domingo, 22 de enero de 2017

El Sr. Moises


Algunos dicen que se comió la letra M. Otro, que se atragantó de montaña. La verdad es que el Sr. Moises, tiene un apego al agua y dice que su inicial  describe ese movimiento y lo único que él hace, es dejarse llevar por el ímpetu natural de la letra. Soy acuático, afirma, y si lo miramos bien tiene una semejanza a un ser anfibio. No se desentiende del número romano pero él no tiene capitales de importancia, es más, vive de milagro, como navegando entre las vicisitudes de la tierra plana. Algunos maledicientes lo provocan al decirle que es un mugido de persona. Él se reafirma y murmura ondulante como canto marino y retoma su sitio. Todo mundo sabe que en boca cerrada los labios  anuncian la M, de ahí le viene que el Sr. Moises sea tan expresivo y tan mimético. En sus clases, porque es maestro de párvulos, logra cautivar a los niños con su magia discursiva. Si lo miras por la calle, no masculles comparaciones malsanas, es un poco cargado de hombros y parece que se ondula al caminar pero, es sin lugar a dudas un meritísimo homo. Miradlo.

sábado, 21 de enero de 2017

Cuadragésima columna


Algunas columnas muestran su simetría aunque estén a buen resguardo.

Fotografía: en algún momento en Braga, Portugal.

viernes, 20 de enero de 2017

El problema de la familia D.


Las atrocidades nunca vienen solas, se leía en un baño público. Y era verdad, pero lo que no explicaba esta sentencia es la perversa manera que tenemos de verlas venir y quedar pasivos. Así le pasó a la familia de Donald. El chamaco les salió misógino, vulgar, y por más que intentaron ablandar su nunca hallada humanidad, los instintos quedaron sueltos, sin amarre. Pero, tenemos un largo rato gustando de estos bichos, ¿nos gusta acaso la pólvora y el sacrificio? El fósforo enciende rápido en nuestra apatía. Entendámonos, nuestro martirio tiene mucho de nuestro gusto por la fealdad y por los clavos. Así les pasó a los papás. No hubo retorno, se entrelazaron la ceguera y el miedo. Nunca lo enfrentaron y de mayor, sólo aprendió a masacrar la indecisión de los otros. Que el mundo es así, lo dicen todos los desaparecidos y sigue vigente el idioma de los huesos, de la zona fría. ¿Qué dicen los vivos? ¿la agonía mundial? Los padres de Donald, están en blanco, atascados en el círculo del déspota. Sin embargo, en el barrio, los vecinos se han reunido y han sacado filo a los lápices y se siente un sudor de nube y de esperanza. Tuvo que ser Teresa, la mujer que lo cobijó engañada, la que tuvo que abrir el grillete y enfrentó al chamaco y le aplico la física de aquí no pasas y los pocos hombres que había en el entorno, dejaron de ser mendigos y unieron sus gargantas. ¿Habrá tiempo? preguntaban los padres. Hacen falta voluntarios, les dijeron. Otra ves los voluntarios llenándose los hombros para cantar el himno siempre trunco de las voces.
Es bueno que el vecindario comience a valorar el sonido de las sílabas en las frases. No hay micro que no lo sepa.

jueves, 19 de enero de 2017

El Sr. Goa


EL Sr. Goa, piensa ha perdido su cartera. En ella su billete de identidad, su licencia de conducción y esa fotografía de cuando tenía 10 años, retratado con su uniforme de jura de bandera, los lunes, y con un semblante sereno y adusto como corresponde a un abanderado. Su primera estrategia fue desandar el camino y ver si la encontraba  en el piso, la cartera no traía dinero, así que pensó, con toda lógica, que de nada servía una cartera vacía, así que por humanidad el posible dueño o dueña, la dejaría en el lugar. Desandar a veces es inútil y el Sr Goa, llegó a la última esquina recorrida sin resultados. Entonces trató de reconstruir mentalmente los momentos previos a la perdida. Evitó el hecho de cama y regadera, visitó lo habitual: camisa blanca, un pantalón café de pana, un saco color crema ácida y sus zapatos de suela de goma. Nunca desayunaba con cartera así que no se detuvo. Claro, antes de salir, junto con las llaves tomo la cartera y la pone en el bolsillo trasero del pantalón, siempre a la derecha, era diestro. Salió de casa, le dio dos vueltas a la llave y se encaminó al puesto de revistas a ver si la revista de Historia ya había llegado. Pagó con monedas, no sacó la billetera. Caminó por la calle de Cabral y dio vuelta en Gonzaga, nada que contar, hasta llegar al punto donde se encontraba haciendo ejercicio mental. Entrar a al café fue su mejor opción. Pidió un café americano y un bizcochito, repasó metódicamente todo el recorrido y nada. No encontraba el momento de la perdida de la billetera. Lo que le preocupaba era la fotografía, los documentos podía sacarlos de nuevo, con inconvenientes, pero conseguía. ¿Y la fotografía? -Dónde la saco, es un tiempo congelado, no puedo volver a ese momento - cavilaba el Sr. Goa desconsolado. Para estas emergencias, el posible extravío de la cartera, traía monedas, había comprado la revista y le sobraba dinero para otro café. Extenuado y triste bebía cuando se palpó el pecho y descubrió en el bolsillo interior del saco, un bulto que vaticinaba el encuentro deseado. Casi llora, si no es porque una señora lo miró como se mira  a un sueño pesado. Pidió otro café. – ¿Por qué mira así esa señora? ¿No me conoce? ¿Cómo se atreve? El Sr. Goa, buscó un poco de ternura y sacó la fotografía para acariciarla lentamente, dando la espalda a los ventanales y al atardecer. 

