domingo, 15 de febrero de 2015

Efecto mariposa


La historia, como toda narración, tienen en su punta una rampa o un talud por donde sube o baja el cuerpo esponjoso del relato. Así pues, de boca en boca se viene contando que, desde el primer festival de papel, celebrado por estas tierras del interior, esas que no saben del enfoque marino, la oruga, al sentirse con un cuerpo tan frágil y temerosa de morir por el fuego o por la lluvia, se transformó en mariposa.
Esa es la razón por la cual, sus habitantes tienen prohibido diseñar mariposas de papel, temerosos de que decida quedarse siempre como oruga. 

Fotografía: Ruas floridas, Redondo, Portugal

sábado, 14 de febrero de 2015

Corazonada


Era un corazón tan grande que nadie se dio cuenta cuando le salieron hojas y dejó de sonar.

viernes, 13 de febrero de 2015

Brevedad XII



Soy Brevito Cuentero, y no soy una falso problema por una simple razón, mi paladar es confiable. Sintética y momentánea, mi sombra se extiende con el lector. Mi volumen tiene el sentido de tus sentidos. 
La inteligencia ayuda, ¿no me digas que no lo sabías? 

Tinta/papel

jueves, 12 de febrero de 2015

Estación de espera


El reloj se mira en lo alto. Puede enmarcarse en una ciudad o en otra. El hierro forjado me recuerda el Palacio de Correos en la Ciudad de México. No hace mucho tiempo que las manecillas marcaban sin embarazo, la sorpresa de estar al mismo tiempo en una geografía memoriosa. Cierto, nunca salimos del cuerpo y nuestro reloj interno llena el espacio, aunque no sepamos reconocer su tic tac. No son los latidos lo que asusta, ni lo extraño que nos parece tener el mismo sonido de en todas las geografía. Mirar el reloj en otra ciudad quizás, las imágenes del trayecto se queden fuera y sólo algunas hacen flash para dejarnos habitar el momento. Sabemos leer los números: romanos, arábigos, pero, el tiempo que representan se acumula como esas rocas del Gran Canyon. Puedo explicar casi todo -falacia alentadora- lo que significa mirar un reloj en la estación de trenes. O llegamos o partimos; esperamos o despedimos, todo al mismo tiempo, no importan los años que pasen, siempre hacemos lo mismo: inquietarnos. No es casual que pensemos que las cartas o el mail pueden quitar la fugacidad, al poder verlas una y otra vez como signos fijos. En millas o kilómetros los día son nuestro territorio. Recuerdo que una tía que, literalmente se la llevó el tren, tenía un pañuelo azul perfumado que olía a cada momento para mitigar el desapego. Viajar, es un arte difícil. Esperar, un oficio burocrático. Cada vez que nombramos, evocamos una casa o al menos un lugar donde los objetos significaban compañía. Las horas se invierten y antes de movernos ya hemos viajado a nuestro destino. Relámpago inaudible entre el silbato del tren. Así, con destellos en los ojos buscamos el andén correcto, comprobamos el rumbo y nos sentamos revista en mano a que el movimiento real nos invada. Inmóviles, los otros, los que se quedan, sostienen nerviosos las mirada como si dejasen para mañana el olvido. Volvemos a mirar al reloj y comprobamos que ha llegado el inicio de un trayecto. Nos dejamos llevar, aunque sepamos que en nuestro bolsillo, un fósil de horas es nuestro equipaje.

