lunes, 2 de febrero de 2015

Engatado


Sólo lo miraba. Le buscaba los ojos. Paralizados, fingían dominar la situación. Sobre las escaleras el pequeño gato parecía suspendido en su arrogancia. Un volumen quietísimo y una luz intensa parecía convertirlo en estatua. 
Tomás, no podía subir las escaleras y entrar a su casa. No era la primera vez que se encontraban. Los primeros encuentros terminaron mal. Las cicatrices en los brazos así lo atestiguaban. Aprendida la lección, ahora permanecía quieto mirándole a los ojos. Retándolo. Desafiando por instinto, la dignidad de la especie. El gato con mas historia, sabía dominar su miedo e impasible dejaba que Tomás, lo imitara.
Cuando Tomás sentía la victoria cercana, un aterrador grito le cortaba la concentración.

- ¡Tomás! Qué tanto haces que no subes. Que se enfría la sopa. No tengo todo el día.
- El gato no me deja pasar.

Dos manos aferradas a una escoba y una mirada aterradora, lograban resolver el enigma del triunfo tantas veces anhelado.

Fotografía. Escaleras en la Rua de Barredo. Centro Histórico de Porto, Portugal.

viernes, 30 de enero de 2015

Brevedad IX


La brevedad como el pan: con poca levadura y mucha mantequilla para que discurra. 

jueves, 29 de enero de 2015

El giboso


Cargado de occidente, con sus cielos de amor y de platino relincha a cada paso. Poco a poco sus pesuñas se hicieron planas, tal era el peso de los símbolos. Se cuidaba así mismo, era víctima y verdugo a pesar suyo. No se preocupaba del futuro, porque el peso era tal, que desde que fue comido el primer cadáver y se atravesó la primera pradera, su talante se volvió indiferente al instinto de conservación. Nunca gustó de los héroes, ni de los habladores con sus férulas de deseos; ni de los niños que no crecen. Sus caídas tienen la arquitectura de la soga. En su grupa se entumen las bacterias y los dolores de los pueblos. Su pasión guerrera no ahuyenta de su aliento el martirio de los que nacieron de la cópula de hembra. 

Le llaman el giboso y su reino es metódico y extenso. Lento y colorado arrienda su físico al cansancio.
Los que usan zapatos y tienen deudas, dicen que el plural es mejor que el singular. ¿Lo quieres ayudar? Se solicitan voluntarios.

Tinta/papel

martes, 27 de enero de 2015

Profesor de ocasión


Lo que era de llamar la atención era su peculiar manera de husmear por la vida; su capacidad de equilibrar las situaciones. Se cuenta que cuando llegó de viaje se convenció que ya nada le pertenecía. En vez de reclamar o sumirse en la melancolía, deambuló por las calles, siempre al este, durante cuatro años. A su regreso hablaba  con la prisa del profesor eventual. Difundía sus aseveraciones a diestra y siniestra, ya que los profesores definitivos  esperaban sentados en sus escritorios la llegada de la jubilación ( tal era su cansancio por decir). Eulalio de Bragança, que así decidió autonombrarse, afirmaba: no hay nada ajeno al hombre, por eso de todo participo, ya observando, ya nombrando. 
Tolerado, más que respetado, el devenir de Eulalio de Bragaça transcurría en una dialéctica inalterable. “Si lo primero fue el llanto, luego entonces, estamos en el llanto. Lloremos” concluía después de conversar con cualquiera que se cruzaba en su caminata diaria por el este del vecindario.

Un día, curioso por la fama ya ganada de Eulalio de Bragança, un industrial adinerado quiso sacarlo de su lecho de confort (expresión muy usada en la época en que estos hechos se sucedieron) tratando, primero de sonsacarlo y después de sobornarlo. Le ofreció construir una colegio donde pudiera impartir sus enseñanzas. Yo no enseño, recibió el industrial como respuesta. Las cosas ocurren y yo sólo las nombro o las señalo. No me interesan los discípulos. Eulalio de Bragança continuó su camino siempre al este dejando, la última afirmación de que se tenga memoria: Señor industrial, no ha escuchado aquella sentencia que dice: la ocasión hace al profesor. 

