jueves, 9 de marzo de 2017

No pisar


La luminosidad en toda su gloriosa presencia hace de las alcantarillas partituras de tono y dirección.

Fotografía: en la estación del metro Trinidade, Porto, Portugal

martes, 7 de marzo de 2017

La esponja


Haciendo buches, literalmente haciendo gárgaras, se pasaron la vida custodiando el agua que escupían de su boca. Eran dos hermanos, mal encarados, miedosos de las alturas. El concejal, sabiendo de su mala y perversa vida los petrificó en la fuente del atrio de la iglesia. Ángeles caídos, aterran y protegen el agua cristalina sobre todo de los niños que quieren bañarse en tiempos de calor. Les ha crecido la barba, y en las noches oscuras, sin luna, recapitulan y divagan, nunca entran a la iglesia y su siniestra presencia se recrudece.
Sin embargo, el miedo aguza el ingenio, y el día de ayer al pasar miré sus rostros, estaban cubiertos por dos mantas, el agua espumosa ocultaba la esponja de algún angelito bien encarnado.

Fotografía: fuente en la Igreja do Bom Jesus de Matosinhos, Porto, Portugal.

lunes, 6 de marzo de 2017

El Sr. Malevich



El Sr. Malevich, se construyó a sí mismo. Él era su propio laboratorio, Íntimo, buscaba siempre una cuarta dimensión. Teósofo por vocación, no quiso fracasar y perder su espíritu. El manifestaba su metafísica. Trataba de trascender, no de abstraer la realidad. Buscaba el absoluto. Su última consecuencia. Radical de hábitos, se fue a la tumba en un negro sobre negro.
Tenía razón, el absoluto no se representa. Dejemos el espacio en blanco.

sábado, 4 de marzo de 2017

Cuadragésima tercera columna


Como reliquia sueva las románicas columnas siguen en pie dando fe de su constancia


Fotografía: Igreja de São Martinho de Cedofeita, Porto Portugal.

viernes, 3 de marzo de 2017

El dragón coloreado


- Oye, ¿me coloreas este dibujo?.
- ¡Claro!
- Mi mamá me lo compró y como tu tienes muchos colores. Yo tengo pocos, sabes. ¿Tú, por qué tienes tantos?
- Los fui guardando. ¿Sólo tienes esta hoja?
- Si, este dibujo es el que me gusta, los otros no.
- Bueno. 
- Este dragón tiene unas botas como las mías. 
- Ya te diste cuenta que no es dragón. Es dragona. Tiene un vestido.
- ¡Sí, es cierto! Mejor, a mi gustan las dragonas. Oye, ¿lanzan fuego ellas también?.
- Por supuesto. Pero ella es maga. Adivina.
- Ya sé. Tiene esa bola de cristal para ver el futuro. Es lógico. Ándale, deja de hablar.
- Bueno.
- ¿Por qué pones azul el vestido? No combina. Yo lo podría blanco para contrastar con el rojo. ¿Qué, no sabes?
- Pues ya lo puse.
- ¿No lo puedes borrar?
- No. Son plumones.
- ¿Y porqué no usas acuarela? Por eso vine.
- El papel es muy delgado y no aguanta la humedad.
- ¿Por qué usas esas rayas? 
- Es una técnica, una manera de poner color.
- Mmm… No se ve mal, pero le voy a pedir a mi mamá que me compre otro libro. 
- Bueno.
- ¿Me prestarías tus colores?

jueves, 2 de marzo de 2017

Dura cerradura


Hay un eco persistente en la boca de una cerradura. Cerrar es imposible y el instante dura en los relojes. Una suma helada cuelga del llavero. No hay manos que alcancen para abrir lo que está enmohecido. Todo lo que se ha escrito sobre la llave maestra atestigua que algunas puertas es mejor no abrirlas. Pero, que ganas, que tentación estética vibra en el meñique tan intensa.
De repente un presentimiento ejerce su dominio. Le cierras el paso al qué habrá. Una trampa de vocativos te marca la salida. Buscas otra cerradura objetiva, de buen cuerpo, en otra calle, tal vez en la misma que habitamos.
Abrir y cerrar: carnaza de toda entrada.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Marzo


Ahora que nos enteramos que la trompada golpea la débil linde de la libre travesía, los pies vacilan densos y reanudan su trasiego en las ventanas del próximo verano o al cuarto vecino de la intemperie. En la vigilia, el sol se prepara con la palabra luz, para darnos asilo.


martes, 28 de febrero de 2017

La fuente de las muchachas


Las niñas se bañan a los ojos del paseante. El agua en celo las moja entre las brasas de miradas. Parece que la sed se despierta y furiosos los mirones se dan cuenta que su polen no hará primavera en esos cuerpos. No hay horas, puntualmente los ojos devoran esa intimidad pública. Los silencios se preñan y como animales heridos siguen su camino al trabajo o al café o al descanso. Los huesos se quiebran al enfriar sus cabezas. Cada quién busca un nombre para encarnar su recuerdo. De una imagen a otra el mundo se completa. Se busca la barca, esos labios que no dejaron huella cuando en otra fuente, otras muchachas, se divertían en la fuente.

