viernes, 12 de diciembre de 2014

¡Extra! ¡Extra!


Fue una mañana brumosa y fría. Desde los ocho años hasta los diecisiete, en la contra esquina  de la estación de trenes São Bento, voceaba: 

¡Extra! ¡Extra! La Condesa murió en el lecho de su madre como esos chopos del río. 

¡Extra !¡Extra! encontraron al niño perdido con el corazón hinchado y la cabeza y el hombro. Se sospecha de la abuela materna. 

¡Extra! ¡Extra! se fugó el banquero con todos lo ahorros,  lo han visto en las Islas Caimán.

Fundido en el paisaje urbano o ardina (vendedor de periódicos) se convirtió en noticia cuando fue atropellado por un automovilista en una mala maniobra. 

¡Extra! ¡Extra! Hubiera gritado. Vendedor de periódicos atropellado frente a la igreja dos Congregados. Fue enterrado en la fosa común.

Los transeúntes extrañaban su vocerío matutino. Mediante una cooperación y en base a retratos hablados consiguieron que un escultor inmortalizara en bronce, a tamaño natural, esa presencia inmutable. 

Lo recuerdo, era una mañana brumosa y fría.

Fotografía: O Ardina, escultura de Manuel Dias, Praça da Liberdade, Porto Portugal

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Tejar los ojos



Un dialogo solitario parece el vuelo después de la llegada. Desde los tejados alguna vida palpita aunque parezca escenario propio del silencio. Una tarde de invierno congela el paisaje y se mira ese perfil de los contornos. Parece que las gaviotas tienen un dialogo metafísico, un picoteo de amor por las alturas. El mundo exterior se rasga y nos parece que el muelle del cielo son los tejados. Las tejas de barro revelan la inalterable conversación de las gaviotas. Nunca las palabras fueron más simbólicas, ni tan trémulas las miradas para que no alteren ese momentáneo arribo del contraluz. Hay una zozobra, un inquietante vacío. Se extiende una diagonal que nos atraviesa y nos deja clavados como aquellos marineros con la nostalgia imperturbable a esa seducción que provoca el horizonte. También hay una sensación de desierto mental. No queremos que pase el tiempo y a la vez deseamos que pase la imagen para poder movernos con los pulmones reventados al contener la respiración por segundos eternos. Uno intenta recordar, pero no recuerda nada. Uno quiere imaginar que las gaviotas coquetean para aparearse antes de alzar el vuelo y el deseo retiene sus alas hasta ponerse de acuerdo. Uno intenta, como si la belleza tuviera algo mas que el instante. Como el que llega y parte, poco a poco se nos rebela lo errante de la imagen. Sin embargo, ebrios de mundo, cerramos la ventana para que nuestro miedo tome distancia y por un inexplicable mandamiento, volvamos a detenernos a mirar los tejados. 
Sabemos, con íntima tristeza, que las gaviotas no conversan de amor, sólo toman aliento para el próximo viaje. 



Fotografía: Porto, Portugal.

martes, 9 de diciembre de 2014

Marcus de Halicarnaso


Se dio cuenta desde un principio que se encontraba en una de esas encrucijadas dignas de escribirse. Sacó su cuaderno y apuntó: “un hombre sabio reconoce cuando las circunstancias le son adversas; meditar en ellas es la primera etapa de un largo camino”.
Discípulo de Marcus de Halicarnaso, se pasó 20 años tomando notas de todo lo que a su parecer implicaba el limite entre el hacer y el deshacer.  
Primero quiso reunir todas sus notaciones en un volumen que tratara de la Retórica de las acciones por hacer, sin embargo, problemas de léxico lo hicieron mudar de opinión, ya que la combinación del lenguaje corriente con su inclinación poética resultaba un libro inconsistente con el rigor al que aspiraba.
Resolvió modificar su prosa y teñirla de clasicismo, pero cual no sería su desencanto al notar que las metáforas usadas requerían de un apartado de hermenéutica más extenso que el cuerpo mismo del volumen original.
Su enamorada, con esa sagacidad propia de la que esta acostumbrada a querer hacer en circunstancias siempre adversas, le sugirió escribir pequeños párrafos, como si contara historias de caminantes.
Seducido por semejante clarividencia, los últimos cinco años de su vida los dedicó embelesado a besar el cuello de su amada. Del volumen de “Retórica de las cosas por hacer” sólo quedaron unas cuantas páginas. Tenemos noticia que dejó un pequeño manuscrito llamado “El libro rojo del buen amor” del que se ha rescatado una especie de sentencia: “La sensualidad es la encrucijada mas complicada a resolver. Los caminos nunca llegan a juntarse”

Mixta/papel 20 x 30 cm.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Calendario 2015


Como usted lo pidió, o lo soñó o lo intuyó y por discreción lo guardó en su fuero interno: este Abarrote pone a su disposición el Calendario 2015, “Ángeles sin guardar”

Una sola fila por favor, no se amontonen, ni se preocupen, si hay.

