Algunas columnas llegan al delirio.
Fotografía: Convento Jerónimos, Lisboa.
Ese animal celeste que se mueve, ¿lo has visto?
Ese polvo celeste que tímidamente entra entre los ojos, ¿lo sientes?
Ese catalejo que tienes en la mano ¿te dice algo?
Ese cuerpo de mujer que descansa en la atmósfera, ¿la conoces?
Es nocturna y magnífica, ¿lo sabes?
Que buena noche. Se funde Rosario con la luna.
Que extraño es el fuego sin chasquidos. Alguien de seguro se los ha llevado.
La casa está vacía sin Rosario.
Ya lo sabes.
Difunde.
Con dentelladas secas abandona la calma. Su sangre se congela espumosa, enamorada. Día tras día, se le pasa la noche. Recoge las sábanas y sus mentiras. Sigue el rastro del difunto amor. La cena aquella tan cicatriz ahora. Es otoño decía, todo florece blandamente como la caricia. Carne de amante, tenía frío en el cuerpo y el perfume era tabaco.
Si no fuera mi hijo... no sería hostil olvidarlo.
Lanzada en el frágil rugido de nuestras vidas, Constancia, con su endeble coraza protectora no pudo escapar del puño devastador del hermano.
Su existencia dio un giro imprevisto, el aire traía un sesgo diferente, un horizonte sin alas la tumbó.
Hasta el final no perdió su porte, sin altanería entre las hojas, descansa bajo tierra el amor fraternal que le obligaron a creer desde pequeña.
Construir es tan antiguo que las técnicas físicas y emocionales han estado unidas, al fin humanas. Construir ventanas y vanos ha sido una preocupación funcional y estética. La ventana y su alféizar también han estado unidos. Su asociación es de miradas. Hay un afuera y un adentro. Todos los pueblos, por tanto, todas las civilizaciones han tenido la preocupación de la intemperie. El alféizar no sólo es apoyo y resguardo, sino también, es la antesala, para el que esta dentro, de un paisaje, natural o urbano.
Este pequeño texto es seguido por una especie de refranero que sólo tiene la intensión de jugar a mirar apoyado en un alféizar verbal, porque todo alféizar nos dibuja la sonrisa.
* No en vano el alféizar detiene la caída.
* Antes de mirar el alféizar te resguarda.
* Al que tiene alféizar con la mirada gana.
* Ventana que no tiene alféizar no tiene horizontes amplios.
* No hay codo que no quiera alféizar ni pasaje que se le niegue.
* Quien no siembra un alféizar recibe las tempestades
*Tal para cual: abismo y antepecho.
* El alféizar con ventana y la puerta con aldaba.
* Piensa la ventana que todo alféizar es de su condición.
* El estilo es al arquitecto lo que el alféizar a la lluvia
* Quien se pone detrás del alféizar nunca se moja.
* Alféizar viejo no para la lluvia.
* Todo arquitecto tiene un alféizar sobre el plano.
* El mundo se apoya en el ojo y éste en el alféizar.
* Para tener paciencia no hay como una ventana y buen alféizar.
* El que se moja en el alféizar tiene mal arquitecto
* En casa del ingeniero, alféizar partido.
Sergio Astorga para Que Responda el Viento.
Algunas columnas se alinearon para el paseo y las cuitas amorosas del devaneo.
Fotografía: Parque Infante D. Pedro. Aveiro, Portugal.
Fotografía: Espinheiro, Portugal.
De lineas puras es Cristina, con pensamientos de alba casta, vivía como un maniquí en la Calle de San Simeón. Su belleza, circuncidada por miradas de carne. Miradas que muerden, le dieron una esbeltez como de día que se pierde. Ella, muy urbana, acostumbrada a la Babel de infancia con su vista candente desmoronaba los impulsos viriles de sus hermanos y vecinos. Su padre, ya muerto, nunca logró llegar a su boca. Su voz nunca la toco y por eso la fuerza de su silencio le dejo distante y alegre de no sucumbir a las palabras dulces que engatusan. Nunca será atada a la imagen de muñeca.
Tu serás el fulgor altivo de tu porte.
Algunas columnas se acomodan según las circunstancias. Nunca por estilo.
Fotografía: Oporto Portugal.
Era un animal portador de alegría. Desalentaba la lágrima y los somníferos rostros de los aburridos, casi todos, habitantes de cualquier ciudad.
Auroral, con su rostro limpio y de boca larga andaba por las calles. Le gustaban los calcetines rojos y en los bolsillos llevaba huesitos de chabacano para jugar en las tarde de calor cuando los niños despanzurrados dormitaban en los parques. Como biblioteca ciega, inútilmente exploraba el azar de la risa y su sombra. El mundo se deforma cuando se recolecta esa retórica de los límites.
A nadie le importa, la algarada de rapacidad humea en los ministerios y como las cigarras, su humana pereza se gasta de tanto rostro agrietado.
Si lo miras en un gris octubre, tendrás el antídoto con esa risa simple del presente.
Inventor de vuelos probables, Heriberto, desde pequeño hacía maquetas, planos, coordenadas, sin importarle la fiabilidad de sus proyectos. Admirador de Ícaro, sabía que la libertad está en el vuelo. A dónde ir, se preguntaba al despertar los párpados. Ebrio de las ansias de altura se convirtió en amenaza viva.
Con el ahorro de años compró un billete para subirse por primera vez a un avión. Con la promesa en los ojos, ya se sentía pájaro. Esperó el gran día. De pronto, en los altavoces una voz blanda dio salida a la desgracia: "Informamos que todo los vuelos han sido cancelado por mal tiempo"
Un rigor frío y una cólera de estar en tierra le nació en el cuerpo y se escucharon pisadas contra el aire salpicando nuestras caras.
Te dije que la luz me sobrecoge. Se unta temblorosa. Medita en hoguera. Así llega octubre, me guardo en ello y presupongo que tú también.
Lo espero entonces.