Se le enredó el corazón con sus alas. Su persona quedó trenzada, su vastedad se estrechó de amargura. Remendó su maldad y ni así pudo ser útil en su tortura. Desde lejos parece un caracol sordo y craneano. Quisiera darle un ayuno de ciudad nueva. abrirle los brazos y darle el desayuno en plato nuestro. Si hubiera encontrado su cielo no estaría con esta frialdad en su cuerpo. Se le cayó la súplica. No sabe que hacer. Su dignidad ya es tardía.
415. Antón Chéjov IV
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