Mixta/papel

lunes, 26 de enero de 2015

Momentos de humo


Todo va hacia arriba, la ciudad se arrebuja para sentirse altanera. La vista termina en la punta y no prosigue porque la altura marea. Los perfiles tienen vocación esbelta y la fuerza descomunal de pasar con la prisa de un día de trabajo, se detiene en ese preciso lugar: la esquina que se forma entre la R. Sá de Bandeira y la R. de 31 de Janeiro. Amaranta, compraba su tabaco en esa esquina, un mazo rojo con delgados soldaditos dispuestos a incendiarse a la menor provocación. Gustaba cómo el humo se enroscaba en cúpulas, áticos, remates y no le importaba la capa de ozono, ni la relatividad de las opiniones, ni la sucesión presidencial. Ella, Amaranta, chupaba su cigarrillo deleitosamente. 
No se quiere mover, espera a que el humo se disipe en lo alto. Los ojos marchitos; la pasión en la boca, las canas, las arrugas. Amaranta, enciende otro cigarro.

Fotografía: Desde la Estação Ferroviária de Porto-São Bento 

sábado, 24 de enero de 2015

La bailarina


Un altísimo suspiro giró de puntitas por el escenario. La temperatura se tensó sobre los muslos. El aliento se detuvo elegante entre las manos y con una estética cordura, el tiempo se quedó sin tiempo.

Desde lejos, con la mirada sostenida, nuestro cuello volvió a su inicial apoyo.

Mixta/papel

viernes, 23 de enero de 2015

Revista Literaria Letras de Chile



Recibo con enorme gusto el esfuerzo hecho revista de la Cooperativa Letras de Chile. Número especial. Experiencia única que desea prodigarse bimensualmente. Azarosa es la vida cultural, no exenta de duelos y festejos. Buscar patrocinio, es el calvario del creador. Por eso este primer latido, ya impreso, tiene el dulce sabor de la naranja recién partida.
Agradezco a su comité editorial y especialmente a Lilian Elphick su invitación para colaborar en la sección llamada Brevilla. 
Es a partir de esta Brevilla, que surgió lo que después ustedes conocen como Astorietas, así que es su antecedente, para estar a tono, su Matria.


Larga vida deseo a la Revista Literaria Letras de Chile. Este abarrotero brinda con mezcalito del 
bueno.



jueves, 22 de enero de 2015

La ciudad y su esqueleto


El esqueleto de una ciudad se sustenta con el tiempo que la construye. No el tiempo que pasa indiferente entre los astros, sí, el tiempo que se pasa de una mano a otra de sus habitantes, sin saber, que construyen su osamenta. Es un riesgo de estilo, un olvido de emociones, pero un rastro firme de su paso. 
El temperamento de una ciudad, escuetamente hablando, se forma con varias capas. Cuando más vemos sus articulados momentos, el horizonte deja de ser insípido y lejano,  para convertirse en un semblante reconocible y habitable.
El ojo abarca las edades y una funeral paciencia reconstruye la historia,  como si el todo fuera ese minúsculo universo que nos toca conciliar.
Rugidos y plegarias afinan el sonido que cada ciudad presume. El aire finge no saber del pasado y se mueve lento, detenido por el rayo de luz y la consciencia. 
La ciudad es un momento estético, sólo así podemos soportar la tristeza de transitar el futuro ocaso ya esperado, porque toda ciudad es un amor que llega tarde, tan empeñados estamos en derrumbarla.

Fotografía: Vista do ponte D. Luis I e a Muralha Fernandina. Porto, Portugal.

miércoles, 21 de enero de 2015

Torerías


La faena era encontrarse. La belleza animal lo iluminaba y nunca dejó de saberse danzante entre las sombras.Todos los días avanza en ese redondel fatídico y cuando más se acerca menos sabe de la luz de Prometeo. Es una gran fiesta eso de vivir entre dos mundos. Cargar la suerte o huir despavorido. Por mucho brillo la soledad es una. Ejercer un oficio es cosa de limpiar los pitones con la propia carne, por eso es difícil unir los fragmentos de cada tarde en una sola forma.
Encontrarse es una revancha del miedo. Eso lo sabemos todos tarde que temprano. Por eso brindamos, por si alguien nos observa.

