Un corazón verde agua palpita desvelado al borde de la mañana. Los pájaros pregonan tibios cantos en la cintura de abril. Hay motivos para atinar, no sé, las flores en el pelo o beber ese mezcal de ser vivo. Fermentemos los días que sabe bien que el corazón palpite, y echemos otra vez los dados a la suerte.
UN ABRAZO EN 80 MUNDOS
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Ochenta años tenía mi padre cuando acudió a su última presentación
literaria; ochenta veces se acordaba Rozalén de un novio al que que...
Hace 7 horas.




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