Si alguno de ustedes quiere poseer y no sólo desear su calendario no dude y envíeme un correo y el Sr. Camilo Rubalcaba, Gerente de este tugurio, de inmediato se pondrá en contacto con ustedes para ultimar detalles.

Les agradezco su fina preferencia y recuerden que no tenemos sucursales.

¡Felices fiestas! 

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Máquina de papel



En aquella provincia, cercana de los centros urbanos pero muy lejana de su frenética vida, se construyó con pequeños trozos de papel picado una maquina maravillosa. Sus habitantes, orgullosos de su pasado glorioso de constructores de ingeniosos artefactos, se sentaban los sábados alrededor de ella para descubrir el mas mínimo error. Varias generaciones corroboraron la geometría analítica de los planos, por eso, no tiene explicación el porqué abandonaron a su suerte a mediados de siglo veinte de nuestra era, su provincia.
Los arqueólogos, encontraron los planos sin proponérselo, cuando andaban  a la procura de ciertas ruinas de la Cultura Totonaca. Doblada en cuatro partes y metida en un veliz de cuero, los planos daban cuenta de la última  modificación.
A la fecha se han realizado dos Congresos. En la última ponencia, rebatida hasta hoy en día, se afirma que se trata de una maquina del tiempo. El problema, al parecer insalvable, corresponde al tipo de material utilizado para su confección. El papel picado es un material perecedero y difícilmente se encontraran vestigios. No obstante, se han aprobado dos bolsas de investigación para financiar la búsqueda.

Mixta/papel

lunes, 1 de diciembre de 2014

Diciembre


Hemos jugado con las cartas que nos han tocado en suerte y sin embargo el pecho se llenó de días. Comprendemos que por muy mala mano que tengamos, hay una emoción que nos mantiene sin abandonar la partida.
Si te sale un as, es un decir, baja la voz para que la esperanza que nos mantiene no se vuelva lapida. 
Saquemos nuestras libretas, afilemos nuestro lápiz y esperemos nuestra carta ganadora.
Diciembre llegó con un posible triunfo bajo la manga.

Abrazos en juego.
Sergio Astorga

viernes, 28 de noviembre de 2014

El gallo fogonero



Picotea la bruma al despuntar el lápiz que dibuja el día. Milenios de aleteos han mitigado los malos alientos de las granjas y de lo llanos. Como un Luzbel quemado, bruno de lagrimas ya sin gloria deja las tinieblas. Nadie lo sabe porque no tiene nombre, sólo oficio. Su canto persigue ese resplandor muerto que se prolonga inerte en las aves de caza. Los niños que lo han visto tiemblan al no saber las palabras que lo arropen para que no se aleje. Algunos hombres recuerdan que su canto siempre ha sido el mismo. De esto hace ya muchos años. Cuando las ciudades todavía no sabían de lo aburrido del asfalto. Cuando las noches no quedaban atónitas de tanta luz artificial. Y las escobas eran de ramas y la gracia se daba como naranjas entre manzanas.

Si lo miras no le avientes piedras, no es ave de mal agüero, ni reclamo de destino. Del otro lado de la noche. De la noche noche, puedes escuchar su canto. El quiquiriquí del kokorokó deja de ser secreto para encender el fósforo que lleva en el pico.

Mixta/papel

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Umbrales


- Que el año viene mal, me han dicho.
- ¿Quién?
- La gente, ¿quién más? Juan no se casa y la Margara se quiere morir.
- Si que viene mal.
- El perro de Sabás esta enfermo. No dura
- Los demonios andan sueltos.
- En todas las centurias es igual. Las misas quejas y furias.
- Cortejar la suerte es estar mal del corazón.
- Por eso me gusta sentarme aquí, en este venero de luz. La piedra es dura pero la vista es maravillosa.
- Los dueños de este palacio tal vez eran unos *coitados, como nosotros.
- Yo no tengo cuitas de amor.
- Bueno, pero dialogamos del tema y eso amerita tristeza.
- Sólo contemplo.
- Que pesado eres.
- No vengas. ¿Qué es de María?
- Tiene tedio.
- Es el invierno.
- ¿Ya conseguiste trabajo?
- Nada. Nadie quiere profesores de mi edad. ¿Y tú?
- ¿Te burlas? Si no fuera por este trabajin estaría del otro lado de la ventana cayendo con una aceleración constante.
- ¿Ya limpiaste el salón de los embajadores?
- No.
- Vamos, te ayudo. Aquí hay demasiada Luz.

