sábado, 6 de abril de 2019

Pájaro de cubo azul



Ese pájaro se comió al mundo por sus malas compañías, ¡malhaya! como el joven poeta que  babea  cuando encuentra al endecasílabo coqueteando con la octava real. Así, lo picó y se lo trago. Se instalaba en el umbral del día.  Gorjeaba cifras de planes de vuelo o de canto.  Sabía que sus alas eran fuertes. Ejercitadas en los manuales rigurosos de aterrizaje y despegue. La única prueba que tengo de haberse tragado al mundo, mi mundo, es esta levísima sensación de estar representado en un cubo azul y transparente. 
Creo que soy mala compañía puesto que me siento incómodo. Torpe, ocupado en encontrar la cuadratura. Soy otro y no me reconozco.
Cautivo al cuadrado, ejerzo mi derecho de contarlo. Salve.

jueves, 4 de abril de 2019

Sexagésima segunda lección




Lo insólito queda suspendido como la ropa tendida, como los faroles, como el recodo entre la ciudad y el aire.

Fotografía: Ruas de Porto, Portugal.

sábado, 30 de marzo de 2019

Sexagésima primera lección



Algunas torres son tan punzantes que inyectan de gris la nube blanca.

Fotografía: Nuremberg, Alemania.

viernes, 29 de marzo de 2019



Esta es la historia tres amigas que salieron a escena un frágil día de marzo. La función se daba en plena calle. Una improvisado bambalinón daba el espacio teatral necesario. Poco a poco se fueron reuniendo los atónitos espectadores, que en círculos, comenzaron a llenar la plaza.
La primera salir fue la “Cucharona” con un bamboleo digno de la mejor sopa, danzó como preámbulo a la salida de la “Jarrona” que con grandes aretes iba de un lado al otro del escenario dando vueltas sobre su propio eje. De repente, entallada, apareció la “Copita” caminando a pasitos, como si la esbeltez le causara trabajo. Ante el mutismo de las tres actrices  y la creciente desesperación del respetable, llegaron tres hombres a vender en grandes canasta de mimbre taquitos de guisado, arroz con huevo y frijoles con chicharrón en salsa verde. Pronto se vieron grandes vasos de tepache pasar entre los manos de los contentos espectadores que de espaldas al escenario comenzaron a escenificar una verdadera 
comilona. 
Las actrices gesticulaban con sus caritas sonrientes satisfechas de atraer la atención para que sus maridos llenaran sus bolsillos con monedas y billetes que darían lo suficiente para modificar su vestuario y ponerse a la moda Gourmet.

miércoles, 27 de marzo de 2019

Trío partido en Do ma no tanto



Más allá del oído. En medio del foro dos chelos y un piano. Cerca de mi cuerpo crece el nosotros, el sonido que se talla y se percute. El tono es mayor, en un Do sin amarillos trinos, ni azules insípidos de blancas. Sólo las semicorcheas llegaban intensas como si tuvieran olor y pudiera escucharse, como si fueran de papaya o de plátano. En vano disimulamos no estar confusos, en el programa era un Johannes Brahms conocido, taciturno. No podíamos ignorar el cambio. Vibramos complacidos. Algo se expandía entre nosotros. Nos desvanecía. Convenimos dejarnos llevar. Los músicos, adúlteros, se veían sinceros, conmovidos. Llenos de teatro, de escena, vivimos en conciencia la hazaña de la improvisación. Al fin de cuentas, el alma en un teatro se conmueve de azar.  


martes, 26 de marzo de 2019

Sexagésima lección



Toda abertura tiene punzantes respuestas.

Fotografía: Alfândega, Porto, Portugal.

sábado, 23 de marzo de 2019

Remontar Quincuagésima novena lección



La distancia es gradual cuando se sube. La más cara presencia está en la sima y saciamos nuestro apetito de horóscopo. Aposentamos la trompeta del juicio. 
Pasmo y gloria de toda escalera.