Fotografía: Reloj de la Estação Ferroviária de Porto-São Bento. Portugal

martes, 10 de febrero de 2015

Fermento de pájaros


Arrancados del aire por los siglos incansables, vuelan sin pedir protección, ni a la brújula, ni a la luna, ni a las anémonas atrevidas asomadas por el cielo alegórico. La ciudad entera sale a los balcones enterrados por los edificios. En sus pisos deshabitados los desechos del vuelo quedan en montoncitos sobre los platos de la cena. 
En algunas tabernas todavía se cuenta la historia de cuando un pájaro se llevó a la rana nocturna dejando a los cantores sin brazos. 
Ellos, no se parecen a las palomas, ni a los buitres y tienen como padre al halcón, y como madre: la garganta del cenzontle. Cuando llegaron los primeros cantos huyeron asustados los caballos y los puercos; unos, acicateados a la aventura, los otros, apenados de su carne. Hombres y mujeres se dan palmadas en los oídos al confundir el canto por el pregón. Juguetones, algunos pájaros picotean las cabezas de los niños y jalan los listones con que las las niñas se apresan los cabellos. 
El silencio huye del sonsonete, por eso el revuelo que provocan cuando se acercan es tumultuoso y hacen temblar las copas de los árboles.
Hay una sintaxis de rama en todo vuelo, por eso el amarillo se vuelve azul silvestre.
Si tienes una pupila honesta y un vertical esfuerzo, puedes salir a verlos pasar el quince de febrero. Así lo afirman los pajareros, los astrónomos y los homéricos recuerdos del Egeo. 

Tinta/papel

lunes, 9 de febrero de 2015

Punto de reunión


Encontrar la salida es lo difícil. Los ojos se entretienen con la seda verde del musgo y los pies no saben para donde ir. Como toda crisis el para qué se cuelga en la baranda y y la pérdida de tiempo nos apremia.
¿Será que jugar a las escondidas, puede dar cuerpo a la salida? Lo sepamos o no, hay dos velocidades, una que gira en su propio eje y otra que describe una órbita recurrente de palabras.
El escenario es ideal, sólo falta improvisar para encontrar un hueco. A veces, tenemos que abrirnos paso sin usar nuestras manos.

Fotografía. Terreiro da Sé Catedral, Porto, Portugal

viernes, 6 de febrero de 2015

El arte y su emergencia


En su trajinera, cruzando canales y chinampas el fotógrafo llegó puntual

- ¿Una foto Güerita?
- No gracias.
- Ándele. Así como me mira, yo le tomé una foto a la Frida cuando vino a Xochimilco.
- No le creo.
- Mire, aquí traigo mi álbum. Vea. Yo estaba bien chamaco, no se crea. Me ve traqueteado porque la vida es dura. Yo siembro flor. Tengo mi parcela. La foto sólo es por el arte, para quemar el gusanito. Usted tiene bonito perfil. Se mira luego luego. 
- Bueno. Usted me dice. ¿Así?
- Ándele. Si parece estrella de cine.
- Es usted un caballero.
- Fotógrafo, güerita, fotógrafo de las estrellas. Ahorita la alcanzo, revelo y le doy su foto.
- ¿Cuanto cuesta?
- Cien pesos, güerita. “Pereme” me paga cuando se la entregue.
- ¿Y eso cuando va hacer? Mañana?
- Ahorita.
- Que bien. Oiga, esta muy buena.
- Le digo. ¿Oyó hablar de Gabriel Figueroa? yo anduve con él, de chamaco.
- Debería dedicarse a esto.
- Ni lo diga güerita, me gusta la independencia y cuando la flor no se vende y tengo urgencia de unos centavos extras pues saco fotos. Soy lo que se dice, artista emergente.

Fotografía. en los canales de Xochimilco, Ciudad de México.

jueves, 5 de febrero de 2015

La turista marginada



Sobre la arena, el ojo que abarca como un cetáceo las olas del mar y ella, sumida en sus dudas, olvida que las barcas no regresan al caer la tarde. Son reflejos de luz lo que confunde. Charlas de gaviotas que se pierden por el mismo rumbo, le confirman que la espera no tiene horizonte rescatable. Eso es lo que eres,concluye, una imagen fija que finge moverse con el agua.

Fotografía en la playa de Matosinhos, Portugal.

martes, 3 de febrero de 2015

Pablito


Pablito, nació con el siglo. Tatuado por la crisis de la saliva y el latido de la una de la mañana. Su pureza sigue en alto, sollozando como cualquier otro nacido en otro siglo. De pies helados, con el sueño fugitivo se consuela con la conspiración de sus amigos cuando se reúnen al salir del colegio. Todavía no sabe de mujer y por eso duerme a pierna suelta con el sabor de la Vía Lacta entre su almohada. 
Como sus contemporáneos, tiene los pensamientos quemados. Ya intuye que si se traga la cantaleta oficial podrá tener un trabajo promisorio. 
Sin embargo, Pablito se siente incomodo, algo le empieza a crecer en la cabeza, tal vez sea la adolescencia, motel inconfundible de la rebeldía. 