*Coitado proviene de la coita y de las canciones de amigo. El significado actual es infeliz. ¿Qué mayor infelicidad que una cuita (pena) amorosa?. Digo.

Fotografía: Interior de una habitación del Paço Dos Duques De Bragança, Guimarães.

martes, 25 de noviembre de 2014

De otro género



Sus siluetas blancas agitan, sobornan la visión. La blancura de sus senos provocaron días de bruma y risas contenidas. Silenciosas como dementes figurines que fingen noche para triunfar entre las sombras. Nunca dejaron un sollozo de amor, ni besaron el frío despecho de las madrugada. Los fuegos de artificio que provocaron con sus cuerpos desnudos, ahora han quedado en el hueso de la hoja. Su esqueleto de tinta, su entorno como una esquina de alguna ciudad que respira en dos dimensiones. La penumbra del cuarto ha quedado partida en dos en ese dibujo. Un deshielo dicen, un beso perdido. Una aparición que nadie quiere tener en sus paredes. Es necesario esta invocación. Este transitar en el día por no tener noche. Como esperando que la violencia se diluya en las imágenes. Reserva que explora los antiguos caminos del placer. La luz, las forja a la puerta para ser vistas, para que el ritmo de la vista quede fija mientras hablamos. Los gritos de los niños en la cuna. No se oyen. Aquí sólo corre la representación. Con esos signos se reconoce la belleza. Esa belleza irrescatable en nuestros actos. Encender las palabras para justificar estas líneas que hacen del blanco, cuerpo de mujer. Sin esfuerzo, serás parte de esa luz que te envuelve como espacio. Los colores han huido por su propia voluntad; sus hábitos son de otro latido. No hay contradicción. Ellas no son estatuas. Ellas tienen huellas diurnas y los vendajes que tienen por memoria están en los libros. Ellas desentierran las preguntas que pesan en nuestros labios. Esos pensamientos que presienten el roce del cuerpo. La tibieza de la sabana es lo que ellas tienen como horizonte. Ellas cortaron la flor para encender un cigarro. No temen ser señaladas, al contrario, ellas intentan lucir tal como son: sin prejuicio de cadera ni cosmética en la forma. No hay horarios y las horas borrosas están tumbadas en el catre de los dormidos. 
El cuerpo de viaje es un presentimiento. Hoy llueve y el collar terco del agua molesta, parece que ellas lo saben, la humedad es una animal ciego, tenaz, que se mete, violenta, viola como ese macho que esta a nuestro lado. La superficie de la muerte les roza, por eso ellas se arrojan al vacío, donde puedan matar a su madre, a su padre, tíos y tías que no hacen mas que desgarrar el dibujo. Ellas son el rumor, el refuerzo absorto de su propio ocio de belleza y la voluntad oblicua de la vacilación de una adivinanza. Los bordes carnosos de la linea nos dicen la verdad de la mentira y los rostros calientes reclaman tanta libertad. Ellas lo saben, por eso esperan la tinta tibia que les dibuje otro género de vida.

Tinta/papel

lunes, 24 de noviembre de 2014

Días Filiales


Un día, al llegar de la escuela el Manolito preguntó a su mamá que estaba recostada en el sofá:

- Mamá, porqué tienes pelos en la cara.
- Es herencia, y no es manera de preguntar.
- Entonces por qué yo tengo que cortarme el cabello si es herencia.
- Porque tu te ves sucio.
- Y tú, ¿no?
- No seas majadero.
- ¿Por qué mis preguntas son groseras y las tuyas no?
- Porque soy tu madre.
- Yo soy tu hijo. Eso no cuenta.
- No seas baboso, y vete hacer tu tarea.

Otro día, al llegar el Manolito de la escuela su madre le preguntó:

- ¿Cómo te fue en el examen?
- Mal.
- ¿Por qué?
- Por herencia.