Fotografía: Cadeia da Relaçao, (escadas) Porto, Portugal.

viernes, 22 de marzo de 2019

Noche neón



Luz de azul transparente y manos cálida hacían con el teclado florituras sonoras, esponjosas bombas melódicas nos llegaban como ese vino tinto siempre en escena. Éramos cuatro. “La Güera” Manatilla, esposa del “Trovo” Manuel mostraban su ritmo golpeando el suelo intensamente. Cuando entró en escena el contrabajo, Ana se meció el pelo como saludando la lujuria, fingimos no verla. Nuestras velocidades, distintas, dependientes del ánimo, nos unían. Deformados por los tragos  intensos entablamos un duelo con el fervor del saxofonista que soplaba como un sueño recurrente en una gama de medios tonos. Cuando entró el bandoneón una melancolía nos puso en el discurso contrario, el alma se nos encogió y un frío seco no corrió por el cuerpo. Como un perfume mutilado se escanció en la mesa un remordimiento intemperante.
Fue tan grande nuestro silencio que al terminar la música, estallamos eufóricos, como si nuestra garganta diera de nuevo ese primer grito de existencia que nos sale al paso de la noche.

miércoles, 20 de marzo de 2019

Enchufados



Era un hombre enchufado a sus sentimientos. Sólo quería, después de los cuarenta, elegir. Probablemente no era necesario vivir siempre en alta tensión. Al final del día le dolía el cuerpo. Hubiera sido tan fácil elevar la hipocresía y sacarle partida a sus arrugas. Ese aire afilado, ilusionaba, es cierto, pero su desaforada energía no justificaba esa insistencia de ser atendido. Ella tiene razón, tanto fragor energético le provocaba un corto circuito. Como él, también se sentía exhausta al final del día por motivos diferentes. Él por intenso y ella fundida por exceso. 
Sin embargo, cuando se besaban en los ojos se volvían a conectar. Aflojaban los brazos, se murmuraban y buscaban mantener una corriente alterna. 
Elegir, al final de cuentas tiene que ver con la frecuencia. 

martes, 19 de marzo de 2019

Encuadre



En la calle desierta la casa en ruinas, entra la luz gris casi blanca por las desvencijadas ventanas. Alguien llega y parte, ojos que se desprenden. Siempre es así, un espacio entre el bullicio y el abandono. Quién sabe si antes de mí, otro miró cómo el lugar del patriarca se fue volviendo espíritu, presencia inalterable y nula. La errancia tienen nicho, como la voz, enuncia y calla. Así es la distancia vista de cerca. Cada arribo es una despedida. Escueto es el momento. Ni un indiscreto verdor, sólo el gris como una ballena que sale a respirar. No se enturbia, no vacila ésta suspensa luz en las pupilas. La encarnación del futuro toma el barandal oxidado. La vieja tristeza charla con una franqueza que calma y enamora. Por esta calle vacía hay una noble lentitud, por eso todos los turistas vienen a tomar fotografías. Se juntan los universos por momentos. Por si acaso, eres bienvenido.

Fotografía: alguna ventana abandonada antes del boom inmobiliario. Porto Portugal.

viernes, 15 de marzo de 2019

Quincuagésima octava lección



Un cómplice tiene la gracia del goce y la discreción de la fiebre.
La avaricia de los labios nunca fueron mejor vencidos.

martes, 12 de marzo de 2019

Sexagésima quinta columna



El suceso en algunas columnas se empalma decorativamente en el frontis para no ofuscar el ánimo.