Tinta/papel

lunes, 2 de febrero de 2015

Engatado


Sólo lo miraba. Le buscaba los ojos. Paralizados, fingían dominar la situación. Sobre las escaleras el pequeño gato parecía suspendido en su arrogancia. Un volumen quietísimo y una luz intensa parecía convertirlo en estatua. 
Tomás, no podía subir las escaleras y entrar a su casa. No era la primera vez que se encontraban. Los primeros encuentros terminaron mal. Las cicatrices en los brazos así lo atestiguaban. Aprendida la lección, ahora permanecía quieto mirándole a los ojos. Retándolo. Desafiando por instinto, la dignidad de la especie. El gato con mas historia, sabía dominar su miedo e impasible dejaba que Tomás, lo imitara.
Cuando Tomás sentía la victoria cercana, un aterrador grito le cortaba la concentración.

- ¡Tomás! Qué tanto haces que no subes. Que se enfría la sopa. No tengo todo el día.
- El gato no me deja pasar.

Dos manos aferradas a una escoba y una mirada aterradora, lograban resolver el enigma del triunfo tantas veces anhelado.

Fotografía. Escaleras en la Rua de Barredo. Centro Histórico de Porto, Portugal.

viernes, 30 de enero de 2015

Brevedad IX


La brevedad como el pan: con poca levadura y mucha mantequilla para que discurra. 

jueves, 29 de enero de 2015

El giboso


Cargado de occidente, con sus cielos de amor y de platino relincha a cada paso. Poco a poco sus pesuñas se hicieron planas, tal era el peso de los símbolos. Se cuidaba así mismo, era víctima y verdugo a pesar suyo. No se preocupaba del futuro, porque el peso era tal, que desde que fue comido el primer cadáver y se atravesó la primera pradera, su talante se volvió indiferente al instinto de conservación. Nunca gustó de los héroes, ni de los habladores con sus férulas de deseos; ni de los niños que no crecen. Sus caídas tienen la arquitectura de la soga. En su grupa se entumen las bacterias y los dolores de los pueblos. Su pasión guerrera no ahuyenta de su aliento el martirio de los que nacieron de la cópula de hembra. 

Le llaman el giboso y su reino es metódico y extenso. Lento y colorado arrienda su físico al cansancio.
Los que usan zapatos y tienen deudas, dicen que el plural es mejor que el singular. ¿Lo quieres ayudar? Se solicitan voluntarios.

Tinta/papel

martes, 27 de enero de 2015

Profesor de ocasión


Lo que era de llamar la atención era su peculiar manera de husmear por la vida; su capacidad de equilibrar las situaciones. Se cuenta que cuando llegó de viaje se convenció que ya nada le pertenecía. En vez de reclamar o sumirse en la melancolía, deambuló por las calles, siempre al este, durante cuatro años. A su regreso hablaba  con la prisa del profesor eventual. Difundía sus aseveraciones a diestra y siniestra, ya que los profesores definitivos  esperaban sentados en sus escritorios la llegada de la jubilación ( tal era su cansancio por decir). Eulalio de Bragança, que así decidió autonombrarse, afirmaba: no hay nada ajeno al hombre, por eso de todo participo, ya observando, ya nombrando. 
Tolerado, más que respetado, el devenir de Eulalio de Bragaça transcurría en una dialéctica inalterable. “Si lo primero fue el llanto, luego entonces, estamos en el llanto. Lloremos” concluía después de conversar con cualquiera que se cruzaba en su caminata diaria por el este del vecindario.