miércoles, 18 de enero de 2017

Muro II


No hay duda que toda historia tiene una descripción. Una condena o una llamada  por mas críptica que esta sea. Hay un Miró en esa intensión de jugar con el trazo o tal vez, un Tapies, tratando de inscribir un Tao. Las voces urbanas son violentas, se apropian de un espacio, de una superficie y su intención es comunicar. Un destinatario, que no somos nosotros, es un alguien que sabe descifrar el código. Es verdad, tiene que haber un territorio común, pasar por el mismo lugar para que tenga sentido o tal vez, el sentido es la permanencia en ese recóndito espacio dentro de la selva urbana. La superposición de trazos, grosores y tonos nos cautivan por espontáneos y bellos. No hay representación de objetos, es la materia y sus signos. Por fortuna no hay un curador que quiera llevar a un museo este brote estético. Por fortuna, el origen de las Arte es clandestino.


Fotografía: Muro en las Escadas de Monte Cativo, Porto, Portugal.

martes, 17 de enero de 2017

Peña abajo


Todos sabían que conocía todos los caminos. Desde el despeñadero hasta la explanada, él caminaba como ese viento que sopla y arrastra todo. Como si tuviera uñas escarbaba los caminos y lo sabia todo, brechas, atajos y esos caminos descoyuntados, secos, envuelto en polvo. Su caballo como un fantasma sin ánimo de lucro, arrastraba sus pezuñas dando tumbos y mordiendo el polvo. Dicen que fue arquitecto, por eso si lo llegas a mirar a los ojos, tiene apretadas en las pupilas ciudades bien trazadas. Dejó su vida constructiva para andar estos caminos, que se le cayó un puente y muchos muertitos le apremian el paso. Habla poco, le hacen falta los rincones para que anide la palabra, entre tanto descampado, sólo la voz interior rechina y acompaña. Un día lo encontraron, cuando la constructora quería hacer un complejo turístico.

- Usted vive aquí.
- A veces.
- Nos puede decir si hay un poso cercano. El satélite nos dice que sí. Todo está tan plano que creo que nos perdimos.
- Aquí uno se pierde y eso es bueno. Es la ley.
- No tengo tiempo para acertijos. ¿Sabe o no sabe?
- ¿Alcanza a ver esa peña colorada?
- Si. 
- Baje y verá árboles. Ahí esta el agua.
- Gracias.
- Tenga cuidado, de repente caen rocas como venidas de la nada.
- No se preocupe, somos expertos.
- Vaya. Ya comprenderá lo que le digo.

lunes, 16 de enero de 2017

Sol de medio día


Naranja fue la causa redonda que las tiene juntas. Fue el día en que la ciudad quedó a oscuras. Ellas se encontraron, más bien, chocaron la una con la otra en ese juego de luz contra la sombra. Se tomaron de las manos para refugiarse en la primera casa vacía. Todos los habitantes se fugaron delirantes cuando informaron que la ciudad quedaría a oscuras. Ellas conversaron largas horas con los ojos cerrados y decidieron hacer sol  frotando sus cuerpos hasta que un chispa fue tomando redondez. Como vidrio soplado, al medio día, como un cacique naranja, nació con el aliento de las tres mujeres. Colgado de la puerta, ilumina el interior sin importar que la ciudad muera de frío, desolada. Ellas sueñan su sol y se reconocen y danzan, esa danza del comienzo.

