la sombra del olmo,
ondas de luz para
tu cuerpo de agua.

Sergio Astorga.
Tinta china/papel 20 x 50 cm

viernes, 18 de noviembre de 2011

El dorso de la cáscara


En el tórax de la tarde, cuando las horas cuartas cuelgan en la pared. Los jugos gástricos se provocan unos a otros y los molares ya quieren rasgar el alfabeto de la fruta. La sopa sigue humeante emocionada. El aire es metafísico, casi comestible.
Una creatura de sabor crece debajo de la mesa y tú no llegas. 
No me preguntes porqué quise saber lo que había dentro de tu cáscara.   

Sergio Astorga
Acuarela/papel 50 x 70 cm.

jueves, 3 de noviembre de 2011

A todo gallo


Parecía que la mañana copetona estaba entretenida en despertarse. La ciudad avanzaba quebrada entre los automóviles. Con el estómago vacío la rutina de todos los días se apoltronaba en el sofá. Un chorro de luz penetró por la ventana, limpio las sombras, y se pudieron afianzar en la alacena los platos y tasas ordenados según los cánones de la prisa. Una media docena de recados permanecían atónitos pegados en el refrigerador. Sin hacer conclusiones obscenas, todo parecía normal hasta que comenzó a filtrarse, para después invadir todo el ambiente, un aleteo brusco, descomunal. Un anacrónico estruendo se cuajó en el aire.
Puntual, desde la recamara, el gallito despertador apareció en escena.
Sergio Astorga
Acuarela/papel 20 x 30 .cm

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Día de Muertos

Dicen que la plusvalía,

otros que fue pleitesía,

lo cierto es que sus huesos

embargados los tenían.


Por andar de algarabía

se les rompió la alcancía.

Dicen que fue por abril

cuando perdieron perfil.


Yace aquí la blogería

con su sonrisa bruñida,

nos dicen que con la vida

no vale la economía.


Tristeza de ruiseñores

cantan las glorias y hazañas

de los blogueros ufanos.

No metieron ni las manos.


Beso frío el de la muerte,

antojo que no se lleva:

confundir la fruta sana

con la piel de la guadaña.


¡Ay flores de cempasúchil!

¡Veladoras encendidas!

De morado es el huipil

de la red entristecida.


Sergio Astorga

Acuarela/papel 20 X 30 cm.

viernes, 21 de octubre de 2011

Clarita y su día

Para sorpresa de todos, su aguante pastueño viró hacia la obscenidad. Opinión de toda la manada que irritada, bufaba por el establo. Era tal el bufar que se acercaron otras animalidades vecinas.
- ¿Qué pasa? Preguntaba el vecindario.
- ¿Que ya no quiere? -Dijo el cornudo padre.
- ¡Infame! -Dijo el hermano manso.
- ¡Ingrata! -Dijo la madre estrecha.
Clarita sin resuello ya no quiere dar su leche.
- Que tiene la ubre inflamada de tanto apretón. -Dijo el gallo.
- Que tiene el lomo caliente. – Dijo la gallina.
- Que tiene patas para correr. –Dijo la yegua.
Clarita, con una abulia pinta y con la soga al cuello volvió al chiquero.
El día clareaba.
Sergio Astorga
Acrílico/tela 40 x 60 cm.

viernes, 7 de octubre de 2011

Aviso Oportuno

Por mudanza de género vendo menaje de caballero en buen estado. Libros por digitalizar; se aceptan inquisiciones benévolas.
Interesados contactarme en:
Sent from my iPhone
Sergio Astorga

Acuarela/papel 30 x 30 cm.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Bajo par

El último golpe fue maestro. La pelotita blanca viajó en línea zigzagueante hasta caer en el hoyo negro. El famoso juego de dados se opacó ante el hecho consumado de que todo queda bajo tierra.

Sergio Astorga

Acuarela/papel 20 x 30 cm.

martes, 20 de septiembre de 2011

Regreso al Puerto


Me detengo aquí, de nuevo agua.
La misma desnudez fria que se mueve.
El mismo sabor a piedra y a gaviota.

¿Qué ciudad es la nuestra,
la que queda atrás o la que pisamos?

Aquí ya no hay grandeza, han derrumbado las velas
y todos lo marineros antiguos se han ido ya de shopping.

Buscaré los placeres diminutos, cuidadosos, del destierro.
El perfume de la memoria abrirá sus portones
y el tráfico inédito de los días
quedará prendido en las hojas de la begonia.

No hay tristeza vulgar en las noches, no,
ni el vino ha perdido su coraje,
es sólo ese olor a podrido que llena,
sofoca, aturde lo que quiso ser brillante.

Si alguna vez encuentras Ítaca
y te es grato estar de pie
es una suerte que sólo tienen los audaces.

Ven por mi. Si quieres.
Sergio Astorga

Acuarela/papel 56 x 76 cm.

jueves, 8 de septiembre de 2011

A lo lejos


Caído en la noche el agudo negro es espiado por el astrónomo, que caviloso, lento como un buzo, rebusca de lejos con su ojo de vidrio el abrazo mudo de los astros.

