lunes, 17 de abril de 2017

Cantaleta


A fuerza de nadar por mares amalgamados de cuento, se apropió del canto de la sirena, que olvidada, yacía en su amargo pensamiento entre las rocas, y en esa helada forma de su cuerpo, nunca se dio cuenta que un pececillo azul cerúleo escuchaba su melodía de moral dolencia. Nutrido de cantos, el pececillo, como canario marino, asoló oídos, dejando lobreguez en puertos y collados. 
No te engañes si en la húmeda neblina escuchas el dardo de una música divina, porque no encontrarás ni cabellera ni torso ni pecho de mujer que te consuele.

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