Tinta/papel.

viernes, 21 de noviembre de 2014

A voz alzada



La serpiente vuelve a estar en las calles.
Se siente a gusto en el Tezontle. 
Porque hemos venido a soñar
y el sueño nunca termina. 
El corazón está triste.
La planta renace 
entre las hendiduras del lloro. 
El águila grita 
y un licor dulce 
corre por las gargantas. 
De donde nacen los muertos
los escudos se adornan
con los cantos bermejos.
Si tu caminas por sus asediadas calles
sentirás pronto tu casa
por la fuerza del cacao 
y querrás escribir
con la tinta negra y roja. 
Somos efímeros.  
¿Quién no lo sabe? 
La pulsera de jade permanece.


Fotografía: Templo Mayor, Centro Histórico, Ciudad de México.

jueves, 20 de noviembre de 2014

Primera manzana primera


La primera mordida fue como escrutar en ese mito que los sabios satisfechos en su ayuno, contradicen.
Se quedó boquiabierto como ese solista que ensaya todo el día sin conseguir dominar su instrumento. El sabor de la manzana había modelado su contento hasta que de repente sintió como le crecían dos pechos bien torneados.
No era la primera vez que un trastorno alimenticio se presentaba a la hora de la cena. Tragarse un mito no es para tener una digestión tranquila pero, ¿los pechos? ¿Porqué no los cabellos o los ojos?.
Tuvo que dormir de costado. A la mitad del sueño un cortejo de manzanos enseñaban sus frutos con cierta malicia. Despertó con el impulso de enredarse una soga al cuello.

A los treinta años de su edad, conoció el lado más oscuro del insomnio donde habitan los bajos fondos de la historia.

Mixta/papel

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Por usía


Una gachí me dijo; “el siguiente día es lo que espanta".
Lo sigo pensando.

Acrílico/tela 60 x 80 cm.

lunes, 17 de noviembre de 2014

De noche por el parque



El amor es visible en las estrellas cuando los insectos vacíos rondan la noche. Las criaturas estaban en carne viva, recién nacidas. La oruga subía al árbol calcinado y frenéticos los enjambres de hormigas se metían en la medula del aire. Con patitas de mujer, los latidos de la araña repasaban su telar antes del alba. 
Los amantes no se quejan porque tendrán su blanco de contento y entre el avance fugaz de la mordida se comprende porque la humedad hace milagros. 

Tinta china/papel

viernes, 14 de noviembre de 2014

Infancia suspensa


Fueron saliendo una a una por los canales. Dicen que vienen buscando su infancia perdida. Muy temprano corren a refugiarse en la choza. Don Julian, dueño de la chinampa las mira con ternura y como puede las va colgando en los árboles o al rededor de su casa. No les pone nombre y las deja tal como llegaron. No las baña, ni las peina, ni les pone ropa. 
La población de muñecas aumenta cada día.  Don Julian ya no sale de su territorio tan ocupado en atender a tanta crianza.

Sus vecinos ya no lo visitan y esconden a sus hijas pequeñas de lo que llaman la isla de la muñecas. Tienen miedo de que ellas gusten de la canciones de cuna que se filtran por las noches.

Fotografía: Isla de las Muñecas, Xochimilco, Ciudad de México

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Ciudad de la Dama



Lo que fue un lote baldío hoy es una ciudad febril. Si ustedes tienen el vértigo de la llanura es mejor que se queden en donde están.

Se llega cuando uno se columpia entre las tres o cuatro de la tarde, cuando las reservas racionales han quedado suspendidas en una casi placidez. Es entonces que la miras, más bien, es ella la que sale a tu encuentro. El cuerpo es su horizonte y sus predios nunca tienen columnas que compitan con sus altivos pensamientos. Los niños chupan de las ventanas el alimento que les faltó -siempre les falta-. La ciudad es un estruendo de olvidos y de culpas, por eso los edificios no tienen escaleras de escape. No puedes pedir ayuda, no tiene ningún sentido. La Ciudad de la Dama es una escultura de sí misma. Una monódica insistencia a la sensualidad.

Los muros son suaves como muslos y las calles tienen un empedrado semejante a esa costra de rodilla raspada. No puedes pegar en las paredes ningún cuadro o fotografía, cuando lo intentas, al tocar la pared quedas pegado a ella en un abrazo que te hará olvidar cualquier intento decorativo.

