Pasando el río, dijeron, se encuentra la frontera. Duele cuando se recuerda. Resistieron. Se les veía manotear. Boquear. Bracear. Los altavoces, como trompetas de Jericó, desquiciaban. No importaban las plegarias, ni las suplicas, ni el miedo, ni el cansancio, sólo ese punto fofo del otro lado del río. Cuando cruzaron, ni una palabra entre ellos. Cada quien buscó sus pasos.
UN ABRAZO EN ATTICUS
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El otro día visité una librería preciosa en el corazón de San Vicente del
Raspeig. Por un instante, me sentí dentro de la inmortal novela de ...
Hace 6 horas.




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