Fuente: Rua Campo Alegre, Porto, Portugal.

lunes, 27 de febrero de 2017

El Sr. Expresionista


Él se decía impresionista a pesar de que su origen nórdico lo ubicaba en la individualidad expresionista. Era verdad, su espontaneidad era deformada, irracional, no aceptaba el mundo histórico que le tocaba vivir. Estaba en contra hasta de sí mismo y de alguna manera buscaba un primitivismo emocional. Pero, ¿porqué entonces se auto nombraba impresionista?. No lo sé, pero en realidad su sentido de la posible catástrofe civilizadora lo desbordaba. Ruinas y cadáveres en su entorno, desarraigo. “Soy espiritual, afirmaba, busco el contacto con la naturaleza, el canto del cisne blanco, la fusión con la luz y su entorno. Soy positivista, instrumental. El progreso me entusiasma”. Sin embargo, su fractura con el día a día, lo hace vivir con la angustia del fin. 
Si ustedes viven en el filo de la navaja, tal vez tengan que mudar su concepto estético.

jueves, 23 de febrero de 2017

Cuadragésima segunda columna


Algunas columnas se cooperan entre sí para buscar la salida.

Fotografía: Biblioteca da Facultade de Ciências, Porto, Portugal.

martes, 21 de febrero de 2017

domingo, 19 de febrero de 2017

Otra rosa


Atravesando la ciudad, un domingo ingrávido, sale a nuestro paso la rosa. Asciende su aroma sin saber que los edificios son duros al tacto. Sin embargo, como la Rosa de Alberti, no se apaga su pensativa arpa.

Fotografía: traseiras da Câmara Municipal de Porto, Portugal.

jueves, 16 de febrero de 2017

Un silbido


El río se entretiene serpenteando mientras que la viña madura entre socalcos que recuerdan el talud prehispánico de la pirámide. Aquí el sol también abraza y otro dios se fermenta. Un idilio a la intemperie entre los genitales de la geología se vuelve paisaje. Pronto nos crece un volumen de aire y guardamos extenuados, la sensación de tocar el silbido de lo bello.


Fotografía: Pinhão (no coração da Região Demarcada do Douro) Portugal.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Uno y otro

Fue por el susto, dijeron, por eso trae una máscara. El miedo es providente. Al ocultar su rostro ganó misterio su persona, eso dicen. No tenía ganas de nada, estaba todo el día echado en el sofá, siempre esperando a que pasara el susto. Cuando se puso la máscara, algo se acomodo por dentro y ahora sólo quiere vivir, tener sueños, como si lo sacaran de la tumba, así florecieron sus ganas.

- ¿Ya no tienes miedo, Pedro?.
- Mucho, estoy lleno.
- ¿Entonces?
- Rita, me dijo que me pusiera una máscara, que tenía que despistar al miedo. Y mira, tenía razón. Ahora me veo como otro. ¿Tu has tenido miedo?
- Terror, Pablo. Yo tengo terror. Un aire negro me muerde, me rasca, me escarba y se mete hasta los huesos. No sé de dónde llega, ni porqué, pero se mete y me grita. Estoy rajado por dentro. ¿Tu crees que Rita quiera hablar conmigo?
- No lo sé. Yo le digo.
- Gracias.
- No cantes victoria. Tienes que estar preparado.
- ¿A qué?
- A estar en un cajón.

martes, 14 de febrero de 2017

En perspectiva


Viéndolo en perspectiva la flor siempre aguarda.

Fotografía: Passeio dos Clérigos. Porto, Portugal.

lunes, 13 de febrero de 2017

El Sr. Madeiro



Como narcotizado de tanto sueño perdido, el Sr. Madeiro, comía aceitunas negras. Lascivo, guardaba en un cajón los recortes de fotografía de rostros de actrices y actores de teatro. La primera tristeza fue en el segundo acto, cuando de repente, olvidó sus líneas. Hay algo de sensualidad en los ritos del recuerdo. A veces él se mira a la mitad del foro y se sumerge en parlamentos profundos y melancólicos. El insomnio lo deja tierno, lo desgrana y caído de noche se acumula su teatralidad perdida. 
La segunda tristeza llegó mustia, solícita, como heroína del segundo acto. La voz se le fue apagando, nódulos en sus cuerdas vocales le dieron su último papel. Al principio se sintió inválido y no disimulaba su degradante humor. Tiene mérito, no hay que escatimar, no acabar desangrado en la tramoya. La tercera tristeza lo sacó del drama, dos ojos oscuros le dieron ese fúnebre pétalo del enamorado. Fue rápida la escena, pero le sirvió para enjabonarse la sonrisa y el amor propio.
El Sr Madeiro, nació en un tiempo malo, como el de todos, pero encontró en las aceitunas negras el refugio a los desdenes de Ofelia.