Adivinando su gesto de hastío, la galaxia 3.16 arremete contra la "ostra nova" con la misma fiereza de sus astronómicos años.
Desvelado, el astrónomo llena sus atmosféricas dudas con el mismo convivir de los cielos en su anestesia interminable y amoroso, espera el despuntar del día.
Sergio Astorga

Acuarela/papel 60 x 80 cm.

lunes, 29 de agosto de 2011

Terapia Frutal


Preocupado por el estado anímico de la guayaba, compré una papaya para que cuando menos, por tener la misma vocal repetida tres veces se sintiera mejor.

Creo que fue buena idea.
Sergio Astorga
Acuarela/papel 14 x 19 cm.

jueves, 25 de agosto de 2011

Espinado


La vocación de llegar siempre.
Anudado a la brújula en la habitación de las ausencias.
Llego espinado con ruidos de puertas y ventanas.
Llego de los ponientes geológicos.
Con un ademán solar y una inmóvil mirada.
Me cercioro que no hay nadie cerca,
sólo la penumbra de los cactus dejados en un jardín que ya no existe.

Estas carnosas palabras son para ustedes.
Para conspirar.
Para respirar.
Para que el ritmo con su antifaz sonoro perdure.
Para que del otro lado nos digan lo que somos.

Porque estoy confundido por llegar y crujir.
Porque el derrame del agua me convence.

Por el temblor.
Por el temor.
Por la oscuridad que espina.
Hoy voy llegando,
por la puerta de atrás del Abarrote.
Sergio Astorga

Acuarela/papel 20 x 30 cm.

lunes, 11 de julio de 2011

Derrumbe en la gruta

Hay un lugar que entra cuando el viento corre libre,
y los angostos pasillos se obsecionan por llegar.
Ciertas cavidades comparten su oquedad
y algunas astillas
se clavan en lo que eramos
porque lo que somos ya no importa.

La brújula en el crepúsculo y los niños de la aldea
juegan dezcalsos por el barro.

La tarde recorre los últimos tramos de luz y sus actos ya sombra,
se perfilan en los umbrales de la gruta.
Las voces de aquellos mercaderes ya no se oyen,

El chillido del agua cae hasta el fondo y naufraga.


¿Porqué se escucha la membrana del abismo como hembra en celo?
¿De dónde llega este bisturí silencioso abriendo la herida de los muertos?
¿De qué rostro sanguíneo viene esta tierra de mis uñas?

El tacto pregunta por el zumbido corrosivo de las moscas.

Te siento parte de esta caída porque no me conoces.

La memoria cambia de sitio, se pierde, vuela.
Un animal ha de ser el que ronronea en la piedra,

un petroglifo de perfiles bruscos y borrosos.
Un picotazo de ceniza entra en los ojos y se trasponen los altares.

Este negro boreal asume sus labios y los cierra.

¿Cómo elegir el arma cierta, arco flecha o azada?

¿Quién escucha y se viste y se marcha sin estela?
¿Cuándo llegará el resorte de la niebla que nos libere?


Hay un agujero que se llena y se derrumba.
Golpes ciegos.

Sergio Astorga


Tinta/papel 14 x 20cm.

martes, 21 de junio de 2011

Marino amor

En la piedra marina la pisada del agua latitud norte. La foca y la morsa zampaban sus miradas de sal como náufragos. El frío masculino se extendía al fondo del mar y los peces asustados dieron la vuelta a sus escamas y brillaron al sol con saña. Las medusas se zambullían al roce.
La foca hundía su mordedura por el cuerpo de la morsa entre algas marrones. La costa era lejana y el faro inútil al medio día, esperaba las sombras para recuperar el tacto. Las perpetuas olas sonaban a trenes submarinos y la espuma encadenaba la blancura en la orilla.
El océano y el viento silbaban el marino amor sacudiendo entre las mentes: el cristal veleidoso de los géneros.

Ya sin timón, cuando el marino amor prospera, en la arena se dibuja un mapa, por ventura, que marca para otros marinos la manera de encallar el desencanto.
Sergio Astorga

Acuarela/papel 14 x 19 cm.

viernes, 17 de junio de 2011

Entre ruedas

Rolar sin designios de mercurio o de tameme con el único fin de rimar la calle con el valle, la bicicleta fue inventada, porque fue inventada, con el principio básico de repartir la humanidad corpórea sin distingos de género a todo lugar donde la rueda, principio básico, pueda rodar.
En palabras llanas, Facundo pedaleo sin parar hasta que el trolebús lo dejó impactado en una nueva intertextualidad.
Sergio Astorga.

Acuarela/papel 20 x 30 cm.

martes, 14 de junio de 2011

El elefantilo amoroso

Oteando su sintaxis gris de paquidermo, el elefantilo levanta su trompa y un gran acueducto amoroso se desparrama por la estepa africana. No quiere inventar un ágil encuentro con la amada, se esfuerza por explicar su volumen con la ternura que le aguarda detrás de sus orejas. No será con la esgrima verbal con lo que logrará su conquista y es la prudencia de su memoria lo que fascina. Esquiva sus marfiles y le sirve de brújula el instinto de manada. Nadie sabe que su enorme intimidad lo tiene atrapado en un balbucir incomprensible. Obstinado, anda por verdes de artificio. Nadie lo mira. El viento no trae el perfume de la amada y otras faunas lo confunden. Su esfuerzo solar no trae el triunfo nocturno y ausente, el horizonte pulimenta su sueño zoomórfico de amante.
Sergio Astorga

Acuarela /papel 58 x 22