La ciudad tiene que ser andada, no hay coches, ni bicicletas y solo puedes ir en un sólo sentido: de norte a sur. Desandar es mal negocio, puede llevarte horas encontrar noción de cuerpo y confundirías los pies con las caderas; los ojos con los codos. No te extrañe si quedas seducido por ese fresco olor que sale de sus alcantarillas, es un olor joven, esbelto, por eso es tan difícil detenerse. En esa ciudad nunca se duerme, un mordisco en la oreja nos alerta y esperamos en un escalofrío a que pase ese jadeo del que esperamos participar en algún momento. Es preciso olvidarse de la manzana bíblica y sólo como un acto de belleza histórica podemos llevar dátiles. Tampoco vayas vestido de color rojo, ese color está prohibido por ser un motín de realidades. Por las azoteas y los tejados baja un viento de aventador, así que no lleves sombrero, ni cachucha, es de mal gusto. 

 

Si tú tienes la dicha de llegar nunca sabrás para qué llegaste. Si tu lengua es de nómada, te sentirás a tu gusto ya que no puedes quedarte a vivir en ella. Tienes que circular, por eso nunca verás a nadie por sus calles ni asomarse en las esquinas. La Ciudad de la Dama es sólo para ti, en ese embrujo erótico de saberse único.

Tinta /papel

martes, 11 de noviembre de 2014

Va llenita de sirena.



De una bocanada se comió a todas las sirenas. Fue entonces que los signos musicales tuvieron otro pautado.

Cuando veas el chorro de agua ser exhalado por la ballena notarás un soprano sostenido. No te inquietes. No te amarres. Los jugos gástricos han hecho el efecto becuadro.

Tinta/papel

lunes, 10 de noviembre de 2014

Obviedad que no se cuenta se distorsiona


Algunas historias mojan y quedan en piedra. A la mitad del siglo dieciocho llegó de la sierra del Pilar un jovial hombre de tristeza sombría. Se le veía vagar por las calles. Las personas que lo veían no daban crédito a que en tal sonrisa pudiese albergar ese desconsuelo. “Es mal de amores” “Su cara refleja ruina” “Está enfermo, hay que tener cuidado” “¿Será un acecino en fuga?
Pasaron varios años y como no sacaban razón de ese deambular, comenzaron a verlo como parte de la rutina de la ciudad.

De la noche a la mañana, como dicen los testigos, apareció, con un semblante duro e inconfundibles rasgos, el hombre  que tantas veces vieron errante por las calles. Incrustado en la piedra, sin su antigua jovialidad, de su boca manaba un chorrillo de agua. 
“Claro, tenía que ser, tantos años sin contarnos su historia, fue su condena” “Fue un hechizo, la señora del 52 al verse rechazada se vengó” “No es nada de eso, cuando la luna está mal aspectada y no se toman las debidas precauciones eso es lo que pasa” “Son unos ignorantes, la explicación es científica: fue muerte por agua, ¿acaso no ven las branquias y el hocico de serpiente de mar?”

Fotografía: Chafaríz en alguna fuente en Oporto, Portugal.

viernes, 7 de noviembre de 2014

jueves, 6 de noviembre de 2014

Vestíbulo



Vienes cuando pronuncias tus pisadas y yo, suspendido en una honda calma, te espero a que bajes esa empinada calle. Cuántas veces, desandar el camino nos hacía reír para volver a organizar nuestro tiempo y planear reunirnos de nueva cuenta en la estación de trenes. Compraba los boletos un día antes. Sabía que no iríamos a ningún lado. Cuando veía los tacones veloces bajar la calle, un margen de ansia se me atoraba en la corbata. Me gustaban los días de niebla, porque así sabía que traerías esa gabardina marrón que dejaba ver tus tobillos, tan firmes, que el tacón de los zapatos parecía una extensión inevitable. Todavía no sé tu nombre. pero sé que en él palpita la vida. Tu silueta me llena, ¿no sé porque te esfumas? No importa que te llames Cordelia, Otilia o Lucrecia. Por si acaso, ya tengo todas las iniciales dibujadas en mi cuaderno para cuando te escriba. Te voy a decir en ella, que tengo algunos meses en la estación de trenes viendo como se me aclara la vida. No creas que me ha sido fácil decidirme. No me lo tomes a mal, te siento tan cerca de mi que se me ha olvidado pronunciar palabra. 

Hoy no has pasado y mi vida se ha colado al cristal. No sé que huella misteriosa me perturba, porque detrás de la ventana la mirada la siento solitaria.

Fotografía: Estação Ferroviária de Porto-São Bento. Portugal.