lunes, 12 de abril de 2021
domingo, 11 de abril de 2021
La piedra de Anselmo
Dormir dentro de una piedra y no importar que la boca se
llene de arena. No conocía el mar. Lejos de un puerto, al amanecer, con el frío
y la sensatez del calor de hogar. Tenía vergüenza de no conocer el océano. Una
mala fama que le afeaba su sonrisa. Sin visa y sin viso de viajar juntaba
estampitas de faros que pegaba en su agenda junto a la imagen de la virgen de
la Soledad. Así dicen los proverbios que hace el que sueña con la independencia.
Gangrena del corazón, pócima de aguardiente. ¿Cuándo
podrás tomar playa? No te compres guías de turismo. Hecha a andar un día
después. Cuando tus zapatos te crezcan. Cercenar con sangre fría al amanecer, los
mares del sur te esperan. Despídete y amotínate de esas lágrimas de niño
mimado.
Muy propio, Anselmo, con una maleta al hombro hizo
empresa con el rumbo y ahora se le mira ni fu ni fa por el puerto de Ámsterdam trabajando
de camarero. Se pueden imaginar cómo le cambió la vida y su salud. El río Amstel
no era lo que esperaba, él quería arena marina, por eso siente que duerme
dentro de una piedra.
sábado, 10 de abril de 2021
viernes, 9 de abril de 2021
Una bala perdida
jueves, 8 de abril de 2021
martes, 6 de abril de 2021
lunes, 5 de abril de 2021
Tía Sara
Mi tía Sara tuvo las tres caídas más perfectas que he visto. La primera fue al este de la frontera cuando se le cayó la barriga cargada de botellitas de perfume, pegadas al rededor de su cintura con papel engomado. Quiso corromper al oficial y si no fuera porque llegó el supervisor lo hubiera conseguido. La segunda, fue cuando en la playa de Coralino persiguió al hombre de sus sueños. Terminó dando serenata en el cementerio cuando sus sueños no contaban con el tráfico de drogas de su hombre. Después se perdió el respeto. Esa fue su tercera caída. Se abrió el escándalo y ya no tenía ni la ropa interior en buen estado.
Ahora que veo tanto corazón roto me acuerdo de la Tía Sara, cuando me decía al oído, que se moría de ganas de mecer la cuna con una copa de brandy.
Quemé el dinero que me quedaba mientras recordaba a la tía al recoger el abrigo del guardarropa. No hubo una cuarta caída. En el puerto de Lisboa, con alevosía, le sellaron los pasos y sus vicios. Se pintó el pelo de rubio platino y camina en el Chiado, tomando un café pingado y una nata.
De este lado, inquieto, se me quema el cielo y es inútil comparar mis caídas con las tuyas, Tia Sara. Tú tenías, oficio.
domingo, 4 de abril de 2021
sábado, 3 de abril de 2021
jueves, 1 de abril de 2021
Abril
miércoles, 31 de marzo de 2021
martes, 30 de marzo de 2021
Nonagésima columna
Algunas columnas conmemoran la victoria bajo el mismo cielo tolerante.
Fotografía: Rotunda da Boavista, Porto, Portugal.
lunes, 29 de marzo de 2021
domingo, 28 de marzo de 2021
sábado, 27 de marzo de 2021
viernes, 26 de marzo de 2021
jueves, 25 de marzo de 2021
Sr. Flor
Empapada la camiseta de alma, el Sr. Flor, lloraba de
amor. Improvisaba todo el día. Su cosmos era un reducto de maseta. Un solo
tallo como cuerpo, esbelto, lento y fino. Inhala el moho lúbrico, orondo, chupa
que chupa la mosca que gira como pantera por sus ojos. Es maniático, dramático como
tallerista de cuento; un paradigma, un trozo lingüístico sin referente. Le
gusta la música de fondo. Baila, mórbido, florece entre el pabilo y el pétalo.
Ella lo vio, la enamorada. Una despótica Ofelia que quería normalidad,
seguridad de hábitos. Era evidente que nacerían lombrices, rencor y
desesperanza.
Pasarán muchos años para encontrar la cura. Quizás un
día, debajo de la tierra el Sr. Flor será capaz de ser pasto de otro brebaje de
amor. Una clara de huevo cósmico y tomar el pulso del mundo que hoy en vano rota
en el injerto del desamor.
Exhausto.





