Fotografía: Porto, Portugal.

lunes, 11 de marzo de 2019

El Señor Flores



El Señor Flores descubrió que su diafragma se expandía excitante. Como filósofo naturalista  aceptó la transformación de su cuerpo al sentir la clorofila como alimento único desde ahora. Sus coetáneos decidieron regarlo todos los días cuando el calor arreciaba. Por noviembre, su hermana lo podaba y le cantaba esas canciones que consuelan al ser escuchadas. Sonoras y rítmicas lo hacían danzar, mas bien bambolearse con su tallo cuerpo hasta quedar exhausto de gusto.
Esta nueva naturaleza le daba credibilidad cuando afirmaba: “Yo también hablo de la rosa. La rosa que nace de mí, incólume, abrasiva, eterna. No sangro, no doy espinas y no encero la llama enamorada. Soy la casa de este gusano que me sube y me recorre y me deja este grito encarnado de la que emana la certeza de la herida”.
Avenida Clavería en su cruce con Heliopolis, puede verse la casa amarilla donde vive en el jardín el Señor Flores. Por favor, si lo ves decaído, no le des adobo. Le irrita la piel.

domingo, 10 de marzo de 2019

Quincuagésima séptima lección



Proyectarse es saborear al otro que habita al golpe de voz cuando no lo vemos.

Fotografía: Casa del Pueblo, San Pedro de Atacama, Chile.

jueves, 7 de marzo de 2019

Nada se oye en ese mar




Su nombre navegó sin escalas por ese mar antiguo. Cuando sus labios saturados de cantos ajaron el corazón de las sirenas. Sin espuma, se perfila en medio del mar tejido con esos hilos de su mente. Él viaja, guarda el secreto. La distancia cada vez más fría lo aleja de la orilla. Desolado. El cielo oscuro. Flota. Crece. 
De niño quiso, deshizo el nudo de la rutina. Alzó la voz y se fue a la mar. Cargado de equipaje. En ese juego angustioso canta:

“Quiero el negro mar
no quiero la tierra 
que ya me cansé
de clavarme la lengua”

No ha dejado descendencia, algunas, algunas medusas lo recuerdan. Fue en el año de la crecida, allá por el 86. No se equivoquen. Su voz nunca morirá en tierra. No lo esperen en la ribera. 

miércoles, 6 de marzo de 2019

Quincuagésima sexta lección



Si nos cruzamos, todo quedará en nuestra bóveda.

Fotografía: Bóveda de crucería, Braga, Portugal.

jueves, 28 de febrero de 2019

Pasos perdidos



Todo el sudor de los pasos que se pierden tienen doble entraña de hierro y balaustrada. El paso a la distancia es más frío. Nada es más amargo que la ceguera de subir a tientas sin destino. Alguien respira por nosotros y nos prolonga la vida forjando ese aireado presagio del camino. El verbo subir se perfila como ese hilo tenso que no llega de tan amarrado en el secreto del paso. Dejamos caer los nombres y los rostros y preferimos seguir paso arriba como si un lecho blando nos amara. Acaso recordamos que un día preguntamos ¿qué camino es este? y sólo el peso de la noche nos contesta.
Redoblar el paso se ha convertido entonces, en un orgullo descalzado.

Fotografía: Cerro Santa Lucía, Santiago de Chile.

miércoles, 27 de febrero de 2019

Álter ego incómodo



Quizá el sol lamió su cuerpo y le dejó el estilo luminoso o tal vez, la escarcha primera lo empapo al despertar del coma. No lo sabemos. Las imágenes fracasan al intentar describirlo. Si bien hay un punto de partida, este se sucede interminable. Su vida, delante de un escritorio, le dio el tiempo suficiente para añadir historias que compartía con sus compañeros, pocos, sobre su entorno. Él era ambiguo, decía y la interpretación de lo dicho la dejaba a nosotros. Por eso cada quien tiene su evocación. La mía se ha transformado. De esa sensación de delicia, de arrullo, a la disidencia más rotunda. Pero me descubro agónico, constreñido a esa sentencia que me estrangula. La dijo ayer, cuando lleno de mí, me miró condescendiente y tomando el vaso de cristal, desplomó esas palabras duras: "así como el agua toma la forma del vaso tú serás mi futuro".
No sé qué quiso decir. Ya me siento viejo en esta infancia.