domingo, 15 de enero de 2017

Muro I


En los fragmentos la materia se multiplica, por eso el muro es el terreno del apetito y del mensaje intocable para los que están fuera de sus signos. En la superficie, con el rostro de la intemperie, trazos se amoldan a la rugosidad o lisura. Los oídos esperan el mensaje que traduce la mirada. Son mensajes secos, clandestinos, y una especie de soga nos enreda mientras el rabillo del ojo intenta persuadir de lo inútil que es tratar de entender. Buscamos entendimiento sin saber que somos forasteros, que sólo caminamos delante del muro. Queremos nombres y sólo la espuela del trazo se obstina en su hermetismo. Nos consuela saber que los cantos se graban en la piedra y que alguien descifra ese misterio visual. Hay una estética matérica. La jeta de la belleza es asombro, contemplación que se marchita cuando se interpreta. O tal vez, los muros* palpitan palabras que no son para nosotros, por eso vemos desnudez y nuestros ojos brillan inocentes.

Fotografía: mensaje en granito. Porto, Portugal.

*inicio de serie.

viernes, 13 de enero de 2017

Trigésima novena columna


Algunas columnas son tan antiguas que la madre tierra las tuvo erguir. 

Fotografía:  Bryce Canyon, Utah.USA.

jueves, 12 de enero de 2017

Caballo lineal


Era un esbozo de caballo. De finas crines y atenuadas líneas. Su forma se repasaba ya con color, ya con esa inseguridad de acertar a su bruta belleza. Nunca conoció más pradera que su propia página, sin embargo, tenía los ecos de los espacios mongoles y de los desiertos de Sonora. Nunca asistió a la doma y los jinetes solo lo miran con recelo y codicia. Su pezuña, esta hecha para estar a resguardo de las tormentas terrestres. Su relincho, es la suma de la las aventuras contenidas y en su lomo se puede ver la reminiscencia de Babieca. ¿Lo notan?

miércoles, 11 de enero de 2017

La actualización de la manzana


No pudo evitar la tentación, él como tanto otros,  sucumbió ante la posibilidad de actualizar su poder al morder la manzanita. 

martes, 10 de enero de 2017

Trigésima octava columna



Algunas columnas en su interior se ahuecan para proyectarse al infinito.

Fotografía: Eclipse by Fahr, Alumnia. Largo d Perdição, Porto. Portugal.

lunes, 9 de enero de 2017

El ave de la ala roja


Su fulgor es de intemperie y es genital como la gota. Se gastó su tiempo con sus alas entre los metales de los otras aves. Hostil a los discursos melancólicos, dejaba su peña para cantar bajo el sonido de sombras ambulantes el relámpago de la rebeldía. Son racimos sangrientos los que cuelgan sobre los cielos y cada lámpara encendida es roída como esa copa negra que nos dan de beber sin saberlo. De ciudad a ciudad atravesó el pecho del mundo para hundir la pluma de la altura.
Como todos las águilas, sostiene en el pico el dedo del aire y tal vez podamos, al mirarla, escalar a otro mundo menos vacío.

viernes, 6 de enero de 2017

Café de altura


La realidad del café se aposentaba ese lunes a sus anchas. Su aroma tostado y esa acidez propia del café de altura lo hacían perder la cabeza. La rotación de su mirada, la sed de sus labios y esa interrogante cotidiana se abría paso. Nada de azúcar y sólo dos cucharaditas monosilábicas le daban la seguridad de sentirse planeta, como un sueño litigante.

miércoles, 4 de enero de 2017

Enero


El rostro enmarcará los meses de los días y tal vez, las enfermizas alegrías sonaran con nuevos pensamientos. Enero comienza almo, con la mirada fija en un presente de alta mar y la majestuosa incertidumbre de las horas.
Comencemos como si viniéramos de muy lejos, frágiles y astutos; inquietantemente protegidos por una calma chicha.

*Como todos los años por respeto a las personas que adquirieron su calendario, los dos primeros meses pondré sólo la portada. Si quiere adquirir el Calendario, todavía está a tiempo puede pedirlo.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Cada día


El higo madura abierto.
Déjame contar.
Por el cuarto baja una luz tonta.
Me mira y se queda.
Hoy llueve y sin embargo 
el día esta tibio en lo alto.
Vuelvo a pensar en el higo. 
Mi lengua se hace agua
como la acuarela sobre el papel blanco.
He tomado baño, ¿te lo he dicho?
El kiosco del periódico
se conforma con las noticias diarias.
Tengo ropa pendiente,
no ha secado, 
y los platos escurren limpieza.
Las gaviotas revolotean, hambrientas, 
y nada las satisface y chillan y fastidian.
Nada te es extraño, lo sé.
Algo me duele.
En algún sitio tu rostro se acurruca.
Me acuerdo del higo, te digo.
No hay edades en tu rostro,
despierta siempre el mismo.
Yo te miro y la luz ya no es tan tonta.
Me crece un sabor como el del higo.
Que nadie me mire con esta ceguera
y vuelvo a pensar con los ojos cerrados
tus manos en mi pecho oculto.
Te digo palabras que invento
y me aprieto a tu voz como a la piedra.
Hay algo cada día
que sabe a higo y a espera.
Antes de que se vaya, 
lo penetro.