Acuarela/papel

martes, 20 de enero de 2015

Por la pena Ventosa


Los vértices fueron quemados por el abandono. Hubo un día, por los años medievales, que los vientos bajaron remordiendo las orejas de sus habitantes. El humo de leña  y los vasos de vino dejaban intacto  el eclipse del futuro. La señora Brites,  lo sabía, imaginando la destrucción causada por esos numerosos  brazos que pasarán por  su calle; su peñasco venturoso. Aveces ella descendía en su recuerdo y trepaba por las rodillas de su abuela para escuchar las historias de cuando llegaban del sur,  esos hombres de olor ácido en las axilas y en la boca, pero que contaban historias fascinantes. Como aquella de la niña que fue llevada en las ancas de una yegua para venderla a un príncipe muy bien sucedido. El príncipe, al ver a la niña, de obvios cabellos rubios y piel lozana - no voy a contradecir los recuerdos de la señora Brites- quedó tan enamorado que durante quince días no se movió de su castillo, provocando el disgusto de no pocas mujeres mayores y menores que eran cortejadas con la esperanza de buenos esponsales. Pasados los quince enamorados días, el príncipe volvió a sus correrías habituales, tanto matutinas como nocturnas, visitando habitaciones femeninas cercanas y lejanas a su reino. La niña, al verse abandonada comenzó a urdir de nuevo su honra. Infatigable, comenzó a ganar adeptos en el burgo. Buena administradora, no había comercio que ella no tratase con ganancia y sano juicio. A la señora Brites, le gustaba esta parte de la historia, ella, ya madura, es decir, con 20 años de su edad, había conseguido que su Pena Ventosa fuera próspera gracias a las mercaderías en oro, plata y telas que comerciaba. La niña, la de la historia, amasó tanto dinero y belleza, eso nos cuenta el recuerdo de la señora Brites, que gran parte de su fortuna la destinó a la compra de niñas núbiles que sus padres ponían en venta. Negociar era lo suyo, así es que llegó a tener lo que hoy sería un albergue de mujeres agraviadas desde la cuna. El príncipe,  virilmente cayó en el enojo y mandó decapitar a la niña. Ella, avisada por una de sus protegidas, escapó una noche veraniega en las ancas de una yegua. La señora Bites temerosa del destino, le preocupaba correr con la misma suerte. Cada día, los padres enterados de las cuantiosas sumas que pagaba la señora Bites para rescatar a las adolescentes, llegaban por miles de lejanas tierras a ofrecer a su hijas. Fue el tiempo de la bonanza en las hosterías y posadas que circundaban la Pena Ventosa. Abrumada y desencantada por no recibir ningún apoyo de todas las adolescentes, acostumbradas a lucrar con su castidad; una noche de enero, cuando el viento parecía comerse los oídos, la señora Bites, tomó el cofre con el dinero que le quedaba y partió con rumbo desconocido.

Algunas adolescentes volvieron a su casa paterna, otras trataron de encontrar refugio en los claustros, las más quedaron con varón y tal vez, alguna irreverente encontró acomodo en las universidades, en Coimbra o en París, o Salamanca. Durante noventa años la casa de la señora Bites fue convertida en una casa de citas muy afamada que se le llegó a conocer con el apelativo de Ventorrillo. Después, fue una casa de costura, y antes del abandono, fue droguería.
Hoy, sólo el viento baja raudo por la pena*.   

*En portugués la palabra pena puede significar peña( morro). Juguemos con la acepción de pena como dolor (usado tanto en español como en portugués). Pena también es la extremidad de las aves (ala).
Fotografía Ruada da Pena Ventosa, Cetro Histórico do Porto, Portugal

lunes, 19 de enero de 2015

Brevedad VIII


- Fuimos breves
- Como un suspiro.
- Una sílaba apenas.
- Un cruzamiento de signos.
- Sólo el cadalso.
- Y esas horas coaguladas.
- Entre brumas.
- Los gendarmes vigilantes nos están mirando.
- ¿Dónde?
- En esta brevedad que se consuma.

viernes, 16 de enero de 2015

jueves, 15 de enero de 2015

viernes, 9 de enero de 2015

jueves, 8 de enero de 2015

Ángeles crecidos


En lo mas hondo de la vieja ciudad, antes que las alcantarillas humearan la respiración de las entrañas terrenas, ellos ya se frotaban las alas con alcanfor. Con el silencio endurecido y los riñones repletos como cualquier mortal, se pasean al alba. Son profesionales del desprecio porque son sordos a las suplicas. Muertos de sueño, andan fugitivos de alegría tatuando con su orines las paredes de los edificios. Cambian de sexo con gran frivolidad, con la esperanza de engañar a los necesitados de caricias. Quien los mira, piensa en lo sagrado para enloquecer en el fango de la promesa no cumplida. Como una pena ya sin piel, ellos tienen una alta calma y machacan con cinismo las pocas rebeliones emboscadas en los prostíbulos.

Con el hambre del varón y el misterio de la hembra, se reproducen así mismos como el miedo. Si los miras al alba en cualquier época del año, no te engañes, son los Ángeles crecidos. No hay triunfo ni consuelo en este encuentro porque la rabia se limpia los colmillos.

Tinta/papel 20 x 30 cm.