Cuando se asomó por la ventana la ciudad era un cúmulo de signos. Intentó descifrarlos. Sabía de la arbitrariedad del signo como origen, así que buscó en el mapa de las escrituras si encontraba alguna coincidencia.
Al no conseguirlo cerró la ventana. Al día siguiente y al otro, los signos aparecían sin dejar ver el movimiento de la calle. Fue por su cámara fotográfica. Envió la fotografía al Departamento de Semiología del Ministerio de Cultura. Esperó una respuesta que nunca llegó.
Buscó a Kandinsky, leyó “La forma es la expresión externa del contenido interno”
Desde entonces, no interpreta.




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