domingo, 12 de febrero de 2017

Guía de sombras


Seguir una ruta por las calles de la ciudad es seguir el discurso de una recta. Un sentido que se fuga a una velocidad proporcional al sin sentido. Fluyendo con los otros, boqueando pensamientos planetarios a toda línea.  El tiempo se deforma, entra en crisis, sus infinitas sombras nos muestran el camino. Empujamos al cuerpo a su destino para llegar a la meta aunque se nos separe la mirada de nuestros labios. Escondemos las manos para que la interrogación de la sombra revele su respuesta. Nada se oye, los pasos no se turban, lentos siguen el impulso. Paso que repasa el antiguo grito ahogado de la calle. Se diría que la luz acumula esos silencios, los pulsa y en perspectiva parece que también camina.
Hay una estación al final que nos espera. La lección se aprende si no se pierde el paso anónimo de esta odisea contemporánea.

Fotografía: Rua de Cedofeita, Porto, Portugal.

viernes, 10 de febrero de 2017

Día catorce del séptimo mes



Ese día las aguas se desbordaron de su cauce. Miles de peces, como dice Tablada, “al golpe del oro solar”, encallaron en el puerto. Se les veía mover sus aletas dorsales desesperados, abrían y cerraban sus bocas jalando aire. Dotados de indómita energía bajaron por la calle Marina Alta y dieron vuelta en la calle Almirante Thomas donde se alza la bodega y donde yacen las almejas y calamares envueltos en el frío. Como estela, la sal repasaba el camino desde el puerto a la bodega. Crecía una ola ensangrentada de escamas y branquias. Los pescadores, acostumbrados a los misterios del océano, veían ese desfile de peces moribundos. La tierra, siempre tan inhóspita, los recibía dichosa. 
Esto sucedió el día 14 del séptimo mes cuando se festejaba a Nuestra Señora del Ancla y las gaviotas, siempre hambrientas, se marcharon aterradas a mar abierto.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Cuadragésima segunda columna


A la voz de la columna hay una aspiración ascendente preñando con su influencia el rostro de las urbes.

Fotografía: Rua José Falcão, Porto Portugal.

martes, 7 de febrero de 2017

Mario y su entorno



La primera sorpresa que recibió ese día lo ha dejado dolido. Su nombre no aparecía en la lista. Sabía que todo nombre tiene un rostro pero, si no lo nombraban ¿cómo reconocerían su rostro? Mario es un nombre común, lo sabe, por eso es importante que lo relacionaran con una cara, porque reconocerlo por las manos o por las piernas requiere de un trato, de un reconocimiento mayor. Resolvió preguntar la razón de ese ninguneo. Quizo preguntarle al profesor pero este ya había salido del salón. Repasó las lista pegadas en la pared. No. No aparecía su nombre. Mario es un nombre simple tendría que seguir al de Macario. Contristo se dirigió a la Oficina de aclaraciones. Una larga fila lo esperaba. Tantos nombres sin rostro, pensó, esto si que es una conflagración. Esperó con esa inquietud propia del que no es conocido. Al llegar al frente de la ventanillas una señora muy encopetada alzo la mirada y sin esperar a que preguntara le dijo: 

- Hola, Mario ¿estás bien?
- ¿Cómo sabe mi nombre?
- Con esa cara sólo puedes ser llamado Mario. Yo reconozco el nombre con sólo verlo en su rostro. Cosas del oficio. ¿No te llamas, Mario?
- Si. Por eso vine, en la lista no aparece mi nombre.
- Eso es fácil, si te llamases Juventino o Zigor el problema sería grande para mi, ¿cómo reconocer un rostro con ese nombre? Ya me ha pasado y causé un enorme problema de identidad. Listo, ya está. Ahora tu fotografía y nombre coinciden.
- Gracias. 

Mario, con un semblante reconciliado, fue a la cafetería a tomarse un buen desayuno. No hay nada como recuperar su nombre. se decía. Al llegar al frente del mostrador pidió dos huevos fritos con jamón y un café con leche. El dependiente preguntó si estaba inscrito en la lista, los desayunos se pagaban al inicio del período escolar y Mario había pagado todo el año.

- ¿Estás en la lista? me preguntó.
- ¡Por supuesto! Me llamo, Mario.
- No estas.
- ¿Cómo?
- ¿Cuál es tu apellido?