Fotografía:  Pela Rua Paseo das Virtudes, Porto, Portugal.

lunes, 12 de diciembre de 2016

Reporte visual


El contraste es la única sensatez que nos mantiene unidos a la imagen.

Fotografía: Sé Catedral. Porto, Portugal.

sábado, 10 de diciembre de 2016

El ojo aséptico


En la explanada que le servía de casa, del árbol de granada pendía una cuerda donde colgaba las cabezas de pollos y guajolotes. Extrañas formas de invocar a los espíritus que sanan las brasas de la enfermedad. Algunos se curaron sólo ver las cabezas colgadas. Otros, ya son ceniza entre la memoria de sus parientes. De los recónditos rincones del mundo llegaban dolientes para consultar al ojo aséptico. Él, se balanceaba y contagiaba a todos los que llegaban a balancearse sobre su propio eje para que entraran en trance. Otras veces les daba sorbitos de té de gobernadora en tasas de peltre. La amargura de la gobernadora, decía el ojo, despejaba las vías urinarias tan necesarias para el buen tránsito de la sanación. Intuitivo y certero, poco a poco su fama de curador aséptico lo hizo célebre, teniendo múltiples seguidores ingenuos que no estaban tocados por la gracia. El ojo curaba, y son testigos 10 mil personas que sintieron el alivio. Quisieron fundar un templo, pero el ojo entró en cólera y se vio por primera vez una nube que enturbio su mirada como si fuera catarata.
Un día desaparecieron las cabezas. Sus discípulos y guardianes cuentan que se fue en busca de Allan Kardec.

viernes, 9 de diciembre de 2016

Estar en el espacio


Sentirse bien en un espacio. Estar a gusto. Es uno de los misterios cotidianos que un pensamiento arquitectónico proyecta. O debería ser uno de los intereses si queremos que la dimensión humana tenga un espacio a habitar y disfrutar. El confort no se se entiende si no evocamos la cueva primitiva, el útero que nos ha gestado. Pero tampoco podemos negar que esa cueva se ha transformado, ha dejado de ser íntima para ser pública. Se ha modificado a la velocidad de los hallazgos humanos en relación al espacio. La arquitectura es la extensión humana de los espacios que se construyen. A veces la estructura o el revestimiento se aleja de esa necesidad orgánica. Habitar y ver un espacio es apartase del llano. Es también reconstruirse en otra realidad. Insinuarse en otro entorno para buscar alivio de la intemperie. Esa es la raíz de la arquitectura, construir y reinventar espacios. 
¿Qué tan lejos esta el aliento del arquitecto de esta insinuación? ¿La perspectiva a domicilio, persiste? ¿Qué geometría hecha de acero o de cristal forman el espacio comestible?
Las transfiguraciones no pueden ser celdas, no se puede olvidar que la puerta del espacio esta en la forma que lo construye. La arquitectura que no conversa con el otro, el que mira y habita los espacios, sólo ronda el soliloquio de los contratos de gabinete.
El espacio está siempre en nuestra condición, entrar en él, ensalza el volumen de lo humano.

Fotografía: vista de Ribeira desde Vila Nova de Gaia. Porto, Portugal

jueves, 8 de diciembre de 2016

En círculos


Con la manía de perseguir su curvatura en las tardes frescas, el círculo se llena de inquietos bichos amorosos. Se escuchan los arrumacos como gotas sordas y huecas. Se abrazan, y de sus pómulos se logra ver el encarnado resplandor y ese fino liquido caudal del apareamiento. Hay un poco de rito solar, por lo caliente del júbilo y la descomposición de las ganas. Dentro del circulo se rinde el labio y las convulsiones subterráneas se coagulan de entraña y se disipan en el beso. El rojo los circunda y parece que la pesuña es hospitalaria cuando la desnudez reposa. Como escudo para el olvido la penetración se aterra en la humedad del círculo y es fértil el giro y es rotundo el regazo de las esferas. No hay titubeos cuando dos bichos se aman en círculos. Curvos y errantes se circundan.