domingo, 11 de abril de 2021

La piedra de Anselmo

 

Dormir dentro de una piedra y no importar que la boca se llene de arena. No conocía el mar. Lejos de un puerto, al amanecer, con el frío y la sensatez del calor de hogar. Tenía vergüenza de no conocer el océano. Una mala fama que le afeaba su sonrisa. Sin visa y sin viso de viajar juntaba estampitas de faros que pegaba en su agenda junto a la imagen de la virgen de la Soledad. Así dicen los proverbios que hace el que sueña con la independencia.

Gangrena del corazón, pócima de aguardiente. ¿Cuándo podrás tomar playa? No te compres guías de turismo. Hecha a andar un día después. Cuando tus zapatos te crezcan. Cercenar con sangre fría al amanecer, los mares del sur te esperan. Despídete y amotínate de esas lágrimas de niño mimado.

Muy propio, Anselmo, con una maleta al hombro hizo empresa con el rumbo y ahora se le mira ni fu ni fa por el puerto de Ámsterdam trabajando de camarero. Se pueden imaginar cómo le cambió la vida y su salud. El río Amstel no era lo que esperaba, él quería arena marina, por eso siente que duerme dentro de una piedra.


viernes, 9 de abril de 2021

Una bala perdida


A su pesar, eligió sentirse bien los domingos por la tarde. Columpiarse, dejarse matar por el movimiento, ponerse los lentes y sentir el invernadero de recuerdos. Ocupado en la semana con tareas innecesarias, pero bien pagadas, se quedó con los ojos tristes. Porque cuando la rutina crece la mirada lo resiente. Sin queja, ni gloria, ensayó otra rutina. Llegó a sentirse tan bien que parchaba los días, hasta el domingo. Como un Adalid eligió sentirse plenario, puso cara de malo y aguantó las mofas de propios y extraños. 
Resumiendo, recibió una corona de flores y un coro de llantos el domingo próximo pasado. 
Los abajo firmantes, negamos sentirnos bien, pedimos ocupación para las tardes de domingo. 
Que sea un día más de oficina.



lunes, 5 de abril de 2021

Tía Sara

 


Mi tía Sara tuvo las tres caídas más perfectas que he visto. La primera fue al este de la frontera cuando se le cayó la barriga cargada de botellitas de perfume, pegadas al rededor de su cintura con papel engomado. Quiso corromper al oficial y si no fuera porque llegó el supervisor lo hubiera conseguido. La segunda, fue cuando en la playa de Coralino persiguió al hombre de sus sueños. Terminó dando serenata en el cementerio cuando sus sueños no contaban con el tráfico de drogas de su hombre. Después se perdió el respeto. Esa fue su tercera caída. Se abrió el escándalo y ya no tenía ni la ropa interior en buen estado.

Ahora que veo tanto corazón roto me acuerdo de la Tía Sara, cuando me decía al oído, que se moría de ganas de mecer la cuna con una copa de brandy. 

Quemé el dinero que me quedaba mientras recordaba a la tía al recoger el abrigo del guardarropa. No hubo una cuarta caída. En el puerto de Lisboa, con alevosía, le sellaron los pasos y sus vicios. Se pintó el pelo de rubio platino y camina en el Chiado, tomando un café pingado y una nata. 

De este lado, inquieto, se me quema el cielo y es inútil comparar mis caídas con las tuyas, Tia Sara. Tú tenías, oficio.


jueves, 1 de abril de 2021

Abril

 


Abril llega con flores en el pelo. Sale al patio, hablamos sobre los hechos, sobre los pechos de marzo que se olvidaron. Algunos días sueñan que llegarán y otros, felices, se apartan de la futilidad de su presencia.
Yo miro los brazos blancos de los días, les pongo nombres y en solitario, me consuelan.
Querido abril, todos te habitaremos.

martes, 30 de marzo de 2021

Nonagésima columna


Algunas columnas conmemoran la victoria bajo el mismo cielo tolerante.

Fotografía: Rotunda da Boavista, Porto, Portugal.

domingo, 28 de marzo de 2021

jueves, 25 de marzo de 2021

Sr. Flor

 


Empapada la camiseta de alma, el Sr. Flor, lloraba de amor. Improvisaba todo el día. Su cosmos era un reducto de maseta. Un solo tallo como cuerpo, esbelto, lento y fino. Inhala el moho lúbrico, orondo, chupa que chupa la mosca que gira como pantera por sus ojos. Es maniático, dramático como tallerista de cuento; un paradigma, un trozo lingüístico sin referente. Le gusta la música de fondo. Baila, mórbido, florece entre el pabilo y el pétalo. Ella lo vio, la enamorada. Una despótica Ofelia que quería normalidad, seguridad de hábitos. Era evidente que nacerían lombrices, rencor y desesperanza.

Pasarán muchos años para encontrar la cura. Quizás un día, debajo de la tierra el Sr. Flor será capaz de ser pasto de otro brebaje de amor. Una clara de huevo cósmico y tomar el pulso del mundo que hoy en vano rota en el injerto del desamor.

Exhausto.