Un día, curioso por la fama ya ganada de Eulalio de Bragança, un industrial adinerado quiso sacarlo de su lecho de confort (expresión muy usada en la época en que estos hechos se sucedieron) tratando, primero de sonsacarlo y después de sobornarlo. Le ofreció construir una colegio donde pudiera impartir sus enseñanzas. Yo no enseño, recibió el industrial como respuesta. Las cosas ocurren y yo sólo las nombro o las señalo. No me interesan los discípulos. Eulalio de Bragança continuó su camino siempre al este dejando, la última afirmación de que se tenga memoria: Señor industrial, no ha escuchado aquella sentencia que dice: la ocasión hace al profesor. 

Mixta/papel

lunes, 26 de enero de 2015

Momentos de humo


Todo va hacia arriba, la ciudad se arrebuja para sentirse altanera. La vista termina en la punta y no prosigue porque la altura marea. Los perfiles tienen vocación esbelta y la fuerza descomunal de pasar con la prisa de un día de trabajo, se detiene en ese preciso lugar: la esquina que se forma entre la R. Sá de Bandeira y la R. de 31 de Janeiro. Amaranta, compraba su tabaco en esa esquina, un mazo rojo con delgados soldaditos dispuestos a incendiarse a la menor provocación. Gustaba cómo el humo se enroscaba en cúpulas, áticos, remates y no le importaba la capa de ozono, ni la relatividad de las opiniones, ni la sucesión presidencial. Ella, Amaranta, chupaba su cigarrillo deleitosamente. 
No se quiere mover, espera a que el humo se disipe en lo alto. Los ojos marchitos; la pasión en la boca, las canas, las arrugas. Amaranta, enciende otro cigarro.

Fotografía: Desde la Estação Ferroviária de Porto-São Bento 

sábado, 24 de enero de 2015

La bailarina


Un altísimo suspiro giró de puntitas por el escenario. La temperatura se tensó sobre los muslos. El aliento se detuvo elegante entre las manos y con una estética cordura, el tiempo se quedó sin tiempo.

Desde lejos, con la mirada sostenida, nuestro cuello volvió a su inicial apoyo.

Mixta/papel

viernes, 23 de enero de 2015

Revista Literaria Letras de Chile



Recibo con enorme gusto el esfuerzo hecho revista de la Cooperativa Letras de Chile. Número especial. Experiencia única que desea prodigarse bimensualmente. Azarosa es la vida cultural, no exenta de duelos y festejos. Buscar patrocinio, es el calvario del creador. Por eso este primer latido, ya impreso, tiene el dulce sabor de la naranja recién partida.
Agradezco a su comité editorial y especialmente a Lilian Elphick su invitación para colaborar en la sección llamada Brevilla. 
Es a partir de esta Brevilla, que surgió lo que después ustedes conocen como Astorietas, así que es su antecedente, para estar a tono, su Matria.


Larga vida deseo a la Revista Literaria Letras de Chile. Este abarrotero brinda con mezcalito del 
bueno.



jueves, 22 de enero de 2015

La ciudad y su esqueleto


El esqueleto de una ciudad se sustenta con el tiempo que la construye. No el tiempo que pasa indiferente entre los astros, sí, el tiempo que se pasa de una mano a otra de sus habitantes, sin saber, que construyen su osamenta. Es un riesgo de estilo, un olvido de emociones, pero un rastro firme de su paso. 
El temperamento de una ciudad, escuetamente hablando, se forma con varias capas. Cuando más vemos sus articulados momentos, el horizonte deja de ser insípido y lejano,  para convertirse en un semblante reconocible y habitable.
El ojo abarca las edades y una funeral paciencia reconstruye la historia,  como si el todo fuera ese minúsculo universo que nos toca conciliar.
Rugidos y plegarias afinan el sonido que cada ciudad presume. El aire finge no saber del pasado y se mueve lento, detenido por el rayo de luz y la consciencia. 
La ciudad es un momento estético, sólo así podemos soportar la tristeza de transitar el futuro ocaso ya esperado, porque toda ciudad es un amor que llega tarde, tan empeñados estamos en derrumbarla.

Fotografía: Vista do ponte D. Luis I e a Muralha Fernandina. Porto, Portugal.